Si sois padres separados y os cuesta poneros de acuerdo sobre vuestros hijos, es fácil pensar que el problema está en que uno de vosotros no ha superado la pérdida de la relación o porque tenéis formas diferentes de entender la crianza.
O bien porque uno de los dos es más flexible.
Más estricto.
Más organizado.
O le da más importancia a determinadas cosas relacionadas con los niños.
Y aunque todo eso puede influir, muchas veces el verdadero problema no empieza ahí.
Empieza cuando una conversación sobre vuestros hijos deja de tratar solo sobre ellos.
Y empieza a mezclarse con todo lo que ocurrió entre vosotros cuando aún erais pareja.
Conversaciones que acababan mal.
Situaciones que os hicieron daño y se dejaron pasar.
Momentos en los que sentiste que no te escuchaba.
Decepciones.
Cansancio.
Malestar acumulado durante años.
Por eso, a veces, una conversación sobre algo tan cotidiano como:
Un cambio de horario,
una actividad extraescolar,
o una decisión del colegio de los niños termina generando mucho más malestar del que debería.
Porque ya no estáis reaccionando solo a ese tema.
También estáis reaccionando a todo lo que os ha dolido durante la relación y nunca se habló ni se solucionó.
Y, además, a que cada uno entiende la crianza, los límites y la educación de una manera diferente.
Hasta que no entendemos esto, es muy difícil llegar a acuerdos que sean realistas a vuestras circunstancias y necesidades de vuestros hijos.
Si alguna vez has pensado que es imposible entenderos, y que siempre va a ser así, en este artículo vas a descubrir qué suele haber detrás de esos desacuerdos y por qué muchas veces el problema no está donde creemos.
Por qué muchas discusiones sobre vuestros hijos hablan más de vosotros que de ellos
Cuando una conversación sobre los niños se complica, es fácil pensar que el problema está en aquello de lo que estáis hablando.
El colegio.
Los horarios.
Las actividades o una decisión que tenéis que tomar sobre ellos.
Pero muchas veces el verdadero problema no está ahí.
Porque, aunque la conversación parezca tratar sobre los niños, lo que se activa en ese momento suele tener más que ver con vuestra historia como pareja que con el tema que tenéis delante
Hablar de los niños puede recordarte una y otra vez lo que vivisteis
Cuando quedáis o os escribís para hablar de los niños, lo que creéis que es una conversación sobre cuestiones prácticas sobre ellos a veces no lo es.
Porque esa conversación también trae de vuelta las expectativas incumplidas, esas decepciones que sentiste o palabras duras que se dijeron o cosas que callaste para evitar discutir.
Por eso, aunque estéis hablando de los niños, por dentro puede aparecer otra sensación:
Otra vez me está cuestionando como padre/madre.
Otra vez siento que tengo que ceder.
Otra vez siento que mi opinión no importa.
Otra vez siento que quiere tener el control y hacer lo que él/ella considera lo mejor sin importar como lo veo o pienso yo.
Y cuando esas sensaciones aparecen, la conversación ya no trata solo de los niños.
¿Por qué acabáis discutiendo por una tontería?
Imagina que llevas una semana complicada.
El trabajo, los niños, las noches en vela dando vueltas a mil cosas.
Y el viernes llega un WhatsApp o email:
«Hola, ¿podemos cambiar el fin de semana del mes que viene?»
Algo en ti se dispara.
No es que el cambio de fin de semana sea una tontería.
Lo que parece una tontería es que una conversación tan pequeña termine generando tanto malestar.
Y esa petición llega cuando el vaso ya estaba lleno.
El cansancio y el malestar ya estaban ahí. El cambio de fin de semana solo ha sido la chispa.
Esto pasa constantemente. Y os pasa a ambos.
Tu ex también llega a esas conversaciones con su propia mochila cargada.
Y cuando ocurre, una conversación sencilla puede terminar convirtiéndose en algo mucho más grande.
“Solo era una pregunta sobre el cumpleaños”
Hay una frase que escucho una y otra vez en las sesiones con padres que están transitando la separación: «no sé cómo hemos llegado a este punto. Solo era una pregunta sobre el cumpleaños de la niña.»
Es fácil que ocurra.
La conversación empieza del cumpleaños (de una excursión o de las vacaciones o del campamento…) y de repente aparece un:
«es que tú nunca…»,
«como siempre…»,
«ya estamos otra vez con lo mismo…»
En cuanto aparecen estás palabras se acabó la conversación sobre el cumpleaños.
Y empezáis a reaccionar a cosas que vienen de mucho más atrás.
A conversaciones que acabaron mal.
A situaciones que os hicieron daño.
A problemas que nunca terminasteis de resolver.
Por eso muchas veces da igual que estéis hablando del colegio, de las vacaciones o del cumpleaños.
El tema cambia.
En cambio, el resultado suele ser el mismo.
Y mientras no tomes conciencia de lo que está ocurriendo, el resultado será el mismo.
Si quieres entender por qué ocurre esto una y otra vez, te invito a leer por qué hablar con tu ex siempre acaba en discusión.
¿Por qué cuando los dos queréis lo mejor para vuestros hijos, os cuesta estar de acuerdo?
Si le preguntas a cualquier padre o madre separado qué quiere para sus hijos, la respuesta suele ser parecida.
Qué estén bien y les afecte este cambio de vida lo menos posible.
Que acepten y se adapten a nuestra nueva realidad familiar.
Qué crezcan sintiéndose queridos, tranquilos y seguros.
Que puedan contar con ambos en todo momento.
Probamente tú y tu expareja responderíais algo muy parecido.
Entonces, ¿Por qué os cuesta tanto estar de acuerdo?
¿Por qué una conversación sobre el colegio, las vacaciones o el uso del móvil acaba generando tensión entre vosotros?
La respuesta suele sorprender.
Porque muchas veces el problema no es que uno quiera lo mejor para los niños y el otro no.
El problema es que cada uno entiende de forma diferente qué significa “lo mejor”
Y ahí es donde empiezan muchos de los desacuerdos.
Porque cuando esas diferencias aparecen, ponerse de acuerdo no siempre es tan fácil como parece.
Y cuando intentáis poneros de acuerdo, suelen aparecer tres obstáculos.
Tres obstáculos que suelen pasar desapercibidos y hacen que una conversación sencilla termine complicándose.
Veamos cuáles son.
Los dos queréis lo mejor para vuestros hijos, pero no siempre significa lo mismo
Y aquí es donde muchas veces empiezan los desacuerdos porque cada uno de vosotros piensa que lo que él cree es lo valido.
Los dos queréis a vuestros hijos. Los dos pensáis que lo que proponéis es lo mejor para ellos.
El problema es que tenéis ideas diferentes sobre qué es «lo mejor».
Quizás tú piensas que los niños necesitan rutinas muy estables y él cree que ser más flexible les viene mejor.
Quizás tenéis criterios distintos sobre los horarios de sueño, sobre la alimentación, sobre cómo estudian.
Quizás tu piensas que todavía no está preparado para tener móvil y tu expareja opina que ya tiene edad suficiente
Y esas diferencias generan fricción.
No porque uno tenga razón y el otro no.
Sino porque cada uno parte de su propia historia, de cómo fue educado, de sus valores, de su miedo a hacerlo mal.
Por eso dos padres que quieren lo mismo para sus hijos pueden acabar defendiendo soluciones distintas.
Os bloqueáis antes de escuchar lo que el otro quiere decir
Cuando sientes que tu ex está cuestionando una decisión que has tomado sobre los niños, escuchar deja de ser lo importante.
Y empiezas a pensar en cómo responder.
En cómo explicar por qué lo has hecho.
En cómo demostrar que tienes tus razones.
Y muchas veces tu ex hace exactamente lo mismo.
Por eso llega un momento en el que los dos estáis hablando, pero ninguno está escuchando de verdad.
Un intenta explicarse.
El otro intenta defender su postura.
Y la conversación empieza a girar alrededor de quién tiene razón.
No alrededor de lo que necesitan los niños.
Lo curioso es que esto suele ocurrir incluso cuando los dos queréis lo mismo: hacer lo mejor para ellos.
Pero cuando sentimos que nos están cuestionando, es fácil centrarse en defenderse antes que en comprender al otro.
Y mientras cada uno intenta demostrar su punto de vista, llegar a un acuerdo se vuelve mucho más difícil.
Muchas veces elegís el peor momento para hablar de los hijos
Ahora piensa en cuándo suelen ocurrir las conversaciones:
• En los cambios de custodia, cuando los niños están ahí mirando y los dos vais con prisas.
• Por WhatsApp, en mensajes rápidos que se malinterpretan con facilidad porque no hay tono de voz, no hay cara, no hay contexto.
• A las diez de la noche, cuando más cansados estáis.
• Delante de los niños, sin querer, porque el tema surgió en el momento más inoportuno.
Son los peores momentos para tomar decisiones importantes.
Y, sin embargo, son los momentos en que la mayoría de estas conversaciones ocurren.
No porque seáis irresponsables. Sino porque no os habéis planteado organizarlo de otra manera.
Cuando no tienes un cómo, usas lo que tienes a mano, aunque no funcione.
Y ahí es exactamente donde nacen muchos de los errores de comunicación con tu ex.
Tus hijos necesitan acuerdos, respeto y colaboración entre vosotros
Muchos padres separados suelen perder de vista cuando están en medio del conflicto.
Que no es solo el acuerdo lo que protege a sus hijos sino también la manera en la que os relacionáis entre vosotros.
Y eso importa mucho más que el propio acuerdo, porque los niños perciben más de lo que los adultos imaginamos.
Cómo afecta a vuestros hijos la tensión entre vosotros
Los hijos no necesitan escuchar la discusión para saber que no os soportáis.
Lo notan en los silencios.
En las caras.
En como mamá se pone rígida cuando suena el teléfono de papá.
En como papá suspira cuando hay que hablar de algo relacionado con el colegio.
Los niños tienen una antena finísima para captar el estado emocional de sus padres.
Y esa tensión, aunque no se diga en voz alta, les afecta.
Porque es muy difícil ocultar algo que se siente con tanta intensidad.
Y entonces surge la pregunta: ¿qué es lo que genera esa tensión?
Porque muchas veces el problema no es el colegio.
Ni las vacaciones.
Ni el móvil
Ni lo que cada cual hace en su casa.
Sino todo lo que os recuerda al otro.
Porque cuando el dolor sigue ahí, a veces basta una llamada, un mensaje o solo escuchar su nombre para que aparezca el malestar.
En realidad, es un recordatorio de que vais a seguir conectados de alguna manera, aunque ahora mismo a una parte de ti desearía que no fuese así.
Tener criterios distintos en la crianza no es el problema real después de la separación
No tenéis que pensar igual en todo.
No tenéis que tener la misma forma de educar, los mismos horarios, las mismas normas en vuestras respectivas casas.
Es más, es completamente normal que no sea así.
Tampoco lo hacíais igual cuando vivíais juntos, ¿verdad?
Pensar diferente no es el problema.
De hecho, existe una creencia muy extendida que dice que todo deber ser lo más parecido posible en las dos casas para que los niños estén bien.
Los mismos horarios.
Las mismas normas.
Las mismas rutinas.
Pero esa idea forma parte del imaginario social que rodea la separación.
Si quieres entender mejor cómo algunas de estas creencias influyen en vuestra forma de relacionaros tras la ruptura, puedes leer este artículo sobre el imaginario social en la separación: imaginario social en la separación.
El problema es cuando esa diferencia se convierte en un campo de batalla.
Cuando discutir sobre los niños se convierte en una forma de seguir en guerra tras la separación.
Ahí es donde los hijos sufren. Porque viven en conflicto, tensión y estrés.
Cómo gestionar las diferencias con tu ex sin convertirlas en una guerra
Podéis tener visiones distintas sobre la crianza y aun así tomar decisiones juntos sin que cada conversación termine en una guerra.
Pero para eso hacen falta unas reglas básicas:
• Respetar la opinión del otro, aunque no la compartas.
• Hablar sin entrar en ataques personales.
• Poner límites claros para evitar la intromisión en la vida del otro y en su forma de educar a vuestros hijos.
• Caminar hacia un objetivo común: el bienestar de los niños, no ganar la discusión.
Nada de esto es sencillo cuando hay dolor, desgaste y sobre carga mental.
Pero sí se puede aprender.
Y cuando se aprende, los niños pueden beneficiarse de todo lo bueno que cada uno de vosotros les aporta.
Y cuando sean adultos, podrán quedarse con aquello que consideren valioso de cada uno.
Porque, como explico en esta guía práctica sobre cómo mejorar la comunicación durante la separación, no se trata de tener el don de entenderse, sino de entrenar una nueva habilidad.
Dejar de buscar quién tiene razón para empezar a construir acuerdos como padres
Hasta ahora hemos visto que muchas discusiones sobre los hijos no empiezan por los hijos.
Empiezan por lo que quedó sin resolver entre vosotros como pareja, por las diferencias en vuestra forma de entender la crianza o por el dolor que todavía sigue ahí.
Pero si queréis construir acuerdos como padres, es importante entender que no se trata de decidir quién tiene razón.
Se trata de aprender a relacionaros y hablaros de manera diferente a como os habláis durante la convivencia en común.
Porque, por experiencia propia y profesional, sé que la forma en que os habláis ya no funciona después de la separación.
La relación de padres que nadie os enseño a construir
Cuando te casas o decides formar una familia, nadie te da un manual de instrucciones que incluya qué hacer en el caso de que la relación no funcione.
Nadie te explica cómo hablar con esa persona cuando ya no es tu pareja, pero sigue siendo el padre de tus hijos.
Nadie te dice cómo seguir siendo un equipo para tus hijos cuando ya no sois pareja.
Y cuando llega la ruptura de pareja, os encontráis los dos haciendo lo que podéis, con los recursos que tenéis, en una situación para la que nadie os preparó.
Esto ocurre porque la sociedad ha cambiado, las familias han cambiado, pero la forma en que nos separamos apenas lo ha hecho.
Seguimos separándonos igual que hace más de 40 años: con un abogado, un convenio y mucho sufrimiento por delante.
Pero nadie nos enseña a hacer la parte que más importa para los hijos:
Dejar de competir no significa renunciar a lo que es importante para ti
Hay una creencia muy extendida que quiero desmontar.
Muchos padres me suelen decir: “si cedo una vez, acabaré cediendo siempre.”
“Si no me mantengo firme, el otro hará lo que quiera.”
Y entiendo perfectamente ese miedo porque yo también lo tenía.
Porque cuando existe dolor, resentimiento o experiencias negativas del pasado, es fácil sentir que cualquier cesión que se haga es una derrota y un perjuicio en uno mismo.
Pero dejar de competir no significa rendirse.
Ni dar la razón al otro.
Ni aceptar cosas con las que no estás de acuerdo.
Significa entender que una cosa es defender lo que consideras importante para tus hijos y otra muy distinta convertir cada diferencia en una batalla.
Porque cuando la conversación gira en torno a quién gana y quién pierde, los niños dejan de estar en el centro.
Y cuando eso ocurre, el conflicto se alimenta solo.
Lo que necesitan vuestros hijos no es que uno se imponga al otro.
Necesitan que aprendáis a hablar de sus necesidades sin que la historia de pareja siga dirigiendo cada conversación.
Eso no requiere que renuncies a tus valores.
Requiere aprender a expresarlos de una forma que permita construir en lugar de destruir.
Porque la relación de padres no se construye cuando los dos piensan igual.
Se construye cuando los dos son capaces de respetarse y ser flexibles, aunque piensen diferente.
La relación entre vosotros puede mejorar, aunque ahora parezca imposible
Sé que ahora mismo puede parecerte muy lejano.
Sobre todo, si lleváis meses, o años, instalados en esta dinámica de tensión constante.
Pero lo que yo he visto en estos años acompañando a familias en procesos de separación es que sí cambia.
No de un día para otro. No por arte de magia. Y no porque el otro de repente se vuelva una persona diferente.
Cambia cuando uno de los dos aprende a gestionar sus propias emociones antes de entrar en la conversación.
Cambia cuando aprendéis a separar el momento de hablar del momento de recoger a los niños.
Cambia cuando dejáis de ver al otro como adversario y empezáis a verlo solo como padre/madre de vuestros hijos.
Yo misma tardé dos años en conseguir esto con el padre de mis hijas.
Dos años en los que cometí errores.
En los que hubo conversaciones que salieron fatal.
Y en los que llegué a pensar que era imposible.
Pero llegó.
Y cuando llegó, nuestra vida mejoró. Para mí. Para él. Y sobre todo para ellas.
Si a mí me pasó, también puede pasarte a ti.
Cuando entiendes el problema, la solución empieza a aparecer
Si te has reconocido en alguna parte de este artículo, no eres la única persona a la que le ocurre.
De hecho, es una de las dificultades más frecuentes tras la separación con hijos.
Porque nadie nos enseña a dejar de ser pareja y aprender a relacionarnos solo como padres.
Y cuando intentamos hablar con el otro, haciéndolo de la misma manera que durante la convivencia, es fácil que nos encontremos una y otra vez con los mismos reproches, el mismo desgaste y las mismas dificultades para llegar a acuerdos.
Por eso comprender lo que está pasando es importante.
Porque cuando entiendes que muchas de esas conversaciones no nacen solo del tema del que tratáis, sino de creencias, el dolor y formas diferentes de entender la crianza,

También podéis aprender a hablar de los niños sin convertir cada diferencia en una batalla o construir una relación que ya no se basa en ser pareja, sino en ser padres.
Eso es precisamente lo que trabajamos en el “Taller hablar con mi ex sin discutir”
Un espacio práctico donde aprenderás a comunicarte mejor, gestionar las diferencias y construir una relación parental más sana para vosotros y para vuestros hijos.
Si quieres saber cuándo abre la próxima edición, apúntate a la lista de espera y te avisaré antes que a nadie.
→ [Apúntate a la lista de espera del taller]
Porque vuestros hijos necesitan padres que, aunque ya no sean pareja, aprendan a caminar en la misma dirección cuando se trata de cuidarlos.
Nos vemos pronto,
María Dolores


