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Cómo mejorar la comunicación con tu ex cuando hay hijos en común (guía práctica)

Persona hablando con su ex por el movil

¿Cómo mejorar la comunicación con tu ex?

Cuando la relación de pareja termina, y hay hijos en común, vais a tener que seguir hablando sobre cuestiones relacionadas con vuestros hijos.

Y en muchos casos, se vuelve más complicada que antes.

Porque empiezas hablando de algo sencillo.

Un horario.

Una recogida.

Una decisión del colegio.

Y sin darte cuenta, la conversación se tuerce.

Aparecen reproches.

Malentendidos.

Silencios incómodos.

Y lo que debería ser una conversación sencilla, acaba en discusión.

La comunicación no se complica porque no sepáis hablar.

Se complica porque:

Antes erais pareja.

• Había un “nosotros”.

• Una intención compartida de que la relación funcionara.

Ahora no.

Ahora sois dos personas con una historia común y muchas veces con dolor, enfado, decepción

Y eso se nota y sale al hablaros.

Se nota en cómo interpretas lo que el otro dice.

En cómo respondes.

En lo que das por hecho.

Y en medio de todo esto, están tus hijos, aprendiendo de lo que ven.

Ellos observan y perciben todo lo que ocurre entre vosotros:

• Sienten si hay tensión.

• Si os habláis o ignoráis.

• Cómo os habláis en su presencia e incluso cómo habláis del otro cuando están con vosotros.

Por eso, más allá de la ruptura, hay una pregunta importante:

¿Cómo podemos hablar sin hacernos daño y sin que nuestros hijos queden en medio?

En este artículo vas a entender por qué hablar con tu expareja se vuelve tan complicado cuando hay hijos en común y qué puedes hacer para empezar a cambiarlo.

 Por qué hablar con tu expareja cuesta tanto

Si estás en proceso de separación, quizá ya te has dado cuenta.

Lo más complicado muchas veces no es tomar la decisión.

Lo complicado viene después.

Cuando tienes que seguir hablando con una persona con la que ya no quieres compartir tu vida, y con la que sigues compartiendo lo más importante: tus hijos.

Y aquí es donde muchas personas se bloquean.

Antes podíais hablar.

Antes os entendíais.

Y ahora, cualquier conversación puede acabar mal.

Eso desconcierta.

Te preguntas qué ha pasado.

Por qué hablar de los niños cuesta tanto.

Y por qué una conversación sencilla acaba tantas veces en tensión y discusión.

Vamos a verlo.

El pasado relacional aparece en conversaciones sobre los hijos

«Siempre igual, no me extraña que…»

«Es que tú nunca has sabido ponerles límites…»

¿Te suena?

Son esas frases que empiezan hablando de los niños y terminan siendo un reproche.

Y esto pasa, precisamente, porque tenéis una historia común.

Cuando surge un desacuerdo sobre los hijos, es muy fácil que salte todo lo que arrastráis de la relación.

Y de repente, ya no estás hablando de si los deberes se hacen antes o después de cenar.

Estás hablando, sin darte cuenta, de todo lo que te dolió.

De momentos en los que sentiste que no te apoyaba.

De decisiones que se tomaron sin ti.

De cosas que nunca llegasteis a cerrar.

Por eso, muchas discusiones sobre los niños no van solo de los niños.

Van de la relación.

No pensáis igual, y eso genera tensión

Esto ya pasaba antes.

Cuando estabais juntos, también discutíais sobre cómo educar a vuestros hijos.

Sobre horarios.

Sobre normas.

Sobre lo que se permite y lo que no.

La diferencia es que antes lo ibais resolviendo sobre la marcha.

Ahora no.

Ahora cada uno está en su casa.

Y lo que antes era una pequeña diferencia, ahora se nota mucho más.

Porque ya no hay momentos de ajuste.

Ni conversaciones tranquilas donde acercar posturas.

Y entonces pasa algo muy común.

Lo que antes era algo puntual…ahora se convierte en un problema.

Y aquí es importante que entiendas algo: no pasa nada por no pensar igual.

Cada uno ve las cosas a su manera.

El problema aparece cuando no sabéis cómo gestionar esas diferencias sin que todo acabe en discusión.

 Ya no habláis solo vosotros dos

Después de la separación, pasa algo que muchas veces no se ve.

De repente, en la relación empiezan a aparecer otras voces.

Lo que te dice tu familia.

Lo que te aconsejan.

Lo que te han dicho que te corresponde.

Lo que “deberías” hacer.

Y sin darte cuenta, esas ideas se meten en las conversaciones.

Entonces ya no estás hablando solo con tu expareja.

Estás hablando también con todo lo que llevas dentro.

Y lo mismo le pasa a la otra persona.

Por eso, muchas veces, la conversación se complica más.

Porque ya no sois solo dos intentando entenderos.

Hay muchas más voces ahí, aunque no las veáis.

No tenéis claro cómo relacionaros ahora

Después de la separación, hay algo que casi nadie se plantea.

¿Cómo nos vamos a relacionar a partir de ahora?

Antes estaba claro.

Erais pareja.

Compartíais vida.

Tomabais decisiones juntos.

Ahora no.

Pero tampoco sois dos personas sin relación alguna.

Sois padres.

Y aquí empieza la confusión.

Porque cada uno entiende ese nuevo papel de una manera distinta.

Uno marca distancia.

Otro/a espera colaboración.

Uno decide por su cuenta.

Otro siente que no se le tiene en cuenta.

Y claro…

Así es muy complicado entenderse.

No porque no queráis.

Sino porque no está claro desde qué lugar estáis hablando.

Cómo empezar a comunicarte con tu expareja sin empeorar la situación

Cuando llevas meses o años sintiendo que cada conversación con tu expareja es un campo de minas o ni siquiera os habláis, pensar en mejorar la comunicación puede parecer imposible.

«¿Para qué voy a intentarlo si siempre terminamos igual?» es una frase que escucho mucho en mis sesiones.

Y lo entiendo. La desesperanza aparece cuando acumulamos experiencias dolorosas sin ver una salida.

Pero hoy quiero decirte algo que a mí me ayudó mucho cuando pasé por mi propio proceso de separación: la comunicación no es algo que se tiene o no se tiene.

Es algo que se construye paso a paso, con pequeños cambios que, sumados, transforman por completo la relación entre padres tras la separación.

No se trata de llevaros bien.

Se trata de poder coordinaros sin haceros daño.

Y conseguir lo mínimo necesario para que vuestros hijos puedan crecer en un entorno de colaboración y respeto.

Vamos a ver cómo empezar.

Separar los conflictos de pareja de las decisiones sobre los hijos

Aquí está la clave para mejorar vuestra comunicación.

Y te voy a ser sincera: es lo más complejo y también lo más liberador cuando lo consigues.

Porque una cosa es ser pareja, y otra muy distinta es veros solo como padres con la misión de criar y educar a vuestros hijos.

¿Cómo se hace esto en la práctica?

Te propongo un ejercicio mental: cuando vayas a hablar con tu expareja sobre algo relacionado con los hijos, imagina que estás hablando con el entrenador de tu hijo, con su profesor o con el pediatra.

Con esa persona no tienes historia, no le guardas rencor, no esperas nada de ella más allá de coordinaros para el bienestar de tu hijo.

Con ese entrenador no sacarías los trapos sucios del pasado, ¿verdad?

Pues igual.

Manteniendo las conversaciones centradas en el presente y en lo que los niños necesitan.

No digo que sea sencillo.

Habrá días en que una simple pregunta sobre los deberes te venga recuerdos vividos y afloren emociones.

Pero cuando te des cuenta, para un momento y vuelve al foco: «Esto es sobre mi hija/o, no sobre nosotros».

Y si hace falta, repítelo más de una vez.

 Elegir el momento adecuado para hablar

¿Sabes qué tienen en común muchas discusiones entre exparejas?

Que no empiezan por lo que se dice, empiezan por el momento en el que se dice y cómo se dice.

Y casi siempre ocurre en el peor momento posible.

Cuando recogéis o dejáis a los niños en la puerta de casa o del colegio, con prisas, cansada/o, trabajando o con ellos delante.

Así es muy fácil que cualquier conversación termine mal.

Por eso, uno de los primeros cambios que puedes hacer es este: no hablar de temas importantes en cualquier momento y menos en presencia de los niños.

Porque no todo momento es bueno.

Te dejo algunas ideas sencillas que funcionan:

Acordad una regla clara: los temas importantes no se hablan en las entregas de los niños. Ese momento es para ellos. Para que el cambio de una casa a otra sea tranquilo.

Usad un canal concreto para lo práctico: WhatsApp o email puede servir, pero sin la presión de contestar al instante.

•  Avisa antes si necesitas hablar de algo importante:

“Ahora no quiero hablar de esto. Prefiero que lo veamos con calma. ¿Te parece luego cuando los niños estén acostados?”

Cuando eliges el momento, cambias por completo cómo se da la conversación.

Porque no es lo mismo hablar con prisa, cansancio o tensión que hacerlo con un poco de margen y la cabeza más tranquila.

Y este pequeño cambio, aunque parezca chiquito, ayuda a que podáis hablar y entenderos.

Tener claro el propósito de la conversación

En el fondo, esta es la pregunta que todo padre separado debería hacerse antes de cada conversación:

¿Para qué voy a hablar con mi expareja?

Parece una obviedad, pero no lo es.

Muchas veces hablamos para desahogarnos, señalar, para tener razón, para demostrar que el otro se equivoca.

Y todo eso, siendo humano y comprensible, no ayuda a que tus niños estén mejor.

El bienestar de tus hijos depende, en gran medida, de la calidad de la relación entre sus padres.

Cuando tengas clara esta brújula, muchas decisiones se toman solas:

• ¿Merece la pena discutir por esto? ¿Afecta al bienestar de los niños?

• ¿Cómo le explicaré a mi hijo dentro de unos años cómo gestionamos esta situación?

• ¿Qué recuerdo quiero que tenga de esta época?

Los niños no necesitan padres que nunca se equivoquen ni una familia de anuncio.

Necesitan padres que, a pesar de sus diferencias sean capaces de ponerlos en el centro.

Y eso muchas veces significa callar, elegir batallas y recordar que el objetivo no es ganar, es que tus hijos estén bien.

 Cómo hablar con tu expareja cuando hay decisiones importantes sobre tus hijos

Hay conversaciones que son más sencillas que otras.

Hablar de logística diaria (quién lleva, quién recoge, qué ropa falta) ya es bastante complicado cuando la relación está mal.

Pero cuando llega el momento de decidir algo de verdad importante para vuestros hijos (el colegio al que irán, una actividad extraescolar que implica compromiso, cómo educarles en valores) la cosa se tensa más.

Y tiene sentido que sea así.

Porque estas decisiones tienen que ver con vuestros valores, con vuestros miedos, con lo que deseáis para ellos.

Y cuando ya no compartís la vida, compartir estas decisiones puede parecer una misión imposible.

Pero no lo es. Vamos a ver cómo abordarlo.

 Cómo hablar con tu expareja sobre el colegio, las actividades y futuro de tus hijos.

Las decisiones sobre tus hijos son de las que más cuestan.

Elegir colegio, cambiar de centro, apuntar a una actividad que requiere inversión económica y de tiempo, decidir sobre estudios futuros… Todo esto genera tensión.

Lo primero que necesitas entender es que, tanto tu expareja como tú, seguís siendo sus padres, aunque ya no seáis pareja.

Esto significa que, aunque los niños vivan más tiempo con alguno de vosotros, las decisiones importantes sobre educación, salud y cuestiones importantes tenéis que tomarlas juntos.

Dicho esto, ¿cómo puedes abordar estas cuestiones sin que acabe en una discusión?

Elige el canal adecuado. No es lo mismo hablar de esto en la puerta del colegio que sentados a hablar con calma, aunque sea a través de un medio digital.
Puedes decir algo tan sencillo como: «Me gustaría habláramos del colegio del año que viene, ¿cuándo podríamos hablar?».

• No improvises. Antes de hablar, piensa qué quieres proponer y por qué.
Llegar con las ideas claras ayuda a que la conversación no se convierta en un cruce de opiniones sin sentido.

• Habla desde tu punto de vista, no para imponer. En lugar de intentar convencer, comparte.

Por ejemplo:
“He estado pensando en esto…”
“A mí me preocupa que…”

Eso abre la conversación. No la bloquea.

• Escucha, aunque no te guste lo que oyes.

Tu expareja puede ver cosas que tú no estes viendo.

Y aunque ahora cueste reconocerlo, también quiere lo mejor para vuestros hijos.

 Cómo acordar normas en cada casa con calma

Esta es una de las preguntas que más me hacen: «¿Cómo puedo conseguir que en casa de su padre/madre hagan las cosas como yo quiero?».

Y la respuesta, aunque duela, es: no puedes.

Cada casa es diferente.

Y eso no es un problema, es una realidad.

Cuando os separasteis, vuestros hijos pasaron a vivir entre dos casas.

Y eso implica dos formas de hacer las cosas.

El objetivo no es que todo sea igual en ambas casas.

El objetivo es que no haya contradicciones importantes.

Te doy algunas ideas que pueden ayudarte:

• Diferencia lo importante de lo que no lo es.

Hay cosas en las que sí merece la pena poneros de acuerdo: lo que afecta a la salud, la seguridad o los valores.

Y hay otras en las que no: horarios de pantalla, cómo se organiza la habitación o qué se desayuna.

En lo importante, acerca posturas.

Ahí sí es necesario hablar y buscar un punto en común.

• En lo demás, aprende a soltar el control.

Porque en casa del otro se harán las cosas a su manera.

• Habla de necesidades, no de normas rígidas.

En lugar de decir: “tiene que acostarse a las nueve”prueba con: “necesita dormir sus horas para estar bien al día siguiente”

A partir de ahí, cada casa encontrará su forma de hacerlo.

 Cómo organizar horarios y cambios sin discusiones

El día a día con los niños es donde más se nota todo.

Y cuando la relación está tocada, cualquier pequeño cambio puede acabar en discusión.

Por eso, el primer consejo es muy práctico:

• Utilizar herramientas que os ayuden a organizaros sin tener que hablar todo el tiempo.

Calendarios compartidos (Google Calendar funciona muy bien), aplicaciones de coparentalidad o incluso un WhatsApp solo para temas prácticos.

• Limitar limitar la comunicación a lo imprescindible hasta que la tensión baje.

• Cuando surgen cambios (un niño enfermo, un viaje de trabajo, un cumpleaños), hay dos claves que te ayudarán:

– Anticipar los cambios siempre que puedas.

No es lo mismo decir: “La semana que viene tengo un viaje “que decir: “oye, mañana no puedo, ¿te quedas tú?”

– Sé flexible.
Habrá veces en las que el otro no podrá ayudarte.

Y otras en las que tú tampoco podrás.

Y eso forma parte de la realidad.

• Cuida los momentos de intercambios de los niños.

Son momentos delicados.

Si podéis, que sean rápidos, tranquilos y centrados en los niños.

Nada de sacar temas importantes ahí.

Un beso, una mochila… y cada uno a su casa.

 Qué hacer cuando no hay acuerdo en decisiones importantes

Llegados a este punto, es normal que te preguntes: ¿Y si no hay manera?

¿Si hablo, propongo, intento acordar… y el otro se niega?

Puede pasar.

Y es importante saber qué hacer cuando ocurre.

Porque habrá decisiones en las que, por mucho que lo intentéis, no encontréis ese punto en común.

Y ahí no se trata de rendirse…se trata de saber cómo avanzar sin que esto os bloquee.

Acepta que no puedes controlar al otro

Esto es lo primero. Y aunque cuesta, también libera:

No puedes obligar a tu expareja a estar de acuerdo contigo.

Puedes explicar, argumentar, insistir…pero su forma de ver las cosas es suya.

Y cuanto más intentes forzar, más resistencia vas a encontrar.

Cuando entiendes esto, dejas de gastar energía en cambiar al otro y empiezas a centrarte en cómo gestionas tú la situación.

No todo es urgente

Muchas veces el problema no es solo el desacuerdo…es la prisa.

Sentimos que hay que decidir ya, y eso lo complica todo.

Pero no siempre es así.

Pregúntate:

¿Esto hay que decidirlo hoy?

¿Esta semana?

¿O podemos darnos un poco de margen?

Muchas decisiones importantes (colegio, actividades, temas médicos no urgentes) pueden esperar.

Y cuando hay tiempo, muchas veces las posturas se acercan solas.

Apóyate en alguien que os ayude a hablar

Hay momentos en los que solos no podéis.

Y no pasa nada.

En esos casos, contar con una persona neutral os puede facilitar que podáis hablar. 

Alguien que os ayude a escucharos sin que la conversación se desvíe al pasado o al reproche.

Puede ser un mediador, un profesional o alguien de confianza que ambos respetéis.

A veces, solo cambiar la forma de mirar el problema ya abre una puerta.

Si no hay acuerdo, probad con acciones pequeñas con cortos  periodos de tiempo

No todo tiene que decidirse “para siempre”.

A veces, probar durante un tiempo ayuda mucho más que discutir.

Por ejemplo: ¿y si lo probáis un mes y luego valoráis?

Quita presión.

Y convierte la decisión en algo más manejable.

Aprende a convivir con algunos desacuerdos

Esta es la parte más complicada.

Pero también una de las más importantes.

Hay padres separados que no están de acuerdo en todo…y aun así, sus hijos están bien.

Porque los niños entienden que hay dos casas.

Lo que realmente les afecta no es que las cosas se hagan distinto.

Es el conflicto.

Las malas caras.

Las discusiones.

Sentirse en medio.

Por eso, cuando haya un desacuerdo que no podéis resolver, pregúntate: ¿esto afecta de verdad al bienestar de mis hijos…o afecta más a cómo me gustaría que se hicieran las cosas?

Hasta ahora hemos hablado de herramientas, de cómo organizaros y de qué hacer cuando no hay acuerdo.

Pero hay algo aún más importante.

Porque todo eso sirve de poco si no cambia la base sobre la que os estáis comunicando.

 Aprender a comunicarte con tu expareja es una habilidad que se puede entrenar

Si hay algo que quiero que te lleves de este artículo es que: la comunicación con tu expareja no es un don.

No es algo que algunas personas tengan y otras no.

Es una habilidad.

Y como cualquier habilidad, se puede aprender.

Se puede practicar.

Y, sobre todo, se puede mejorar a través de la repetición.

Cuando trabajo con familias, escucho con frecuencia esto de: “es que con él/ella es imposible comunicarse”.

Y puede que, como pareja, fuera así.

Pero ahora ya no sois pareja.

Sois padres.

Sois compañeros de crianza.

Y eso implica aprender una nueva forma de relacionaros.

No es el idioma que hablabais antes.

Es otro.

Uno que probablemente no habéis practicado nunca…pero que podéis aprender.

No va de hacerlo perfecto.

Va de intentarlo.

Una y otra vez.

Porque cada avance, por pequeño que sea, es un paso hacia tu propio bienestar y el de vuestros hijos.

 Los patrones de comunicación que se repiten tras la separación

¿Te ha pasado alguna vez que sientes que estás repitiendo la misma conversación una y otra vez?

Tú dices algo.

Tu expareja responde.

Y en cuestión de minutos, estáis discutiendo igual que antes.

Como si nada hubiera cambiado.

Y es que hay algo importante que entender: separarse no borra la forma en la que os comunicabais.

Al contrario.

Muchas veces esos patrones se quedan y hasta se intensifican.

Porque ya no hay confianza.

Porque tendemos a pensar peor del otro y nos ponemos a la defensiva.

Y porque ya no están esos momentos buenos que antes compensaban los malos.

Por eso, más que intentar “decirlo mejor”, el primer paso es otro: darte cuenta de qué patrón se repite entre vosotros.

Fíjate, por ejemplo:

• ¿Acabáis entrando siempre en reproches?

• ¿Uno insiste y el otro se cierra?

• ¿La conversación se va rápidamente al pasado?

• ¿Sube el tono en pocos minutos?

Todos tenemos un patrón.

Y reconocer el tuyo es clave.

Porque hay algo que es imposible: cambiar lo que no ves.

Cómo cambiar la forma de comunicarte, aunque el otro no cambie

Aquí viene la buena noticia y la mala noticia juntas.

La mala es que no puedes cambiar a tu expareja.

– Por mucho que lo intentes.

– Por mucho que se lo expliques.

– Por mucho que le insistas.

Pero la buena es esta: para cambiar la comunicación, solo necesitas cambiar tú.

La comunicación es como un baile.

Si tú cambias tus pasos, aunque el otro siga haciendo lo mismo, el baile ya no es igual.

Dejas de chocar.

Dejas de entrar en la misma discusión de siempre.

Y poco a poco, la otra persona también empieza a moverse diferente, aunque no se dé cuenta. 

Y eso es lo que pasa cuando cambias tu forma de hablar.

El otro también empieza a cambiar, porque lo que hacía antes, ya no le funciona.

¿Cómo hacerlo en la práctica?

• Cambia el momento.

Si siempre discutís por la noche, prueba a hablar por la mañana.

Y si es posible, evita los momentos justos después del trabajo. El cansancio y la tensión influyen más de lo que parece. 

• Cambia el canal.

Si hablar cara a cara o por WhatsApp acaba siendo un campo de batalla, usa otro medio para lo importante, como el correo electrónico. 

• Cambia la manera de responder.

Cuando diga esa frase que siempre te enfada o te hace responder mal, no respondas igual que siempre.

Haz una pausa.

Respira.

Y contesta algo distinto, aunque sea: “prefiero pensarlo y te digo algo luego.”

• Cambia el foco.

Si la conversación se va al pasado, recondúcela hacia el propósito inicial:“entiendo lo que dices, pero vamos a centrarnos en lo que tenemos que decidir ahora sobre los niños.”

No se trata de tener razón. 

Se trata de no volver caer en lo mismo de siempre. 

Porque para que algo cambie, no hace falta que cambien los dos.

A veces basta con que uno empiece.

Cómo lo que pasa entre vosotros afecta a tus hijos

Si al leer el artículo has pensado: “uf…bonitos consejos, pero en mi caso no va a funcionar. Haga lo que haga, no va a servir de nada, ¿para qué lo voy a intentar, si total?

Déjame recordarte por qué merece la pena.

Cuando hay tensión entre vosotros, tus hijos lo notan y les afecta más de lo que parece.

No me refiero a que no podáis tener puntos de vista diferentes.

Ni a que no podáis discutir alguna vez.

Me refiero a:

A ese ambiente tenso que se repite.

A esas conversaciones que siempre acaban mal.

A esa sensación de que todo es una batalla.

Porque los niños aprenden de lo que ven.

Si ven que os habláis con respeto, aunque ya no seáis pareja, aprenden que la relación como familia puede cambiar sin romperse del todo.

Si ven que sois capaces de hablar de ellos sin pelearos, aprenden que son más importantes que vuestras diferencias.

Si ven que os coordináis, aunque cueste, aprenden que pueden seguir contando con los dos sin tener que elegir por uno u otro.

Y al revés.

Cuando los niños viven discusiones, silencios tensos, o malas caras, lo sienten, aunque no sepan explicarlo.

Se sienten en medio de vuestros desencuentros.

Divididos.

A veces, incluso culpables.

Algunos se ponen nerviosos.

Otros se enfadan más.

Otros aprenden a callarse para no molestar.

Cada niño gestiona la situación lo mejor que puede, porque no tienen herramientas para entender ni manejar lo que está pasando. 

Tus hijos no necesitan que seáis amigos.

Solo necesitan: no sentirse en medio de vuestras disputas, no tener que elegir y poder quereros a ambos.

Necesitan ver que, aunque la pareja se haya roto, seguís siendo los padres que ellos necesitan para sentirse seguros, queridos y tranquilos.

Un último mensaje para ti, que has llegado hasta aquí

Llevamos un buen rato hablando de lo complicado que es comunicarse con la expareja.

De por qué pasa.

Y de cómo puedes empezar a hacerlo mejor.

Y si has llegado hasta aquí, es porque algo dentro de ti te dice que necesitas ayuda.

Que por mucho que lo intentes, a veces no basta con la buena voluntad.

Que necesitas herramientas.

Estrategias.

Y, sobre todo, alguien que te guíe en este proceso sin juzgarte, entendiendo exactamente por lo que estás pasando.

Porque no se trata de saber, se trata de poder

Tú ya sabes muchas cosas.

Sabes que deberías controlarte.

Que no tendrías que contestar según qué mensajes.

Que tus hijos están en medio.

Pero cuando llega el momento, cuando recibes ese mensaje que te enfada o te hace responder mal, todo eso se te olvida.

Y ahí es donde hace falta algo más que teoría.

Hace falta ver como se transforma una conversación complicada, prácticar y ver casos realies. 

Te hablo desde la experiencia, no desde el manual

Llevo desde 2011 acompañando a madres y padres que, como tú,necesitan aprender a relacionarse como padres después de la ruptura.

Y hay algo que tengo claro: las conversaciones con tu ex pueden cambiar.

Por eso he creado el taller: “Quiero aprender a hablar con mi ex sin discutir”

No es un taller teórico más. 

Es un taller en directo y práctico, donde trabajamos con situaciones reales de tu día a día.

Donde vas a aprender a:

• Entender por qué muchas conversaciones terminan mal, aunque empiecen bien

• Detectar el momento exacto en el que la comunicación se bloquea

• Responder con claridad y calma cuando recibes un mensaje que te remueve

• Evitar que cada conversación se convierta en una discusión

Este taller solo se abre dos veces al año.

Y las plazas son limitadas, porque trabajo de forma muy cercana con cada persona.

Si sientes que esto es para ti, no lo dejes pasar

Apuntarte a la lista de espera no te compromete a nada.

Solo te permite enterarte antes que nadie cuando abramos inscripciones y tener toda la información para decidir con calma.

Y si cuando llegue el momento no te encaja, no pasa nada.

Pero al menos tendrás la opción.

Porque hay algo importante: tus hijos merecen crecer sin esa tensión constante.

Y tú también.

👉 Quiero apuntarme a la lista de espera del taller
(Sin compromiso. Solo para recibir la información cuando abramos inscripciones.)

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