Antes de hablar o escribirle, ten claro qué quieres conseguir
Hay conversaciones que empiezan con una cuestión sencilla sobre los niños, un horario o un gasto y terminan en reproches que nada tenían que ver con lo que queríais resolver.
Y con los mensajes ocurre algo parecido.
Escribes rápido, respondes desde el enfado o utilizas una frase que tú entiendes de una manera y la otra persona interpreta de otra.
El problema muchas veces no es lo que necesitáis hablar, sino cómo inicias esa conversación.
Prepararla antes puede ayudarte a tener claro qué quieres conseguir, elegir mejor qué decir y evitar añadir más tensión de la necesaria.