Llega el verano y con él las vacaciones, los viajes y los cambios de casa para una gran mayoría de hijos de padres separados.
Tu hijo prepara su maleta para pasar unos días o unas semanas con el otro padre o madre. Tú revisas que no se olvide nada. El bañador, la crema solar, su peluche favorito…
Preparamos las maletas con cuidado, pero pocas veces prestamos la misma atención a cómo viven nuestros hijos el cambio de una casa a otra.
Sin embargo, para muchos niños, los cambios de vacaciones no consisten solo en cambiar de casa.
También implican despedirse durante unos días de una parte importante de su vida cotidiana.
Por eso, las preguntas sobre cómo ayudar a tus hijos en los cambios de vacaciones cuando sus padres están separados son algunas de las más frecuentes en esta época del año.
No puedes evitar que tu hijo eche de menos a uno de sus padres.
Tampoco puedes evitar que los cambios de casa supongan un esfuerzo de adaptación.
En cambio, sí puedes ayudarle a vivir estas transiciones con más tranquilidad.
Los niños suelen adaptarse mejor de lo que imaginamos, pero comprender lo que están viviendo nos ayuda a acompañarlos mejor.
En este artículo vas a entender:
• qué ocurre a nivel emocional en tu hijo cada vez que cambia de casa,
• por qué a veces vuelve más irritable, distante o sensible,
• y qué puedes hacer antes, durante y después del cambio para ayudarle a adaptarse mejor.
Por qué los cambios de vacaciones son tan intensos para los niños
Cuando tu hijo hace su maletita para irse con tu expareja una quincena, está preparándose para cambiar de mundo.
Y aunque parezca que lo lleva bien, por dentro se mueven cosas que a veces ni él mismo entiende.
Los cambios de casa durante las vacaciones suelen ser más intensos para los niños.
No solo porque pasan más tiempo lejos de uno de sus padres, sino porque también tienen que adaptarse durante más tiempo a otra rutina y otra forma de organizarse.
Porque no es lo mismo irse dos días que quince.
Para entender por qué estos cambios son tan intensos, tenemos que mirar lo que ocurre dentro de tu hijo. Y también dentro de ti.
Lo que tu hijo siente cuando hace la maleta
Los niños no suelen decir «tengo miedo de irme».
Lo que dicen es que no encuentran su peluche, que no quieren llevar esa camiseta o que por qué tiene que ir ahora si estaba viendo los dibujos en la tele.
Lo que ocurre detrás de esa resistencia de último momento es que a tu hijo le cuesta dejar lo que estaba haciendo, despedirse de ti y cambiar de casa.
Aunque en la otra también esté bien.
Porque lo que tu hijo vive en cada cambio es una pequeña despedida que tiene que gestionar cada vez.
Los más pequeños lo expresan con el cuerpo: lloros, rabietas, quejas físicas justo antes de salir.
Los mayores lo esconden mejor: el silencio, el mal humor, el «da igual» con el que responden a todo.
Es su manera de gestionar ese cambio porque todavía no tiene las herramientas para hacerlo de otra forma.
Por qué vuelven «diferentes» después de estar con tu ex
Esto lo ha vivido casi cualquier padre o madre en situación de separación: tu hijo vuelve y durante un rato (a veces horas, a veces un día entero) parece otro.
Está distante, irritable, responde mal, no quiere contarte nada.
O al contrario, está tan eufórico y acelerado que no hay manera de calmarlo.
Y es fácil que en ese momento pienses que algo ha pasado en la otra casa o que tu hijo te está castigando.
Casi nunca es eso.
Lo que estás viendo es el tiempo que necesita para volver a adaptarse.
A tus horarios, a tus normas, y a vuestra forma de hacer las cosas.
Cuánto influye tu estado emocional en cómo viven ellos el cambio
Tu hijo no se fija en lo que le dices en los días de cambio.
Se fija en cómo estás tú.
Puedes decirle «venga, que lo vas a pasar genial» con una sonrisa, y si por dentro estás tenso, triste o enfadado, él lo sabe.
Los niños tienen una capacidad impresionante para captar el estado emocional de sus padres, sobre todo en situaciones que ya de por sí les generan incertidumbre.
Por eso, si el día del cambio tú estás tranquila, el mensaje que le llega es: «esto es normal».
Si estás en tensión, el mensaje que capta es: «esto es difícil, aquí pasa algo».
Y un niño que siente que el cambio es una amenaza lo va a vivir con mucha más angustia que uno que siente que sus padres lo manejan con calma.
Cómo preparar a tu hijo antes del cambio para que se vaya tranquilo
Tras la separación, cuando llega el verano muchos padres ponen el foco en las fechas, las maletas y los cambios de casa.
Sin embargo, hay algo igual de importante que suele pasar desapercibido: cómo viven los niños las horas previas a cada cambio.
Y si hay un momento en el que los padres separados cometen más errores sin darse cuenta, es este: las horas previas al cambio.
Y esto ocurre porque nadie les ha explicado que lo que sucede antes de que tu hijo salga por la puerta puede influir en cómo vive los días siguientes.
La despedida no empieza cuando tu expareja viene a recoger a tu hijo.
Empieza mucho antes.
Y lo que hagas en ese rato importa más de lo que imaginas.
Qué decirle (y qué no) cuando se va con su padre o su madre
Lo primero que hay que entender es que, antes de un cambio de casa, muchos niños están más sensibles de lo habitual.
Y en esos momentos suelen verse más afectados por las palabras que escuchan.
Hay frases que parecen inofensivas y que sin embargo añaden peso a algo que ya le cuesta:
– «No sé qué voy a hacer yo aquí sin ti”.
Lo que para ti puede ser una muestra de cariño.
Para tu hijo puede convertirse en la sensación de que se marcha dejándote solo o triste.
– «Pórtate bien, que allí las cosas son diferentes.» Parece un aviso útil. Para él es un mensaje de que tiene que estar en guardia.
– «Ya sé que no te apetece mucho ir, pero qué le vamos a hacer.» Parece empatía. Para él es una confirmación de que irse es algo malo.
Lo que tu hijo necesita escuchar antes de un cambio es que vas a estar bien, que él va a estar bien, y que cuando vuelva todo va a seguir igual.
Los rituales de despedida dan seguridad
Los rituales ayudan a los niños porque les permiten anticipar lo que va a ocurrir.
Saben qué viene después, qué pueden esperar y que ya han pasado por esa situación otras veces.
Son una forma de convertir un momento que genera incertidumbre en un momento conocido.
Y lo conocido da seguridad.
No tiene que ser nada especial. Puede ser un abrazo, una frase como «nos vemos muy pronto» o un gesto que repetís siempre antes de despediros.
La idea es evitar convertir la despedida en un drama.
Tan importante como tener un pequeño ritual es evitar algunos errores comunes.
Cuando alargamos demasiado la despedida, sin querer transmitimos que estamos preocupados o que nos cuesta dejarle marchar.
Y eso puede hacer que el niño sienta que realmente hay algo de lo que preocuparse.
La despedida ideal es cariñosa, breve y transmite seguridad
Cuando vuelve a casa: cómo gestionar el reencuentro sin tensión
Después de la despedida llega otro momento importante: la vuelta a casa.
Tu hijo cruza la puerta con su maleta, y de repente no sabes muy bien cómo recibirle.
¿Le abrazas como si no hubiera pasado el tiempo?
¿Le dejas espacio?
¿Le preguntas qué tal ha estado o esperas a que él te lo cuente?
Lo que muchos padres no esperan es que, después de unos días o unas semanas fuera, su hijo necesite un tiempo para volver a adaptarse.
Gestionar bien ese momento no es complicado, pero sí requiere prestar atención a pequeños detalles que pueden facilitar la transición de una casa a otra.
Por qué los primeros minutos del reencuentro son tan importantes
Cuando tu hijo vuelve después de una quincena o un mes con su padre, vuelve con todo lo que ha vivido durante ese tiempo.
Viene cargado de experiencias, de emociones y de la dinámica de la otra casa.
Y tú también llegas a ese momento con tus propias emociones.
De haberle echado de menos, de haber gestionado su ausencia como has podido, de las ganas de recuperar el tiempo y el contacto.
Por eso, el error más común en el reencuentro es lanzarse demasiado rápido:
– el abrazo intenso que dura demasiado y que él no sabe cómo terminar,
– la avalancha de preguntas: «¿qué has hecho?, ¿cómo te ha ido?, ¿has comido bien?, ¿te lo has pasado bien?»…,
– o agobiarlo con planes y propuestas que en ese momento le sobran.
Los primeros minutos del reencuentro funcionan mejor cuando son tranquilos, sin exigencia y sin interrogatorio.
Un «me alegro de tenerte aquí» sin necesitar respuesta inmediata.
Y después, espacio. Dejarle que entre, que se instale, que vuelva a su sitio a su ritmo porque
los niños no tienen un interruptor de apagar y encender.
Necesitan tiempo para volver a situarse, recuperar sus rutinas y sentirse de nuevo en casa.
Qué hacer cuando tu hijo vuelve sin querer hablar
Lo primero que hay que recordar es que ese mal humor no va dirigido a ti.
Tu hijo acaba de volver de otra casa, de otras rutinas y de otra forma de organizarse.
Igual que hemos visto antes, los niños no tienen un interruptor de apagar y encender.
Si respondes a ese mal humor con más tensión, lo normal es que se cierre todavía más y te conteste mal.
Lo que suele funcionar mejor es no tomártelo como algo personal.
Dale tiempo, mantente disponible y deja que vuelva a acercarse a su ritmo.
Cómo ayudar a tu hijo a volver a la rutina
Después de tantos días fuera, volver a la rutina es necesario.
Los niños necesitan rutinas porque les ayudan a sentirse seguros. Les recuerdan que siguen teniendo su lugar y que su vida continúa.
Sin embargo, volver a todos los horarios y normas desde el primer momento no siempre es la mejor opción.
Tu hijo acaba de pasar varios días o varias semanas viviendo otra dinámica. Aunque las normas sean parecidas, ha estado en otra casa, con otros horarios y otras costumbres.
Por eso, es normal que necesite un pequeño tiempo de adaptación.
Lo que mejor funciona es dar un margen de transición.
A veces basta con que el primer día sea un poco más tranquilo.
O con dejar para el día siguiente algunas rutinas que pueden esperar unas horas.
Lo importante es que la vuelta a la rutina no se viva como una carrera para recuperar el tiempo perdido.
Poco a poco, tu hijo volverá a encontrarse con sus horarios, sus hábitos y con la relación que teníais.
Eso es lo que realmente le ayuda a sentirse seguro: comprobar que vuestra relación es la misma y que puede volver a su vida cotidiana sin prisas y sin tensión.
Lo que si depende de ti
Muchas veces, cuando hablo con padres y madres sobre los cambios de vacaciones, me dicen: «vale, pero yo puedo hacer todo esto, ¿y si el otro no pone de su parte?»
Eso ocurre, y es agotador, y es injusto.
Pero en este punto voy a hablarte de lo que sí está en tu mano.
De lo que puedes hacer, aunque el otro no cambie.
Porque, aunque no puedas controlar lo que ocurre en la otra casa, sí puedes controlar cómo gestionas tu casa, cómo te comunicas y, sobre todo, qué recibe tu hijo de ti.
Lo que si puedes hacer por tu hijo
Cuando la situación con tu expareja es complicada, es normal preocuparse por todo aquello que no puedes controlar.
Qué ocurre en la otra casa, cómo se gestionan allí los cambios o si el otro padre pone de su parte son cuestiones que pueden generar mucha frustración.
Sin embargo, hay muchas cosas importantes que sí dependen de ti.
• Puedes preparar a tu hijo antes del cambio de casa.
• Puedes cuidar la forma en la que hablas de su padre o de su madre.
• Puedes recibirle con tranquilidad cuando vuelve.
• Puedes hacer de tu casa un lugar donde se sienta seguro, donde no tenga que elegir entre sus padres y donde pueda ser simplemente un niño.
Eso no es poco. Es muchísimo.
Un niño que tiene al menos un padre que gestiona los cambios con calma, que no le pone en medio de los conflictos, que le escucha y le da estabilidad, lo tiene mucho más fácil para adaptarse a estas situaciones.
Porque, aunque no puedas controlar todo lo que ocurre a su alrededor, sí puedes ser la estabilidad en medio de tantos cambios.
Lo que da seguridad a tus hijos durante las vacaciones
Muchos padres creen que para compensar las dificultades de la separación necesitan hacer más cosas, organizar más planes o intentar que todo sea perfecto.
Sin embargo, lo que más seguridad da a un niño suele ser mucho más sencillo.
Es saber qué va a pasar.
Es encontrarse con ciertas rutinas que se mantienen.
Es saber que cuando llega a casa le esperan las mismas normas, las mismas costumbres y las mismas personas.
No hace falta organizar actividades especiales cada vez que vuelve.
Tampoco hace falta decir que sí a todo para compensar lo que ocurre en la otra casa.
Lo que realmente ayuda a los niños es tener algunos puntos de referencia que no cambian.
La cena juntos.
Las conversaciones antes de dormir.
Las pequeñas rutinas del día a día.
Porque cuando hay cambios entre dos casas, son precisamente esas cosas sencillas las que les ayudan a sentirse seguros y tranquilos.
Lo que tus hijos recordarán de este verano
Cuando el verano termine, tus hijos no recordarán si las vacaciones estuvieron mejor o peor organizadas.
Recordarán cómo se sintieron durante ese tiempo.
A lo largo de este artículo hemos visto que no puedes controlar todo lo que ocurre durante los cambios de casa. Pero sí puedes influir en cómo los viven tus hijos.
Puedes ayudarles a sentirse tranquilos.
Puedes evitar ponerles en medio.
Puedes darles la estabilidad que necesitan para adaptarse a esta nueva etapa.
Eso no significa que sea fácil. Significa que hay cosas importantes que sí dependen de ti.
En el Programa Transformación Familiar Positiva trabajo contigo exactamente eso:
– Recuperar tu equilibrio emocional,
– aprender a comunicarte con tu ex como padres sin reproches.
– Gestionar las diferencias que surjan en la crianza de vuestros hijos.
– Y ayudar a tus hijos a atravesar esta etapa sintiéndose seguros.
Porque cuando la pareja se acaba, la familia no tiene por qué romperse.
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María Dolores Manzanera