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Por qué hablar con tu ex siempre acaba en discusión

Padres separados con hijos que tienen dificultades para comunicarse sin discutir

Y qué puedes hacer cuando hay hijos en común

Porque cada vez que tienes que hablar con tu expareja, ya lo sabes.

Empieza con algo sencillo sobre los niños y termina igual que siempre.

Discutiendo, enfadados e impotentes. 

Y llega un punto en el que piensas: “da igual lo que haga… siempre acabamos igual.”

• Has intentado explicarte mejor.

• Callarte.

• Tener paciencia.

Pero nada funciona.

Y aquí es donde quiero que te detengas un momento.

Porque puede que haya algo que ahora mismo no estás viendo.

Y no es solo lo que dices, ni cómo lo dices.

Es desde dónde estás interpretando esa conversación.

Y desde ahí, respondes cómo respondes.

Porque muchas de esas discusiones no empiezan en las palabras, sino que empiezan mucho antes.

En lo que cada uno siente.

En lo que cada uno arrastra.

Y en cómo interpreta lo que el otro hace o dice.

En este artículo no quiero darte más consejos para comunicarte mejor.

Quiero ayudarte a entender por qué, aunque lo intentes, acabáis discutiendo una y otra vez.

Porque cuando entiendes lo que ocurre, empiezas a dejar de reaccionar igual.

Y ahí es donde empieza a cambiar la forma en la que te relacionas con tu expareja.

Por qué cada conversación con tu expareja termina en discusión

Vamos a empezar por algo que seguramente conoces bien.

Lo que sientes cada vez que tienes que hablar con tu expareja.

Ese nudo en el estómago antes de escribir el mensaje.

Esa sensación de “a ver cómo está hoy”.

Y no es que seáis incompatibles.

Es que habéis entrado en una dinámica que se repite una y otra vez.

Y cuando estás dentro, cuesta mucho verla.

Por eso, antes de intentar hacerlo diferente, necesitas entender qué está pasando realmente en esas conversaciones.

Por qué siempre acabáis discutiendo: estáis repitiendo el mismo patrón sin daros cuenta

Piensa en vuestras últimas discusiones.

¿Te suena esto?

Empieza más o menos igual.

Sube de tono en el mismo punto.

Y termina… como siempre.

Porque cuando algo se repite tantas veces, deja de ser casualidad.

Se convierte en un patrón.

Y el problema del patrón es que, cuando no lo ves, te parece que cada discusión es distinta.

Pero no lo es.

Es el mismo guión, una y otra vez.

Y mientras no lo veas, vas a seguir reaccionando igual.

Cuando hablar de los hijos reabre lo que no está resuelto entre vosotros

Cuando hablas de los niños con tu expareja, no siempre estás hablando solo de los niños.

Sin darte cuenta, se mezcla todo.

Lo que te dolió.

Lo que sentiste que tu ex no entendió.

Lo que sientes que has perdido.

Y por eso saltas.

No por lo que se está diciendo ahora, sino por lo que eso remueve por dentro.

Por eso hablar sobre los niños puede volverse tan delicado tras la ruptura.

Porque los hijos son lo más importante que tenéis en común.

Y cualquier conversación sobre ellos puede remover lo vivido.

Entender esto no es para justificar lo que pasa.

Es para que empieces a darte cuenta de que muchas veces no reaccionas a lo que ocurre, sino a lo que eso remueve en ti.

Y cuando te das cuenta de eso, puedes empezar a separar una cosa de la otra.

Y ahí, poco a poco, la conversación vuelve a centrarse en los niños.

El error más común: seguir hablando como pareja cuando ya sois padres

Aquí está una de las claves más importantes.

Seguís hablando como cuando erais pareja.

Y eso ya no encaja.

Antes había algo implícito:

Nos damos explicaciones.

Nos debemos ciertas cosas.

Esperamos del otro determinadas respuestas.

Pero ahora la relación es otra.

Ahora ya no sois pareja. Sois padres con hijos en común.

Y eso necesita otro tipo de comunicación.

Más tranquila.

Más enfocada a resolver.

Más centrada en los niños.

Una comunicación donde no se trata de tener razón, sino de poder organizaros en el día a día como padres.

El problema es que nadie te enseña a hacer ese cambio.

Y por eso, sin darte cuenta, sigues esperando del otro cosas que ya no forman parte de esta nueva etapa familiar.

Y es justo ahí donde empiezan muchas de las discusiones que hoy vivís.

Por qué el tono emocional hace que cualquier conversación con tu ex acabe mal

Hay algo que suele pasar sin que te des cuenta.

No es solo el mensaje.

Es desde dónde lo envías y cómo lo recibe el otro.

Puedes escribir: “necesito saber si recoges a los niños el viernes”.

Y en teoría es un mensaje correcto.

No ataca.

No culpa.

No juzga y no contiene carga emocional.

Pero si días antes habéis tenido discusiones, ese mensaje ya no se recibe así.

El otro no lo lee solo por lo que pone.

Lo lee desde lo que viene arrastrando.

Desde lo que pasó días antes.

Desde lo que no está resuelto.

Desde cómo interpreta lo que dices.

Y ahí es donde empieza el problema.

Porque entonces responde desde la emoción, no desde el mensaje.

Por eso, a veces, muchas ves, el problema no está en la frase.

Está en todo lo que hay detrás.

Y por eso, la misma frase, en otro momento, puede acabar en una conversación tranquila o en una discusión.

Por eso no se trata solo de qué dices sino de cuándo y desde dónde lo dices.

 Qué hay detrás de las discusiones constantes con tu expareja

Ya hemos visto por qué muchas conversaciones se tuercen.

Ahora vamos un paso más allá.

Porque las discusiones no aparecen de la nada.

Hay pensamientos, emociones y formas de interpretar lo que el otro dice o hace que las alimentan.

Que hacen que saltes antes.

Que hacen que duela más.

Detrás de ese “siempre acabamos igual” hay emociones que no se han gestionado o situaciones que no se han resuelto.

No se trata de analizar a tu expareja.

Se trata de que empieces a mirar qué te pasa a ti en esas conversaciones.

Porque cuando entiendes qué te está pasando dejas de reaccionar en automático.

Y empiezas a responder de otra manera.

Vamos a ver qué suele haber detrás.

La necesidad de tener razón frente a entenderos como padres

Vamos a ser claros.

Cuando discutís ¿qué estás buscando de verdad?

¿Tener razón o que las cosas funcionen para vuestros hijos y os hagan la vida fácil a ambos?

Muchas discusiones no van del niño.

Van de demostrar quién lo hace mejor.

Quién tiene más razón.

Quién está equivocándose.

Y eso es humano.

Pero en la separación con hijos, esa necesidad es mayor.

Porque, muchas veces, la única forma de reafirmarte como buen padre o madre es demostrar que el otro no lo es tanto.

Pero la verdad es que, mientras uno intenta ganar, el problema no se resuelve, sino que se agrava en la gran mayoría de ocasiones.

Y los niños siguen en medio.

Te propongo este cambio: dejar de pensar en “quién tiene razón “y empezar a pensar en “cómo lo resolvemos”.

El desgaste emocional tras la separación con hijos

Es verdad que afrontar una separación con hijos es agotador.

Mucho.

Estás pendiente de todo: los niños, los horarios, las decisiones y, además, de cómo gestionar la relación con tu ex.

Llegas sin energía.

Y cuando estás así, cuesta pensar con claridad y ver la situación sin doble intención. Por eso:

• Un mensaje te molesta más.

• Una frase te hace saltar antes y ponerte a la defensiva.

• Y, por tanto, reaccionas más rápido.

No porque quieras discutir.

Sino porque estás saturada a nivel emocional y mental.

Y tú ex, muchas veces, está igual.

Por eso acabáis discutiendo otra vez y percibiendo cualquier mensaje como una provocación.

No es que queráis hacer daño. Es que estáis emocionalmente agotados.

Por eso, a veces, lo mejor no es responder de manera inmediata.

Es parar.

Respirar.

Y hablar en otro momento, cuando la emoción haya bajado.

Porque es imposible mantener una conversación importante cuando las emociones te desbordan.

Cuando educáis diferente y no sabéis cómo encajarlo

Aquí hay otra realidad.

No vais a educar igual.

Nunca.

Los dos queréis lo mejor para vuestros hijos.

Los desacuerdos en la crianza de padres separados son normales.

De hecho, ya existían antes de la separación. Lo que pasa es que ahora, con dos casas separadas, las diferencias se hacen más evidentes.

Quizás tú necesitas orden, una vida con horarios y límites.

Y tú ex funciona de otra manera.

Y eso genera conflicto.

Pero el problema no es pensar diferente.

El problema es cómo se interpreta.

Porque cuando dices: “en mi casa hacemos esto”

El otro, muchas veces, escucha: “lo que tú haces está mal”.

Y ahí salta la defensa.

Los niños pueden adaptarse a dos formas de hacer las cosas.

Lo que no pueden es vivir en medio de una pelea constante por quién educa y lo hace mejor.

Cómo les afecta a tus hijos lo que pasa entre vosotros

Tus hijos no necesitan entender lo que pasa entre vosotros.

Lo sienten.

Sienten la tensión.

El silencio.

Lo que decís o habláis el uno del otro cuando estáis con ellos.

Saben cuándo algo no está bien.

Y cuando eso se repite, aprenden cosas que no deberían aprender:

Que el amor duele.

Que no se puede confiar.

Que es mejor callarse.

No te lo digo para que te sientas culpable.

Te lo digo porque a veces, saber lo que está en juego, da la fuerza para intentar cambiar la dinámica.

Cómo saber si estás atrapado en un bucle de discusiones con tu expareja

Hay una diferencia entre tener discusiones puntuales y estar atrapado en un bucle.

Las discusiones puntuales duelen, pero pasan.

El bucle es como una noria de la que no sabes bajar.

Siempre en el mismo sitio y con la misma sensación de «otra vez esto».

Lo malo de los bucles es que, cuando estás dentro, a veces no los ves.

Te acostumbras.

Piensas que «así son las cosas» y que «esto no tiene solución». Pero no es cierto.

Tiene solución.

Pero para salir de ese bucle, primero tienes que darte cuenta de que estás dentro.

Vamos a ver algunas señales claras de que estás atrapado en un bucle de discusiones con tu expareja.

Si te reconoces en alguna, no te preocupes. No es para siempre. Es solo el primer paso para cambiarlo.

Empiezas en alerta cada conversación con tu ex

Antes incluso de enviar el mensaje, ya notas algo en el cuerpo.

Los hombros tensos.

La respiración un poco más rápida.

Esa sensación de «a ver qué va a pasar ahora».

Esa es la primera señal. Estar en alerta al hablar con tu ex no debería ser lo normal.

No deberías sentir que te preparas para una batalla cada vez que necesitas coordinar algo sobre tus hijos.

La alerta constante no te deja tranquilo ni siquiera cuando no estás hablando con tu ex.

Porque tu cuerpo no distingue entre lo que está pasando y lo que anticipa. Y se prepara igual para las dos.

Si cada vez que ves una notificación suya sientes esa opresión en el pecho, algo está pasando.

No es que no sepas comunicarte con otra persona ni que seas sensiblona.

Es que tu cuerpo ha aprendido que hablar con esa persona duele y se prepara para defenderse.

Llevas meses (o años) discutiendo por los mismos temas

Los horarios.

Las vacaciones.

El dinero.

Las recogidas.

Las entregas.

Si repasas vuestras discusiones de los últimos meses, ¿son sobre cosas nuevas o sobre las mismas de siempre?

«Siempre discutimos por lo mismo» es una de las frases que más escucho en mis sesiones.

Pero no es que los temas no tengan solución. Es la forma en que los habláis lo que hace que no se resuelvan.

Cada discusión os lleva al mismo punto de partida.

Y así, una y otra vez.

Hasta que os cansáis, os callais, dejáis de hablar y el problema sigue ahí, esperando hasta la próxima.

Tus hijos notan la tensión antes incluso de que hables con tu ex

Esta es la señal que más debería preocuparte.

Tus hijos no necesitan estar presentes en una discusión para saber que sus padres no se llevan bien.

Lo notan en tu cara.

En cómo contestas al teléfono.

En los gestos que haces mientras hablas con tu ex o hablan ellos.

En el silencio que se queda en la habitación después de colgar con tu ex.

Ellos no entienden lo que pasa.

Pero lo sienten.

Y lo viven.

Y si te preguntan «¿otra vez estás enfadado con papá/mamá?» o si cambian su actitud cuando saben que vais a hablaros, es que señal de que lo están notando.

A veces creemos que, si no discutimos delante de ellos, no pasa nada.

Pero sí pasa.

Si tus hijos ya anticipan el conflicto antes de que ocurra, es que también están dentro de ese bucle.

Y esa es la señal más clara de que necesitas hacer algo diferente.

Qué hacer si sientes que es imposible comunicarte sin discutir

Llegamos a la parte que más te interesa.

Hasta ahora hemos visto por qué pasa y cómo darte cuenta de que estás dentro de ese bucle.

Pero llega un punto en el que te preguntas: “vale… ¿y ahora qué hago?”

Porque cuando llevas tiempo intentándolo y siempre acabáis en el mismo sitio, empiezas a pensar que no hay salida.

Que es imposible.

No voy a darte trucos rápidos.

Porque la comunicación después de la separación es compleja y requiere cambios en el patrón de comunicación.

Pero sí voy a decirte algo que he comprobado por mí misma: se puede hacer de otra manera.

Y no depende de que el otro quiera.

Depende de lo que hagas tú.

Y cuando tú cambias, poco a poco, la situación también cambia.

Vamos a ver algunos puntos que pueden ayudarte a salir de ese bucle.

Cuando uno de los dos no quiere cambiar la forma de comunicarse

Puede que ahora mismo estés pensando:

«Vale, pero el problema es el otro. Yo ya he intentado de todo”.

Y puede que tengas razón. Puede que tu expareja no esté dispuesta a cambiar.

Incluso no quiera hablar contigo o te ignore.

Y eso es frustrante, agotador y desesperante.

Pero aquí hay algo importante que necesitas ver: si esperas a que el otro cambie para estar mejor, le das la llave de tu bienestar.

Y eso es un error. Porque igual nunca cambia.

Y mientras tanto, tú sigues atrapada en esa situación.

Porque igual no cambia.

Pero tú sí puedes hacer algo distinto.

Puedes responder diferente.

Y cuando tú cambias, la dinámica deja de ser la misma.

Cómo proteger a tus hijos, aunque la comunicación sea difícil

No hace falta que os llevéis bien para proteger a tus hijos. Hace falta tener claro ellos no van a pagar el precio de vuestras diferencias.

¿Cómo puedes hacerlo? Aquí van algunas ideas:

No hables mal del otro delante de ellos. Por mucha razón que tengas, tus hijos no necesitan saber que su padre o madre es un irresponsable.

Tus hijos necesitan poder querer a los dos sin sentirse en medio.

No los uses como mensajeros. «Dile a tu padre que…» es una frase que convierte a tu hijo en el puente entre dos personas que no se hablan.

Y esa carga no les corresponde.

• No les preguntes qué pasa en la otra casa.

«¿Qué hicisteis el fin de semana?», «¿Tu madre o madre tiene novio/a?»

Esas preguntas les ponen en una posición incómoda.

Déjales disfrutar de su tiempo sin ti sin tener que dar explicaciones.

• No discutas delante de ellos. Si la conversación con tu ex se está calentando, para.

Di «ahora no podemos seguir hablando, lo dejamos para otro momento».

Aprender a comunicarte con tu expareja sin discutir

Nadie te ha enseñado a comunicarte después de la separación.

Es normal que no te salga.

Pero se aprende porque es una habilidad que con práctica se vuelve automático.

Igual que aprendiste otras cosas en tu vida.

Se aprende a decir las cosas de otra manera.

A parar antes de saltar.

A elegir cuándo hablar.

Y eso cambia mucho más de lo que parece.

Aprender a comunicarse con la expareja es entender por qué saltas, qué necesitas decir, cómo decirlo de otra manera, y cuándo es mejor callar.

Y todo eso se entrena. Se aprende practicando, cometiendo errores, volviéndolo a intentar.

Cuando pedir ayuda

Pedir ayuda no es un fracaso. Todo lo contrario.

Es darte cuenta de que esto no es tan sencillo como parecía.

Y que tus hijos merecen algo mejor.

Puede ser buen momento cuando:

• Llevas tiempo intentándolo y nada cambia.

• Las discusiones siguen.

• Notas que tus hijos lo están viviendo.

No hace falta llegar al límite.

A veces, pedir ayuda a tiempo evita mucho sufrimiento después.

Recuerda que pedir ayuda no es para casos extremos. Es para padres que, como tú, quieren hacerlo mejor pero no saben cómo.

Un profesional puede ayudaros a ver vuestros patrones, a desactivar las escaladas, a encontrar un lenguaje común que ponga a los niños en el centro.

Pedir ayuda a tiempo es la mejor forma de evitar que el conflicto siga creciendo.

Quédate con esto

Hablar con tu expareja no tiene por qué ser siempre una batalla.

No es sencillo.

No es rápido.

Pero se puede aprender a hacerlo de otra manera.

Y lo más importante: tus hijos lo van a notar.

No necesitan que seáis amigos.

Necesitan que podáis organizaros por ellos.

Por eso he preparado algo para ti.

Un taller práctico, en directo, donde te ayudo a manejar esas conversaciones que hoy se te hacen cuesta arriba.

Con situaciones reales y herramientas que puedes usar al día siguiente.

Si quieres dejar de discutir con tu ex y empezar a coordinaros para que tus hijos vivan tranquilos, apúntate a la lista de espera.

Te avisaré cuando abramos inscripciones. Sin compromiso, solo para que no te lo pierdas.

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