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Imaginario social y divorcio: cómo afecta a tus hijos la etiqueta de «familia rota»

Niños jugando en casa

El imaginario social en el divorcio con hijos no es solo un conjunto de ideas culturales, sino una presión silenciosa que puede marcar su infancia. 

¿Te has preguntado alguna vez si el mayor daño del divorcio no está en la separación en sí, sino en todo lo que se dice sobre ella?

Cuando hay hijos, además de reorganizar la vida familiar, aparece una idea muy arraigada en nuestra sociedad: que el divorcio rompe a la familia y que esa ruptura va a dañar a los niños.

Esa idea no nace de tu experiencia ni de la de tus hijos.

Forma parte del imaginario social del divorcio en el que vivimos.

Porque cuando una madre o un padre decide separarse, además de atravesar su propio proceso emocional, empieza a convivir con una serie de mensajes que vienen de una idea generalizada e interiorizada:

• Cómo “debería” ser una familia.

• Qué “significa” divorciarse.

• Qué se supone que les pasa a los niños cuando sus padres dejan de vivir juntos.

Tal vez nunca te habías parado a pensarlo, pero esos mensajes están ahí.

En frases que escuchas. En miradas. En consejos no pedidos.

Y poco a poco, ese mensaje va calando en nuestra mente provocando miedo:

“Tu familia está rota.”

“Tus hijos van a sufrir.”

“Esto es un fracaso.”

Nada de esto es verdad.

Pero es el guion que nuestra sociedad ha repetido durante años.

Por eso, en este artículo quiero ayudarte a mirar con más claridad: a entender cómo ese imaginario social negativo influye en ti… y cómo acaba influyendo en tus hijos.

Después de más de quince años acompañando a familias en procesos de separación, he visto una y otra vez lo mismo: muchas de las dificultades entre los padres tras la separación no vienen de la separación en sí, sino de las creencias que la rodean.

Mi intención con este artículo es ayudarte a ponerles nombre, cuestionarlas, y empezar a construir un relato diferente.

Un relato que:

• proteja la infancia de tus hijos,

• alivie la culpa, y te permita vivir esta etapa desde una separación positiva y constructiva… aunque durante mucho tiempo te hayan dicho que eso no es posible.

Cuando te separas no partes de cero: ya existe una idea social sobre el divorcio

Y no partes de cero porque desde el momento en que piensas en la posibilidad de separarte, aunque no lo hayas decidido aún ya empieza un proceso interno.

Empiezas a buscar información en internet, a leer lo que dicen en redes sociales, a preguntar a personas conocidas que ya han pasado por la separación…

Y sin darte cuenta, empiezas a absorber ideas sobre lo que supone una ruptura con hijos.

Muchas de esas ideas ya estaban también en tu entorno familiar o en tu historia personal.

Quizá porque has vivido separaciones cerca.

O porque creciste escuchando lo que supuestamente le pasa a una familia cuando los padres se separan.

Por eso, cuando llega el momento de separarte, la conversación ya estaba empezada.

Solo que no eras tú quien la dirigía.

La sociedad ya tiene un relato formado sobre:

• cómo debe ser una familia,

• qué se espera de una “buena madre” o un “buen padre”,

• y qué consecuencias “inevitables” tendrá esta decisión sobre los hijos.

Ese mensaje está tan presente que cuesta verlo…

Pero influye.

Y cuanto más interiorizado lo tienes, más complicado se hace transitar este cambio familiar de forma tranquila.

Aquí está la clave: esas ideas no son tuyas.

No vienen de tu experiencia ni de la de tus hijos.

Son ideas heredadas.

Comprender esto es el primer paso para empezar a soltar esas ideas aprendidas sobre el divorcio o la separación con hijos en común.

 ¿Qué es el imaginario social y por qué influye en el divorcio con hijos, aunque no lo veas?

Cuando una pareja se separa, suele pensar que está tomando una decisión personal.

Y en parte lo es.

Pero también es una decisión que se toma dentro de una sociedad que hace más difícil la separación porque ya tiene su propia idea sobre:

• lo que es una familia,

• lo que significa divorciarse,

• lo que les ocurre a los hijos cuando sus padres dejan de convivir.

A ese pensamiento colectivo la llamamos imaginario social.

No es una opinión individual.

Son unas “gafas invisibles” con las que toda la sociedad interpreta lo que ocurre.

El problema es que esas creencias vienen cargadas de juicios.

Nos dicen lo que es correcto… y lo que es un fracaso.

Y, sin darte cuenta, van marcando cada paso que das.

 ¿De dónde viene la etiqueta de “familia rota”… y por qué sigue viva?

Durante generaciones, se ha enseñado que la familia “de verdad” es solo una: padre, madre e hijos bajo el mismo techo.

Todo lo que se sale de ese modelo se ha entendido como un problema, una pérdida o una carencia.

Y aquí es donde entra en juego el imaginario social negativo sobre el divorcio.

De ahí nace la famosa etiqueta de “familia rota”.

No aparece por casualidad.

Viene de siglos de tradición cultural y religiosa que han asociado el divorcio con el fracaso… y con el daño inevitable a los niños.

Aunque hoy sabemos mucho más sobre bienestar infantil y diversidad familiar, ese mensaje sigue muy vivo.

Lo escuchamos en frases como:

• “Los niños necesitan a sus padres juntos.”

• “El divorcio siempre les pasa factura.”

• “Eso no es una familia de verdad.”

No siempre se dicen con mala intención.

Pero sí dejan huella e influye en nuestras decisiones y acciones.

 ¿Por qué separarse no es solo una decisión personal?

Cuando te separas, es como si lo hicieras en mitad de una plaza llena de gente mirando. Cada uno con su opinión sobre lo que deberías hacer.

Personas que además de opinar, te observan, y a veces, sin querer, juzgan.

El colegio, tu familia, los amigos, los medios de comunicación…

En todos estos contextos emiten mensajes sobre cómo debería vivirse la separación.

Y eso influye directamente en:

• cómo te sientes,

• cómo actúas,

• y cómo te relacionas con tu expareja.

Muchos padres me dicen en sesión: “Yo quería hacerlo bien… pero parece que todo a mi alrededor empuja al conflicto.”

Y no es casualidad.

Es el imaginario social actuando en silencio.

 ¿Puede una creencia social acabar marcando el destino de los niños?

Aquí llegamos a un punto clave.

Cuando una sociedad cree que los hijos de padres separados están destinados a sufrir… empieza a mirarlos como si ya estuvieran rotos, tristes o en peligro.

Y eso, aunque no se diga en voz alta, se nota.

En las miradas, en los comentarios, en los gestos… de profesores, familiares o personas bienintencionadas que los observan esperando que algo vaya mal.

Esa expectativa se transmite.

Y sin darnos cuenta, se trata al niño como si ya estuviera mal.

En vez de confiar en su capacidad para adaptarse, se le etiqueta con pena o preocupación.

Y muchas veces, el niño no reacciona a la separación… sino a lo que los adultos esperan que le pase.

Cuando eso ocurre, el miedo se convierte en profecía: acaba generando justo lo que se quería evitar.
Y no te lo cuento para que te asustes.

Te lo explico para que veas esto con más claridad:

Muchos de los miedos que hoy tienes no vienen de tus hijos, sino del relato social que rodea tu separación.

Y ahí es donde surge la gran pregunta:

“Entonces… ¿Qué puedo hacer para que esto no les dañe?”

La buena noticia es que no necesitas cambiar la cultura de golpe.

Solo revisar las creencias con las que estás acompañando tu proceso.

Y eso… también es una forma muy poderosa de proteger a tus hijos.

Separación positiva: proteger a los hijos también pasa por revisar creencias

Después de acompañar a muchas familias en procesos de separación, hay algo que se repite siempre: el mayor miedo no es separarse, es hacer daño a sus hijos.

Y ese miedo es comprensible.

Porque nadie nos enseña cómo separarnos sin dañar, ni cómo acompañar a los hijos cuando también están viviendo su propio proceso.

Porque amamos a nuestros hijos… y solo pensar que podemos hacerles daño ya nos duele por dentro.

Y porque el imaginario colectivo refuerza la idea de que separar es romper y dividir.

Que si te separas, algo se rompe para siempre.

Pero con el tiempo he visto que no todo el dolor que hay tras la ruptura viene de la separación en sí.

Una parte importante nace de las creencias que arrastramos sobre lo que ha de ocurrir cuando una familia cambia de modelo en su forma de relacionarse y organizarse.

Por eso, hablar de separación positiva no es hablar de hacerlo perfecto.

Es hablar de ser conscientes de qué ideas estás haciendo tuyas sobre la separación (muchas veces sin darte cuenta) y de cuáles puedes empezar a soltar.

Porque cuando tu dejas de asumir esas ideas que te hacen daño, tus hijos también empiezan a sentirse más tranquilos y seguros.

¿Cómo separar el dolor real de la ruptura del daño cultural añadido?

La separación duele.

Porque conlleva una pérdida del modelo familiar que siempre has considerado como válido, un cambio en la forma de estar con los hijos al reorganizar y compartir funciones y roles como padres y un periodo de adaptación a esa nueva dinámica familiar.

Eso es real.

Lo que sí conviene diferenciar es qué parte de ese dolor es inevitable y cuál viene añadida por el imaginario social negativo que rodea al divorcio.

Muchas madres y padres sufren por lo que están viviendo, sí, pero también por lo que creen que deberían estar viviendo:

● culpa por no encajar en el modelo familiar esperado

● miedo a estar fallando como padres

● vergüenza por no haber “aguantado”

Este sufrimiento añadido no protege a los hijos.

Al contrario, suele generar más tensión, más inseguridad y un clima emocional más cargado en casa.

TIP para empezar a diferenciarlo: cuando sientas dolor o malestar, pregúntate:

¿Esto nace de lo que estoy viviendo… o de lo que me dijeron que tenía que sentir?

Si no lo viviste tú, si solo lo aprendiste, es muy probable que puedas soltarlo.

Darse cuenta de qué parte del dolor es real y cuál viene del miedo o la culpa que te han hecho creer, te ayudará a sentirte más fuerte para acompañar a tus hijos.

¿Qué está en tu mano cambiar tras la separación?

Tenemos que reconocer que hay aspectos de la separación que es imposible controlar.

Por ejemplo, las decisiones de tu expareja o las opiniones ajenas.

Pero hay algo que sí depende de ti: la manera en la que interpretas lo que ocurre y cómo se lo transmites a tus hijos.

Revisar creencias no significa convencerte de que todo es fácil.

Significa hacerte preguntas honestas:

● ¿Esta idea me ayuda a cuidar a mis hijos o me llena de miedo y culpa?

● ¿Esto nace de mi experiencia real o de mensajes que he escuchado toda la vida?

Cuando tu empiezas a soltar esas ideas sobre la separación que ni siquiera son tuyas, tus hijos empiezan a ver la ruptura como lo que es: una reorganización de la vida familiar en la que sus padres comparten su cuidado y responsabilidad.

¿Cómo acompañar a tus hijos para que se adapten a la nueva realidad familiar?

A veces, por miedo a dañar a sus hijos, los padres se mueven entre dos extremos:

dramatizar la separación,

aparentar que no pasa nada.

Y ninguno de los dos extremos ayuda.

Los hijos necesitan la verdad, pero una verdad adecuada a su edad, sin etiquetas dañinas.

No necesitan escuchar que su familia está rota, ni que ahora todo será más complicado.

Tampoco que su historia queda marcada porque sus padres pongan fin a su relación de pareja.

Aquí las palabras importan.

Mucho.

Y como decía una profe de la universidad: “las palabras nunca son inocentes” porque todas llevan una intención y crean imágenes en la mente, incluso en la de los niños.

Las palabras que utilice pueden darles calma… o hacerles sentir inseguros, tristes y con miedo.

TIP práctico que puedes aplicar

Si tu hijo te hace una pregunta complicada (como “¿ya no vais a vivir juntos?”), no huyas ni endulces la respuesta.

Respóndele con una frase cortita, verdadera y adecuada a su edad: “Papá y yo vamos a vivir en distintas casas, y seguimos siendo tus padres, aunque no estemos juntos en la misma casa, y vamos a cuidarte siempre.”

Cómo construir un relato familiar más allá del imaginario social

Cuando madres y padres se atreven a revisar lo que han vivido y a preguntarse desde qué mirada (positiva o negativa) quieren contar su historia, están haciendo algo muy valiente: están protegiendo a sus hijos del impacto que producen los mensajes que hacen daño.

Aunque el entorno no cambie de inmediato, ellos sí están cambiando algo esencial: el modo en que se reorganiza la familia y se cuida lo que realmente importa.

Este trabajo es invisible, pero deja huella.

Porque los niños perciben mucho más de lo que creemos.

No solo escuchan lo que se les dice.

También sienten el ambiente que los rodea.

Y ahí es donde empieza su bienestar… o su inseguridad.

TIP práctico que puedes aplicar

Pregúntate esto al final del día:

“Si mi hijo pudiera narrar hoy cómo es su familia… ¿qué historia contaría?”

Y después, pregúntate: ¿Esa historia refleja miedo o confianza? ¿Pérdida o posibilidad? ¿Confusión o tranquilidad?

Cuesta hacer este ejercicio, pero puede ayudarte a tomar conciencia de qué relato estás construyendo sin darte cuenta… y decidir si quieres cambiarlo.

¿Qué captan los niños incluso cuando nadie se atreve a hablar de lo que está ocurriendo en casa?

Aunque no lo digas en voz alta, tus hijos lo notan.

Captan los cambios, sienten lo que no se explica, perciben el ambiente.

Por eso, cuando hablamos de cómo afecta el divorcio a tus hijos, no podemos quedarnos solo en lo que se dice… o no se dice.

Después de la separación, muchas madres y padres creen que, si evitan hablar de las diferencias con su ex delante de sus hijos, estos no se verán afectados.

La intención suele ser buena: protegerles.

Pero el problema es que los niños no solo escuchan conversaciones.

Son auténticas esponjas emocionales.

Observan:

• cómo están sus padres en el día a día

• si hay tensión o nervios

• si las respuestas son más cortas

• si el ambiente en casa se vuelve inestable

Los niños no solo perciben que la familia ha cambiado; perciben cómo los adultos están llevando ese cambio.

Y no solo captan lo que no se dice… También sienten cómo está el ambiente emocional en casa.

Tus hijos desde bebés perciben vuestras tensiones, silencios, miradas e incluso vuestros cambios en el tono de voz.

Sienten cuándo un adulto está desbordado a nivel emocional, se siente culpable o en estado de alerta.

A veces, los padres me dicen: “Evitamos hablar del tema delante de ellos.”

Y, aun así, los niños están inquietos.

¿Por qué?

Porque el ambiente emocional está cargado de miedo, tristeza o tensión e incomodidad, aunque se evite hablar del tema.

Los hijos responden más a cómo están sus padres que a lo que los padres dicen.

¿Cómo llega el imaginario social a tus hijos sin que nadie se lo diga?

El imaginario social sobre el divorcio entra en la vida de tus hijos de manera indirecta y sin darte ni cuenta.

• comentarios que escuchan de otros adultos

• preguntas incómodas de compañeros de clase

• reacciones del entorno cuando dicen que su padre o madre vive en otra casa,

• incluso en cómo sus propios padres se sienten y se relacionan con ellos

Cuando una madre o un padre tiene en su mente la idea de que su familia está “rota”, sin quererlo transmite inseguridad a sus hijos porque ellos captan el miedo que están sintiendo su padre o madre.

Recuerda que los niños viven y perciben y atribuyen lo que sucede en cada según lo vivas tú.

¿Por qué tu hijo puede pensar que es el causante de tu ruptura?

Una de las consecuencias del imaginario social negativo que rodea la ruptura es que tu hijo sienta que él es el responsable de las discusiones que tenéis vosotros.

Nunca subestimes a tu hijo, por pequeño que sea.

Porque hasta los más pequeños si no les explicas lo que está ocurriendo en casa por mantenerlos al margen construyen con su imaginación la historia de lo que sucede.

Y la historia que se cuentan si os escuchan hablar de ellos, es que son los culpables o que tiene que ver con ellos.

La mente de un niño es como un puzle: todo ha de encajar.

Y si perciben la tensión, tristeza o preocupación en su papá o mamá, intentan encontrar una causa.

Y muchas veces se auto inculpan.

A partir de ahí, algunos niños asumen roles que no les corresponden:

● se vuelven excesivamente responsables y protectores

● intentan estar siempre bien y consuelan al padre o madre que sienten más triste,

● evitan expresar enfado o tristeza para no preocupar

Otros muestran su malestar de formas menos evidente: cambios en el sueño, en el rendimiento escolar o en su actitud.

Estas respuestas hablan de los niños intentando adaptarse.

Por eso es tan importante hablar con los niños sobre la situación para evitar que se sientan culpables y evitar que inventen una historia incorrecta de lo que sucede en casa.

Cuando los padres les explicamos con calma lo que se está viviendo en casa y sin dramatismo, los niños se sienten tranquilos porque perciben que los adultos se están ocupando de todo y ellos pueden estar tranquilos.

Y les damos permiso para ser solo niños, incluso en momentos de crisis familiar.

Cuando la familia, amigos y conocidos refuerza la idea de que el divorcio daña a los niños

Las personas con las que nos relacionamos pueden jugar un papel clave. Para bien… o para mal.

En muchos casos, profesores, familiares o personas cercanas empiezan a mirar a los niños de padres separados con pena y tristeza: “pobrecitos”.

Es una reacción sin maldad, fruto del imaginario, pero que los niños perciben claramente en la forma en que los miran quienes les rodean a diario.

Y esa mirada constante transmite un mensaje silencioso: “hay que vigilarte, porque algo en tu familia no funciona bien”.

Algunos niños responden intentando estar siempre bien, para no confirmar esa sospecha.

Otros comienzan a comportarse como creen que se espera de ellos.

No porque la separación les haya dañado.

Sino porque el entorno, sin darse cuenta, los coloca en el papel de “niño afectado por el divorcio”.

Cuando un niño siente que todos están pendientes de cómo está, puede llegar a pensar que debería sentirse mal… aunque no lo esté.

Por eso, proteger a los hijos no consiste solo en explicarles la separación.

También implica acompañarlos con naturalidad, sin sobreactuar ni dramatizar.

Y aquí el papel de madres y padres es clave.

Porque cuando los padres saben separar su rol de padres y su rol de pareja, forman equipo, colaboran, ponen límites para evitar etiquetas y se apoyan mutuamente, la idea invisible que pueda tener el entorno sobre ellos cambia.

Y entonces, la conversación suele ser esta: “sí, están separados, pero se llevan muy bien, vienen juntos a todas sus actividades y los niños están como siempre.”

Sin darse cuenta, esa actitud rompe con el imaginario negativo que arrastramos desde hace décadas, y ayuda a los niños a normalizar el cambio familiar y adaptarse al nuevo modelo de familia.

La actitud de los abuelos, hermanos y demás miembros de la familia también influye en el bienestar de padres e hijos.

Porque si están contaminados por ese imaginario, se favorecen las diferencias entre los padres, se construye la historia del bueno y del malo, y aparece la obligación de elegir bando por lealtad.

Y esto ocurre porque la familia es un sistema abierto: lo que le ocurre a uno, afecta a todos, directa o indirectamente.

Por eso es tan importante que toda la familia reciba ayuda.

Para que cada miembro sepa cómo actuar, no solo para acompañar a los niños en la transición familiar, sino también para cuidar la relación con sus propios hijos.

Y sus actitudes ayuden y no destruyan la familia de los niños.

Separarse es reorganizar la vida familiar

A muchos padres les alivia escuchar esta idea: la separación no rompe la familia de los hijos.

Lo que cambia no es el amor por los hijos, ni los lazos afectivos entre padres e hijos.

Lo que cambia es la forma de organizarse en el día a día: en los cuidados, en las responsabilidades y en cómo nos relacionamos como padres.

Una familia no deja de ser familia por no vivir todos bajo el mismo techo.

Lo que la mantiene unida es el cuidado, el respeto y el apoyo entre sus miembros.

Cuando los padres viven este proceso con tranquilidad y sin miedo, los hijos lo notan.

Y eso les ayuda a adaptarse sin quedarse con la idea de que su familia se ha roto.

En este bloque vas a ver cómo:

• las palabras que usamos construyen o destruyen este nuevo modelo familiar en la que los padres tienen una vida independiente como personas, y a su vez metas comunes,

• qué es lo que tus hijos necesitan de verdad tras la separación,

• y cómo protegerles de las palabras que escuchan fuera sobre las familias en la que los padres se separan como pareja.

¿Sabías que las palabras que usamos ayudan a construir el nuevo modelo familiar?

Todas las palabras que usas en tu día a día para hablar con los demás y contigo misma/o importan.

Y conviene cuidarlas, porque según las que elijas, pueden ayudarte a construir esta nueva forma de familia o, por el contrario, empujarte sin querer hacia una vida dividida o paralela para tus hijos.

Cuando hablo de una vida dividida o en paralelo, me refiero a que tus hijos pueden terminar viviendo dos mundos familiares separados.

Recuerdo una frase que me marcó en la universidad: “Las palabras nunca son inocentes. Todas tienen una intencionalidad.”

Si tu intención es que tus hijos sigan teniendo una vida familiar feliz, incluso en medio de vuestra ruptura, entonces es clave que cuides cómo te hablas a ti misma/o, cómo hablas con tu ex y qué palabras usas cuando hablas con tus hijos.

No es lo mismo decir “la familia se ha roto” que explicar que ahora funciona y se reorganiza de manera distinta a cuando vivíais todos bajo un mismo techo.

La primera transmite pérdida.

La segunda, adaptación.

Y lo que dices cada día, aunque no te des cuenta, también influye: en tu tono, en tu forma de responder, en la paciencia que muestras.

Cambiar las palabras no es solo hablar diferente.

Es empezar a construir una nueva forma de ser familia, donde tus hijos puedan seguir creciendo con el apoyo incondicional de sus padres, sintiendo que tienen una familia como cualquier otra.

 ¿Qué necesitan tus hijos tras la separación?

A veces creemos que nuestros hijos necesitan que todo esté claro, decidido y resuelto cuanto antes.

Y ese impulso nace del amor. Queremos protegerles.

Pero, en realidad, lo que más tranquilidad les da es algo más simple: saber que sus padres siguen ahí.

Con presencia en su día a día, con cariño, con estabilidad.

No necesitan entender cada detalle.

Necesitan sentir que las cosas importantes siguen igual: el amor, las rutinas, los límites… y que la relación con papá y mamá sigue en pie.

Y sí, es normal que a veces te cueste.

Tú también estás atravesando un cambio vital.

Pero cada gesto desde la tranquilidad, cada respuesta con amor, cada muestra de cariño suma.

Incluso en los días en los que piensas que ya no puedes más.

La seguridad se construye poco a poco.

Y esta etapa puede ser una oportunidad para fortalecer vuestra relación.

Para que tus hijos aprendan algo valioso: que una familia puede cambiar de modelo y seguir siendo un lugar en el que se sientan seguros, tranquilos y felices.

 Cómo aliviar a los niños del peso del imaginario social

Tus hijos no pueden protegerse solos de lo que escuchan sobre el divorcio.

Porque carecen todavía de herramientas para entender que muchas de esas ideas… no son verdad.

Por eso te necesitan.

Para que filtres, para que cuides el entorno y los mensajes que reciben.

Y les expliques qué significa que los padres rompan su relación como pareja y vivan en casas independientes.

Y eso empieza por cosas sencillas: evitar etiquetas y tratarlos como si fueran frágiles solo porque sus padres se hayan separado como pareja.

Cuando tú actúas con naturalidad, ellos entienden que su familia también es válida.

Aunque sea distinta a la de otros niños.

Y si ellos sienten que en su familia todo está bien, se sienten tranquilos y seguros.

Esa seguridad es la mejor protección frente a comentarios, juicios o ideas que les hace un daño irreparable.

Llegados a este punto, quizás empieces a comprender que no se trata de eliminar el dolor de la separación porque eso es imposible, sino de evitar que tus hijos arrastren culpas, miedos o ideas que no les corresponde.

Cuando aprendes a identificar esas ideas heredadas y los mensajes del imaginario social que no pertenecen a tu familia, recuperas el control de tu propia historia.

Y desde ahí, la separación deja de ser solo una pérdida y puede convertirse en una oportunidad para reorganizar la familia y cuidar mejor de tus hijos y por qué no, crecer tú también como persona y madre o padre.

No hace falta luchar contra corriente con las opiniones ajenas ni dejar que todo dependa de lo que otros piensen. Solo necesitas aprender a identificar esas ideas, comprender cómo te influye y decidir cómo quieres actuar.

Ese es el timón que te permitirá cuidar lo que de verdad importa: que tus hijos sigan sintiéndose queridos, tranquilos y acompañados… aunque la familia ya no sea como antes.

Si al leer el artículo sientes que la situación te supera solicita una cita de valoración sin compromiso y empezaremos a organizarlo juntos paso a paso.

Aprenderás a distinguir lo que viene de ti y lo que viene de los demás, y a dirigir la transformación familiar de la manera que tú quieras para ti y tus hijos.

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