Hay formas de hablar con tu ex que, sin darte cuenta, hacen que las conversaciones acaben mal
Hay conversaciones con tu expareja que empiezan hablando de algo simple.
Un mensaje sobre horarios.
Una duda del colegio.
Un cambio del fin de semana.
Y sin daros cuenta, de repente ya no estáis hablando del tema inicial.
Y es que, muchas veces, el problema no es solo de qué habláis.
Es cómo lo estáis haciendo.
Porque hay formas de hablar con tu ex que, sin daros cuenta, hacen que cada conversación termine peor de lo que esperabas.
Pequeñas maneras de responder, escribir o hablar que se van repitiendo una y otra vez que hacen más complicado llegar a acuerdos.
En este artículo voy a mostrarte 7 formas de hablar con tu ex que acumulan más tensión y agotamiento mental entre vosotros.
No para que te sientas culpable. Pero sí para que puedas reconocerlas.
Porque cuando las ves, ya puedes hacer algo diferente.
Por qué hablar con tu ex acaba mal, aunque solo ibais a hablar de los niños
Esto pasa más veces de las que imaginas.
¿Cuántas veces habéis empezado hablando de los niños y habéis acabado discutiendo?
Respondes en caliente.
Sacas un tema antiguo sin querer porque algo te lo recordó.
Mandas un mensaje larguísimo para explicarte.
Para decirle todo lo que llevabas tiempo guardándote.
El otro se pone a la defensiva.
Y al final, la conversación acaba peor de lo que esperabas.
No lo haces con mala intención. Sencillamente ocurre.
Y mientras no puedas decir «esto lo hago yo», es muy difícil salir de ese bucle.
Porque no puedes cambiar una dinámica que no estás viendo.
Por eso, antes de seguir, hazte esta pregunta siendo sincera contigo misma: ¿en cuántas de estas situaciones te reconoces?
1. Responder en caliente
Tu ex te manda un mensaje y al leer el mensaje contestas al momento.
Sin terminar de leerlo bien.
Sin pensar demasiado.
Y aunque tú creas que estás explicándote, el otro lo recibe como un ataque.
Se pone a la defensiva.
Y ya no responde al tema.
Responde al tono.
Al enfado.
A cómo se ha sentido
Y ahí empieza la discusión.
Aunque solo estuvierais hablando de quien lleva al niño al pediatra a poner la vacuna o a la revisión médica que toca.
Lo reconocerás si alguna vez has enviado un mensaje y, a los cinco minutos, has pensado: «debería haberlo dicho de otra manera».
2. Sacar temas antiguos en conversaciones sobre los niños
«Ya, pero es que tú hace dos años…»
Estabais hablando del colegio. Y de repente aparece algo que pasó hace años.
Algo que no tenía nada que ver con el tema.
Y a partir de ahí, ya no habláis del colegio.
El otro se pone a la defensiva. Y al final, el tema importante queda sin resolver.
Lo reconocerás si empezáis hablando de los niños y acabáis discutiendo por cosas
del pasado.
3. Mandar mensajes larguísimos para explicarlo todo
Muchas veces pensamos que cuanto más explicamos, mejor nos va a entender el otro.
Y suele pasar justo lo contrario.
Un mensaje muy largo, con argumentos y justificaciones, hace que el otro lo cierre antes de llegar al final.
O que lo lea por encima buscando el punto de conflicto.
O que directamente no sepa por dónde responder.
Si necesitas tres párrafos para explicar algo, probablemente ese tema necesita hablarse en persona. No por WhatsApp.
Lo reconocerás si tus mensajes suelen terminar con un «¿lo entiendes?» o «espero que ahora sí quede claro».
4. Hablar de varios problemas a la vez
Empiezas hablando del horario de recogida.
Y de repente sale el tema de las vacaciones.
Luego el dinero de las extraescolares.
Y también lo que tu ex le dijo a los niños el otro día.
Cuando se mezclan varios temas, ninguno se resuelve y casi siempre el otro responde al tema que considera más importante o termina respondiendo a lo que más le ha molestado.
Y cuando llega su respuesta piensas: “en serio, me responde a esto e ignora lo más importante”.
Y al final acabáis discutiendo por todo sin haber solucionado el tema más importante para ti.
Recuerda: 
5. Usar ironías, indirectas o frases con doble intención
«Haz lo que quieras.»
«Como siempre…»
«No, si ya me lo esperaba.»
Utilizar estas frases son peligrosas porque suele hacer que el otro salte y se ponga a la defensiva.
El problema es que el otro siente el ataque, aunque no se lo estés diciendo de manera directa. No resuelven nada. Solo ponen al otro en alerta.
Si hay algo que quieres decir, dilo directamente.
Porque cuando uno habla con indirectas, el otro lo suele sentir que le están atacando; ya sea contra su persona, credibilidad o se cuestione su rol como padre o madre.
Y al final el otro termina pensando “el malo siempre soy yo”
Lo reconocerás si a veces escribes algo y piensas: «a ver si lo pilla».
6. Utilizar a los niños para transmitir mensajes
«Dile a tu padre que…»
«Pregúntale a tu madre si…»
Muchas veces se hace sin pensar y parece algo práctico y sin importancia sobre todo cuando hablar entre vosotros ya se ha vuelto incómodo o tenso.
Pero los niños no deberían ser el puente entre sus padres.
Cuando los usas de mensajeros, les pones en una posición de adultos y les carga con una responsabilidad que no corresponde a un niño.
Tienen que recordar el recado, entregarlo y ver la reacción del otro.
Y muchas veces, sin quererlo, acaban sintiéndose en medio de algo que no es suyo e incluso culpables.
Porque un niño nunca debería sentir que tiene que posicionarse, mediar entre sus padres o convertirse en el terapeuta emocional de ninguno de sus padres.
Lo reconocerás si alguna vez tus hijos han hecho de mensajeros entre vosotros.
7. Elegir el peor momento para hablar
Justo cuando llega a recoger a los niños y hay prisa.
Justo cuando sabes que está en horario de trabajo y va apurado de tiempo y no puede pararse a hablar.
Justo después de una discusión, cuando los dos todavía seguís enfados o uno de vosotros está agotado.
Y con los niños delante.
El momento en el que hablas importa tanto como lo que dices.
Si el contexto no es el adecuado, hasta la frase más normal puede sonar como un ataque.
Y un tema que podría resolverse en diez minutos en el momento correcto, se convierte en días de tensión.
Lo reconocerás si muchas de vuestras discusiones empiezan en la puerta del colegio o con un mensaje a las once de la noche.
Quizás mientras leías algunas de estas maneras de hablar has pensado: “esto nos pasa a nosotros”.
Y precisamente por eso es importante entender qué tienen todas en común.
Qué tienen en común todas estas formas de comunicación con tu ex
A primera vista parecen cosas distintas. Pero todas llevan al mismo sitio.
Todas convierten una conversación normal en una discusión.
Todas hacen que el otro se ponga a la defensiva sin que tú lo busques.
Y todas, sin darte cuenta, van construyendo una forma de relacionarte que duele, cansa y bloquea cualquier posibilidad de acuerdo.
No es que haya mala intención ni que comuniques mal. Es que sin daros cuenta habéis normalizado una manera de hablar que os hace daño.
Y como todo patrón, se puede desaprender. Pero primero hay que detectarlo.
Te hacen reaccionar en lugar de pensar.
Cada una de estas formas activa la respuesta automática de tu ex.
Y cuando alguien reacciona en automático, ya no está intentando resolver. Intenta defenderse.
Tú mandas un mensaje larguísimo con varios reproches.
El otro lee las primeras líneas, se pone a la defensiva y responde mal.
Tú lees su respuesta, te enfadas más y contestas peor.
Y así, en menos de diez minutos, acabáis en una discusión que ninguno de los dos quería tener.
Porque cuando hablas desde el impulso, le quitas espacio a la reflexión.
Y sin reflexión, es muy complicado entenderse o llegar a un acuerdo.
Aumentan la tensión entre vosotros.
Aunque el tema del que habléis sea pequeño, la forma en la que lo hacéis va acumulando tensión.
Esa tensión no se ve. Pero está ahí.
Un mensaje con ironía.
Una indirecta.
Un «como siempre» que parece insignificante, pero duele.
Y esa tensión no desaparece sola.
Se queda dentro.
Y vuelve a salir en la siguiente conversación. Y en la siguiente.
Por eso, a veces acabáis discutiendo por algo que parece una tontería.
Pero la tontería solo ha sido la chispa.
La tensión ya la llevabais acumulada.
Los niños lo notan, aunque no digáis nada delante de ellos.
Esta es la que más duele. Y también una de las más importantes.
No hace falta que discutais delante de ellos.
No hace falta levantar la voz ni decir cosas feas de tu ex.
Tus hijos lo notan igual.
Notan cómo cambias cuando ves una notificación suya.
Notan el silencio que se queda en casa después de una llamada.
Notan que algo no está bien, aunque no sepan explicar qué pasa.
Y cuando un niño nota algo que no entiende, intenta explicárselo solo.
El problema es que muchas veces se lo explica mal.
Y puede pensar que es culpa suya.
O que tiene que elegir entre papá y mamá.
O que lo mejor es callarse para no molestar.
Ahora ya conoces lo que ocurre cuando estas 7 maneras de hablar aparecen en vuestra conversación.
Y aunque ahora mismo te parezca imposible, esta manera de comunicaros se puede cambiar.
La comunicación con tu ex se puede aprender
Nadie nace sabiendo comunicarse con su expareja cuando hay hijos en común.
Es una situación nueva, con reglas nuevas, que no se parece a ninguna otra relación que hayas tenido antes.
Por eso es normal que al principio haya dificultades.
Que repitas formas que empeoran las cosas sin querer.
Y que aunque pongas todo de tu parte, las conversaciones acaben siempre igual.
No es un problema de carácter.
Ni de voluntad.
Ni de que seáis incompatibles.
La comunicación entre padres separados no mejora sola.
Pero tampoco es algo con lo que se nace o no se nace. Es una habilidad.
Y como cualquier habilidad, necesita aprenderse y practicarse.
Lo que pasa es que nadie te enseña cómo hacerlo.
Nadie te prepara para tener que hablar, negociar y tomar decisiones con la persona con la que has compartido una vida y con la que ahora mantener una conversación de cinco minutos se ha vuelto dificilísimo.
Y mientras no tengas otra manera de comunicarte, seguirás haciendo lo que sabes.
Aunque no funcione.
Cambiar eso es posible.
Pero no se consigue solo leyendo artículos ni teniendo buenas intenciones.
Se consigue practicando con situaciones reales, viendo qué está pasando en vuestra forma de hablar y aprendiendo qué podéis hacer diferente.
Eso es exactamente lo que trabajamos en el taller.
Aprender a hablar de otra manera entre vosotros es posible
Si te has reconocido en alguna de estas formas de hablar con tu ex y sientes que se repiten una y otra vez, te invito a apuntarte a la lista de espera del taller «Hablar con mi ex sin discutir».
Es un taller en directo donde trabajamos con situaciones reales como la tuya.
Donde practicamos. Donde aprendes a hacer las cosas de otra manera.
Las plazas son limitadas y abre solo dos veces al año.
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Sin compromiso. Solo para que recibas la información cuando abramos inscripciones.