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¿Qué hacer si tu expareja no quiere hablar contigo o te ignora?

Mi ex me ignora y no quiere hablar conmigo sobre nuestros hijos

Tu expareja no quiere hablar contigo o te ignora, y no sabes qué hacer.

Llevas tiempo intentando hablar y solo encuentras silencio.

Escribes y no responde.

Llamas y no lo coge.

Intentas hablar de vuestros hijos… y recibes un “ahora no” o, directamente, nada.

Y claro, llega un momento en el que no solo te duele.

Te enfada.

Te desespera.

Y aparece ese pensamiento que cuesta quitarse de la cabeza: “no le importan ni sus hijos.”

Si te está pasando, quiero decirte algo importante antes de seguir:

Ese silencio no siempre significa que no le importen sus hijos.

Y, sobre todo, no significa que no puedas hacer nada ante la situación.

Porque cuando una relación se rompe, cada uno actúa como puede.

Hay quien necesita hablar.

Hay quien se aleja.

Y hay quien, después de muchos intentos fallidos, deja de intentar hablar con el otro.

Pero cuando hay niños, el silencio no funciona.

Porque ellos siguen necesitando que toméis decisiones, que os pongáis de acuerdo y que, aunque ya no seáis pareja, seguís siendo sus padres.

Por eso hoy quiero ayudarte a entender lo que está pasando y qué puedes hacer.

No para justificar lo que hace tu expareja.

Sino para que tú sepas qué hacer cuando tu expareja no quiere hablar.

Para que, aunque el otro no cambie, tú sí puedas cambiar cómo gestionas esta situación, y proteger lo que de verdad importa: tus hijos.

 Por qué tu expareja no quiere hablar contigo

Antes de preguntarte por qué no quiere hablar y de imaginar lo peor, quiero proponerte algo.

Vamos a hacer un pequeño ejercicio.

Por un momento, deja a un lado todo lo que has vivido con esa persona.

Y mira el silencio de otra manera.

No como un ataque hacia ti.

Sino como una señal de que quizá esto le está superando o no sabe como gestionarlo.

Cuando entiendes lo que puede haber detrás de lo que hace la otra persona, dejas de darle vueltas a lo que hiciste mal y empiezas a centrarte en lo que sí puedes hacer ahora.

 Cuando hablar contigo le duele y prefiere evitarlo

Para muchas personas, hablar con su expareja después de la separación es abrir una puerta directa al dolor, a los reproches y a la culpa.

Y hay algo importante que cuesta ver cuando estás dentro: tu expareja no está evitándote a ti. Está evitando cómo se siente cuando habla contigo.

En estos casos, el silencio es una forma de protegerse.

Es la manera que ha encontrado para no volver a sentir rabia, tristeza o incluso vergüenza cada vez que habláis.

No es que no quiera resolver nada.

Es que, para esa persona, hablar contigo le resulta tan incómodo que prefiere evitarlo antes que volver a pasar por ahí.

Pero entender esto no significa que esté bien.

Significa que puedes empezar a verlo de otra manera.

Y cuando dejas de tomártelo como un ataque personal, empiezas a entender que el problema no eres tú.

Es que no sabe cómo afrontar lo que siente cuando habla contigo.

 Cuando cada conversación acaba mal y se deja de intentar

Imagina que cada vez que te acercas a una puerta, te llevas un portazo.

No una vez. Ni dos. Muchas veces.

¿Cuánto tardarías en dejar de intentar abrirla?

Con la comunicación pasa lo mismo.

Si cada conversación con tu expareja en los últimos meses (o años) ha terminado en discusión o reproches, llega un momento en que la otra persona piensa: “¿para qué vamos a seguir intentando hablar si sabemos cómo acaba?”

Y deja de intentarlo.

No porque no le importe.

Sino porque ha aprendido que hablar contigo termina mal.

Y de forma casi automática, evita el diálogo.

No es una decisión pensada del tipo: “voy a estropear la relación con mis hijos”.

Es una forma de protegerse.

Pero aquí pasa algo importante.

Cuanto más insistes porque necesitas hablar, más presión siente la otra persona… y más se cierra.

Y cuanto más se cierra, más te frustras tú.

Subes el tono. Insistes más.

Y sin darte cuenta, confirmas justo lo que el otro ya sentía: que hablar contigo termina mal.

Y así el problema se repite una y otra vez.

Romper este ciclo no pasa por insistir más.

Pasa por aprender a relacionarte de otra manera.

Cuando no estáis en el mismo momento tras la separación

Una de las cuestiones que más se olvidan cuando hablamos de comunicación con la expareja es que no estáis en el mismo punto.

A veces la separación la decide uno y el otro la sufre.

A veces ha pasado mucho tiempo y uno ya ha rehecho su vida, mientras el otro todavía está intentando entender lo que ha pasado.

Otras veces uno necesita hablar ya y cerrar temas, mientras el otro aún no se ve capaz de hacerlo sin venirse abajo.

Y aquí no hay un momento correcto o incorrecto. Hay ritmos diferentes.

Y cuando esos ritmos no coinciden, cuesta comunicarse.

Entender esto no significa que tengas que esperar eternamente a que ambos estéis en el mismo punto.

Tus hijos tienen necesidades que requieren atención por parte de ambos.

Pero sí implica que, quizá, puedas dejar de interpretar su silencio como que no le importan los niños.

Y empezar a verlo de otra manera.

Puede que no esté en condiciones de hablar como tú necesitas ahora.

Cuando el silencio es una forma de control

Hasta ahora hemos hablado de silencios comprensibles, defensivos o fruto del dolor.

Pero también existe otra realidad que hay que nombrar:

A veces el silencio es una herramienta de control.

Hay personas que, tras la separación, utilizan la falta de comunicación para controlar a la expareja.

Es como si dijera: “yo decido cuándo, cómo y si hablamos”.

Otras lo usan para marcar distancia, para dejar claro que ya no quieren saber nada de ti, aunque eso deje a los niños en medio.

En estos casos, el silencio no es defensa. Es estrategia. Y duele más, porque tiene una intención detrás.

¿Cómo distinguir cuándo es una cosa y cuándo es otra? No siempre es fácil, pero hay pistas:

• Si el silencio se rompe cuando tú dejas de insistir, puede ser una forma de control.

• Si la persona habla con otros (familiares, amigos) pero contigo no, puede haber una intención detrás.

• Si el silencio se combina con decisiones como no responder sobre temas de los niños, cambiar planes sin avisar o no implicarse en citas médicas, colegio o decisiones importantes…

Y aquí quiero ser muy clara: que sea una estrategia no significa que puedas cambiarla con una conversación.

Lo que sí puedes hacer es cambiar tu forma de responder para que esa estrategia deje de funcionar.

Porque su control necesita tu reacción para mantenerse. Cuando dejas de perseguir, de rogar, de insistir, esa dinámica empieza a romperse.

Y cuando ese silencio se mantiene en el tiempo, deja de ser solo una forma de comunicarse, y empieza a tener consecuencias.

Qué pasa cuando no hay comunicación entre padres separados

Cuando intentas hablar con tu expareja y solo encuentras silencio, es agotador. Te quita energía y vives preocupada.

Y te entiendo. Porque sentir que te ignoran cuando estás intentando hacer las cosas bien es frustrante.

Por eso hoy quiero invitarte a mirarlo de otra manera.

Porque mientras tú te desgastas preguntándote por qué la otra persona no quiere hablar contigo, la vida de tus hijos continúa.

Y mientras tanto, hay decisiones que se dejan de tomar.

Acuerdos que no se alcanzan. Y que repercuten en los niños.

Y un ambiente que acaba afectándoles a ellos.

Y esto es importante que lo sepas.

Porque cuando entiendes lo que está en juego, el silencio de tu expareja deja de ser solo un problema entre vosotros y se convierte en algo que necesitas gestionar por tus hijos.

Y ese cambio de mirada, a veces, es lo que da la fuerza para seguir intentándolo de otra manera.

Decisiones importantes que se quedan sin resolver

Cuando dos padres no se hablan, la vida no se detiene. Los hijos siguen creciendo y siguen necesitando que mamá y papá se pongan de acuerdo.

Y aquí es donde empiezan los problemas.

Decisiones educativas:

• ¿Cambiamos de colegio o no?

• ¿Le apuntamos a esa actividad extraescolar que implica dinero y llevarle y recogerle?

• ¿Cómo manejamos que está teniendo dificultades en clase?

Sin comunicación, estas decisiones se quedan sin tomar.

Y a veces, la respuesta es no hacer nada al no poder hablar con el otro. O hacerlo por tu cuenta y que eso acabe en discusiones.

Decisiones sobre salud:

• ¿Va al especialista que ha recomendado el pediatra?

• ¿Seguimos el tratamiento o buscamos otra opinión?

• ¿Qué hacemos si surge una urgencia?

En estos casos, la falta de comunicación puede afectar directamente a la salud de los niños.

Decisiones que, sin diálogo, acaban generando tensión todo el tiempo

Y luego está el día a día. El niño que necesita autorización para una excursión y no sabe a quién pedírsela.

La madre que no sabe si el padre ha dado permiso para algo.

El padre que no se entera de una reunión importante del colegio porque no hay quien le pase la información.

No es que estas cosas no puedan resolverse de forma unilateral a veces.

Pero cuando la falta de comunicación se alarga en el tiempo, las decisiones importantes acaban tomándose sin consenso, con prisas, o directamente no se toman.

Y esto repercute en el bienestar de tus hijos.

El riesgo de que los hijos queden en medio

Cuando los padres no tienen comunicación después de la separación, los hijos acaban ocupando un lugar que no les corresponde.

Porque alguien tiene que decirle al otro lo que pasa. Y ese alguien, muchas veces, son tus hijos.

Lo más habitual y sin ser conscientes los niños se convierten en mensajeros:

«Dile a tu padre que…»,

• «¿Tu madre te ha dicho algo sobre…?»

Frases que parecen inocentes, pero que les ponen en medio de vuestros conflictos ante esa falta de comunicación entre vosotros.

Y acaban sintiendo que lo que pasa entre vosotros depende de ellos.

Y cuando ocurre ellos empiezan a sacar sus propias conclusiones:

«papá no llama porque no le importamos», «mamá no contesta porque está enfadada».

Y casi siempre acaban pensando lo mismo: «algo hice yo» o «no soy lo suficientemente importante».

Sé que el dolor de la separación a veces nos hace perder la perspectiva. Lo he vivido de primera mano.

Pero los niños no deberían cargar con lo que ocurre entre los adultos.

Y eso empieza por: hablar tú directamente con tu expareja, sin usar a tus hijos como mensajeros.

Cómo la falta de comunicación afecta al bienestar emocional de tus hijos

La falta de comunicación entre padres genera un ambiente que los niños perciben, aunque no se hable delante de ellos.

Tensión: Los niños son se dan cuenta de todo. Saben que algo pasa, aunque no vean una discusión.

Notan que cuando suena el teléfono mamá se tensa.

Notan que papá evita ciertos temas.

Notan que hay cosas de las que no se habla.

Y esa tensión empieza a formar parte de su día a día.

Incertidumbre. Los niños necesitan previsibilidad. Saber qué va a pasar, quién les recoge, dónde pasan las vacaciones, si pueden llamar al otro cuando lo necesitan.

Cuando no hay comunicación entre padres, muchas de estas respuestas quedan en el aire. Y la incertidumbre les genera angustia.

Querer estar bien con los dos y evitaros dolor. Esto es lo más duro. Cuando los padres no se hablan, los niños notan que algo no está bien entre vosotros.

Y como quiere a los dos, empieza a hacer equilibrios para no herir a ninguno. Se calla cosas. Pregunta con cuidado. Mide sus palabras.

Y ese esfuerzo, aunque parezca pequeño, es una carga enorme para una cabeza pequeña.

No me refiero a que los niños estén todo el día sufriendo. Pero esta falta de comunicación, mantenida en el tiempo, va dejando marcas.

Un poco de tensión, preocupación e incertidumbre aquí.

Una rabia que no saben explicar allí.

Un «no me importa» que en realidad es «no sé cómo gestionar esto».

Y lo peor: muchos niños aprenden que la forma de relacionarse con quien has querido es con silencios y distancia, porque eso es lo que han visto en casa.

Y aunque ahora mismo la comunicación parezca imposible, hay forma de hacerlo sin tener que llevarte bien con tu ex.

 Cómo saber qué pasa con tus hijos, aunque tu ex no quiera hablar

Vamos a ver cómo se hace en la práctica.

Hasta ahora hemos hablado de por qué tu expareja no habla, de lo que pasa cuando no hay comunicación, de qué puedes hacer tú para no desgastarte.

Pero en el día a día necesitas saber cómo actuar en estas situaciones como estas:

• ¿Cómo le pido que lleve al niño al médico si sé que no me va a contestar?

• ¿Cómo le informo de la reunión del colegio sí sé que me va a ignorar?

• ¿Cómo tomo decisiones importantes si la otra persona no responde y todo recae en mí?

En este bloque quiero darte herramientas que sepas cómo actuar, incluso cuando la otra persona no responde.

 Separar la comunicación de pareja de la comunicación como padres

Aquí está uno de los cambios más importantes que puedes hacer. Y también uno de los que más cuesta.

Porque cuando llevas años con alguien, todo se mezcla.

Empiezas hablando de los horarios del niño y acabas hablando de aquella Navidad de hace tres años en la que no quería ir a la cena con tu familia.

La pregunta sobre las vacaciones se convierte en un reproche por cómo gestionó las anteriores.

Y el otro, al final, no sabe si está hablando con la madre de sus hijos o con la persona con la que aún tiene cuentas pendientes.

Para comunicarte cuando la relación está bloqueada, es preciso separar el rol de pareja del rol de padre/madre.

Cuando hablas de tus hijos, hablas solo de tus hijos.

Eso significa:

Separar temas de conversación. Si necesitas hablar sobre el colegio, hablas solo del colegio. No aproveches para hablar del dinero que te debe.

No utilizar a los niños como mensajeros, ni como excusa para mantener el contacto con tu ex.

No interpretar cada silencio como algo personal. A veces no es falta de interés. A veces es desorganización. Y otras, no sabe hacerlo mejor.

Te pongo un ejemplo:

«Te escribo por lo del médico, pero como ya sé que no te importa… a ver si esta vez contestas.»

Este mensaje pone a la defensiva a quién lo recibe.

En cambio:

«El pediatra ha recomendado una revisión para Lucas. La cita es el martes a las 10. Si puedes venir, dímelo. Si no, te informo después.»

Pone el foco en el niño.

¿Ves la diferencia?

Sé que cuesta separar el rol de pareja del rol de padre/madre, sobre todo cuando sientes que tu expareja no pone de su parte,

Pero cada vez que lo consigues, estáis empezando a hablar como padres

 Usar mensajes claros, concretos y sin reproches

Aquí voy a ser muy práctica porque, cuando la comunicación está bloqueada, no solo importa lo que dices…también importa cómo lo dices.

Por eso quiero proponerte un método propio que utilizo en mis sesiones para facilitar la comunicación y evitar malentendidos: El método CORE de comunicación familiar

C= Corto y Conciso.
Evita párrafos largos. Ve al grano.

O= Objetivo definido
Ten claro para qué escribes antes de enviar el mensaje.

R= Respetuoso y Neutral
Cuida el tono. Sin ironía, sin reproches.

E = Específico y Estructurado.

Incluye datos concretos: fechas, horas, acuerdos.

¿Y qué haces con la rabia, la frustración y todo lo que llevas dentro?

Lo sacas, pero en otro espacio.

Con tu terapeuta, en un diario, con una amiga que te escuche.

Pero no lo pongas en cada mensaje que escribes o respondes a tu expareja.

Porque esto no ayuda a resolver, solo aleja mas la posibilidad de entenderos.

Mantener el foco en el bienestar de los hijos

Esta es tu brújula.

– Cuando no sepas qué hacer,

– cuando dudes si escribir o no,

– cuando no sepas cómo responder a un mensaje que te ha sentado mal…

Hazte esta pregunta: ¿esto ayuda a mis hijos?

Porque el objetivo de comunicarte con tu expareja no es que os llevéis bien.

Es que vuestros hijos crezcan en un entorno donde la relación entre sus padres no sea una fuente de tensión constante.

Y a veces, mantener el foco en ellos es lo que te ayuda a parar, a no enviar ese mensaje, a responder con calma cuando por dentro estás a punto de estallar.

Y, además, eso pone a tus hijos donde deben estar: en el centro.

Hay una herramienta que comparto a menudo con los padres que acompaño.

Antes de enviar un mensaje, pregúntate:

• ¿Esto es sobre nuestros hijos o sobre nuestra historia?

• ¿Estoy escribiendo para que los niños estén mejor o para descargar lo que siento?

• Si mi hijo leyera esto dentro de unos años, ¿cómo se sentiría?

No siempre acertarás.

Pero cada vez que lo intentas, estás eligiendo una forma diferente de hacer las cosas.

Hay algo importante que quiero que te lleves del artículo

Quizás, después de todo lo que has leído, sientas dos cosas.

Por un lado, alivio al saber que vuestro caso no es único, que tiene sentido que esto sea así y que hay cosas que sí puedes hacer.

Por otro lado, cansancio.

Porque estar todo el tiempo pensando cómo decir las cosas, midiendo cada palabra, buscar el momento para enviar el mensaje …agota y desgasta.

Y porque, aunque tengas todas las herramientas del mundo, hay días en que lo único que quieres es que tu expareja cambie y colabore.

Que deje de hacer la situación más complicada de lo que ya es.

Pero esto no es solo cuestión de voluntad. Es cuestión de conocer las reglas

Llevo años acompañando a padres que, como tú, han llegado a un punto de agotamiento.

Han probado de todo: hablar con calma, insistir, dejar de insistir, poner distancia, acercarse de nuevo. Y nada parece funcionar.

Y lo que veo una y otra vez es que no es que no sepan comunicarse.

Es que nadie les ha enseñado a comunicarse como padres sin ser pareja.

Con una persona con la que han compartido una historia, han construido una familia y con la que hoy es complicado hablar sin que aparezca el dolor.

Porque comunicarte con tu expareja cuando hay hijos en común no es como hablar con cualquier otra persona.

Aquí cada palabra importa.

Y tiene un impacto en vosotros y en vuestros hijos.

Por eso, para que esa conversación funcione, necesita reglas claras y las herramientas adecuadas.

Por eso creé el taller «Quiero aprender a hablar con mi ex sin discutir»

Un espacio en directo, donde trabajamos con situaciones reales.

En el que trabajamos para:

Entender por qué muchas conversaciones terminan donde no querías.

Reconocer el momento en que la comunicación se bloquea.

Responder con claridad y tranquilidad cuando te llega un mensaje que te enfada, sienta mal y te hace saltar.

Evitar que cada conversación se convierta en un conflicto.

Y, sobre todo, donde dejas de sentir que esto solo te pasa a ti.

El taller solo abre dos veces al año, con plazas limitadas porque quiero poder trabajar a fondo con las personas que participan.

Puede que ahora mismo creas que no tienes fuerzas.

Pero déjame preguntarte: ¿cuánto tiempo más vas a esperar a que el otro cambie para que tu vida y la de tus hijos mejoren?

Lo mejor de aprender herramientas nuevas es que no dependen de que el otro quiera. Dependen de ti.

Apuntarte a la lista de espera no te compromete a nada. Solo te asegura que, cuando abramos las inscripciones, serás de las primeras personas en enterarte.

Podrás conocer las fechas, las plazas y decidir si es tu momento.

Y si no lo es, no pasa nada. Pero al menos tendrás la información para elegir.

[Quiero apuntarme a la lista de espera]

Aprender a hablar con tu ex sin discutir no es un capricho. Es lo que tú y tus hijos necesitáis para vivir tranquilos.

Te espero.
María Dolores Manzanera

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