LA MEDIACIÓN EN MEDIDAS JUDICIALES DE DIVORCIO

EN MODIFICACIÓN DE MEDIDAS JUDICIALES,¿MEDIACIÓN O DEJAR QUE DECIDAN OTROS?

SI NECESITAS CAMBIAR LAS MEDIDAS JUDICIALES ¿QUE ES MEJOR PARA TU FAMILIA?

Martín y Begoña se divorciaron hace cuatro años. Fue un divorcio “mutuo acuerdo”. Aunque, siendo sinceros, ambos reconocen que si alguien les pregunta no sabrían decir exactamente qué firmaron, aunque que ambos manifiestan que ya entonces querían una solución pacífica.

El convenio regulador de Martín y Begoña llevaba cuatro años en un cajón. Una Navidad ante el planteamiento de una nueva situación familiar, uno de sus protagonistas decidió sacarlo, leerlo, y aplicarlo. La sensación de que se había abierto la “caja de Pandora” fue tremenda, pero qué podía estar pasando si hasta ahora todo había funcionado sin necesidad de acudir a ningún documento.

Estamos asistiendo en los últimos años a muchos casos como el de Martín y Begoña. Plantearse una modificación de medidas debe verse como algo positivo, proceda de un procedimiento contencioso o mutuo acuerdo. Positivo, porque se abre la posibilidad de volver a establecer las pautas sobre cómo nos gustaría que fuera nuestra vida, pero con una ventaja, y aquí una vez más “la veteranía es un rango”, ya hemos pasado una vez por esta situación y, aunque no sepamos lo que queremos, si sabemos lo que no queremos.

Quizá sea conveniente antes de entrar en cómo actúa la mediación en los supuestos de modificación de medidas fijar, con una idea muy general, cuál es el marco legal de la modificación de medidas. Si bien es cierto que se prevé en nuestra legislación un trámite de modificación de medidas, también lo es el hecho de que para el mismo se exija que “se alteren sustancialmente las circunstancias”; hablando incluso la Ley de que procederá el mismo “siempre que hayan variado sustancialmente las circunstancias tenidas en cuenta al aprobarlas o acordarlas”. Ello nos lleva sin duda alguna a que en la realidad no tan sencillo como pudiera parecer obtener una modificación de las medidas acordadas, salvo que se cumplan los requisitos legales.

Entonces, cabe preguntarse:

  • ¿Qué ocurre si no ha habido cambios “sustanciales” de las circunstancias que se tuvieron en cuenta cuando se firmó el convenio?,
  • ¿Qué ocurre si los cambios de mi familia son coyunturales, si no son permanentes ni tiene una entidad y transcendencia económica y familiar importante?
  • ¿Qué ocurre si, realmente esas circunstancias no son nuevas, pero no se tuvieron en cuenta o no se consideraron tan relevantes en aquel momento y ahora sí?

La realidad es que en los procesos de modificación de medidas, en muchas ocasiones no estamos solamente ante un conflicto jurídico, sino que nos encontramos ante conflictos personales surgidos de la evolución misma de la nueva situación familiar que necesitan una adaptación. Las necesidades de esos padres, madres y sus hijos e hijas evolucionan, unas veces de manera sustancial y otras no, pero en todas ellas necesitan un proceso de adaptación. Aparece aquí la mediación familiar como un recurso muy eficaz –no tenemos requisitos de sustancialidad, permanencia o novedad de las circunstancias- que minimiza la consecuencias negativas que la adaptación a una situación familiar puede suponer.

La mediación en un proceso de modificación de medidas supone:

  • Tener una vivencia real de los intereses y necesidades reales, tanto actuales como anteriores: nos podemos encontrar tanto con nuevas situaciones como con situaciones anteriores que en el momento actual se ven de forma diferente, y necesitan ser abordadas de manera diferente.
  • Tener un documento sobre el que trabajar: volver a construirlo es bueno porque se va arreglando lo que no sirve o es obsoleto y se genera un nuevo documento partiendo de lo que había sería una actitud resilente respecto del proceso.
  • Tomar decisiones desde la distancia del proceso de ruptura: la mediación aparece como una metodología idónea para trabajar desde la neutralidad y liberándose de emociones que ya sabemos que siempre están cargadas las cosas.
  • Tener la posibilidad de construir el nuevo convenio regulador partiendo del plan de parentalidad diseñado en la mediación: el diseño de un “plan de parentalidad” supone ampliar el objetivo del convenio regulador como si tuviéramos en nuestras manos una máquina de fotos de gran angular. No sólo podemos anticiparnos a cuestiones futuras sino que podemos centrar y fijar aspectos como el sistema de comunicación, tanto entre los progenitores como entre estos y sus hijos.

Estamos viviendo un alto índice de necesidad de modificaciones de medidas, que en un porcentaje también bastante alto, no encajarían en el supuesto legal. En estos casos, transcurrido un tiempo desde el proceso legal en el que se fijaron las medidas consecuencia de la ruptura, se hace necesario, incluso podríamos decir imprescindible, modificar alguno de los aspectos de la resolución judicial o del convenio regulador. A modo de ejemplo comentar que los menores se van haciendo mayores y los tiempos de convivencia con sus progenitores acordados en el momento de la ruptura no son ni viables ni reales. Y también que las situaciones económicas y laborales de los progenitores tampoco son ya las mismas –no podemos olvidarnos de lo que la crisis sufrida estos años ha afectado a los procesos de familia- y necesitan de una adaptación rápida para que no se generen nuevos conflictos como consecuencia de las nuevas situaciones.

La mediación nos ofrece una oportunidad de modificar las medidas adoptadas en un momento posterior, trabajando desde el aprendizaje, de una manera diferente y adaptándonos a la realidad con independencia de que el “cambio” sea o no sustancial o permanente. Además el acuerdo obtenido en mediación puede convertirse en un convenio regulador de mutuo acuerdo, obteniendo así un documento de eficacia jurídica que refleja las necesidades actuales de esa familia.

COMO SOCIEDAD AVANZADA QUE SOMOS, AVANCEMOS

Por Ángel Avilés/mediador

CUÁNDO CONTAR EL DIVORCIO, QUÉ CONTAR Y QUÉ NO CONTAR A TUS HIJOS

¿CUÁNDO CONTAR EL DIVORCIO, QUÉ CONTAR Y QUÉ NO CONTAR A TUS HIJOS?

¿Cómo gestionar el divorcio estando embarazada o con menores de un 1 años? 

Los padres, ante el divorcio, nos preguntamos qué hacer para disminuir el impacto que implica el proceso de ruptura, y la respuesta siempre está en la manera de gestionar esta situación. En el post “el divorcio: tiempo de cambio familiar”  te explico en qué consiste la transformación familiar, los obstáculos que presenta la ruptura y el por qué es tan dolorosa. http://www.contigoeducapadi.com/beneficios-del-apoyo-acompanamiento-social-divorcio/

Transmitir la decisión de la ruptura es otro de los momentos más difíciles para los padres porque lo que les digas y hagas es muy importante. Del mismo modo que tu vida nunca volverá a ser igual tras la ruptura, el divorcio es un cambio muy importante para tus hijos.Por desgracia, muchos padres no lo ven así, pues creen que la relación con los hijos no cambiará mucho después del divorcio y mas si este se gestiona de mutuo acuerdo. Para los hijos el divorcio es una experiencia totalmente diferente a la de los padres y hasta los más pequeños perciben la diferencia. Si quieres que tus hijos se sientan seguros y protegidos después de la ruptura, y yo sé que es así, deberás proporcionarle seguridad y protección. 

¿Qué vas a encontrar en este post?

Cómo lo que le digas y hagas es lo más importante llegado el momento de comunicar la decisión del divorcio, vamos a ir viendo cuando contárselo, qué contarle y que no es conveniente contar a los menores sobre la ruptura de sus padres según la etapa evolutiva y necesidades de tu hijo para facilitar la comprensión de la situación. 

DIVORCIO DURANTE EL EMBARAZO

Como la llegada de un hijo comienza con la gran alegría de saber que estas embarazada, quiero comenzar en esa etapa ya que muchas parejas en situación de crisis desconocen cómo proceder en tan emocionante e importante momento al estar desarrollándose la vida de tu futuro hijo.

Los conflictos constantes de pareja durante el embarazo afectan de forma negativa tanto para la madre como para feto pudiendo ocasionar un parto prematuro, bajo peso al nacer…https://eresmama.com/problemas-familiares-podrian-dejar-secuelas-embarazo/. Además esto es lo que experimenta tu bebé cuando lloras de tristeza…https://eresmama.com/lo-experimenta-bebe-cuando-lloras-tristeza-embarazo/

Si te encuentras embarazada, y habéis decidido no continuar con la convivencia. Es importante que el futuro padre participe a tu lado del embarazo y te acompañe a todas las revisiones médicas, preparación al parto; y llegado el momento del parto este a tu lado experimentando la experiencia. El embarazo es un buen momento para hablar de cómo os vais a enfrentar y a organizar para participar ambos en la crianza y educación de vuestro hijo. 

Si hablar con tu pareja es difícil porque cada vez que lo intentas es imposible terminando aún más enfadados. Busca la ayuda de un mediador familiar profesional o un familiar que actúe como mediador natural (abuelos, hermanos, amigos de ambos),para que un tercero imparcial os facilite la comunicación entre ambos sin agrediros y lograr los acuerdos necesarios para que ambos podáis disfrutar de la llegada de vuestro hijo. 

 EL DIVORCIO EN LOS BEBÉS MENORES DE 1 AÑOS

Imagina que tenéis problemas pero en el embarazo tomasteis la decisión de esperar al nacimiento del bebé para ver si podíais solucionar vuestras diferencias. Intentos en vanos  e incluso con ayuda profesional, y cada palabra que dice el otro desencadena en un conflicto aún mayor.  El divorcio es la mejor decisión ¿Te es familiar esta situación? 

Los bebés menores de un año no tienen la capacidad de saber lo que está sucediendo, pero si perciben la tensión, estados de ánimo, leen las expresiones faciales, y reconocen  el tono de voz de sus padres y personas próximas a ellos. 

Lo principal es que estos primeros meses el bebé tenga tranquilidad y relativa paz a su alrededor. Tu hijo está en la primera etapa de su desarrollo y necesita generar confianza en el mundo que lo rodea para poder cimentar las bases de su desarrollo.

Sin ser consciente puedes transmitir todo lo que te sucede y provocar que lloren con mayor facilidad, se vuelvan mas irritables y tengan cambios en sus hábitos de sueño y alimentación.  

Si te encuentras pasando por esta situación, ya sabes que tu estado emocional y el de tu ex es una montaña rusa la cual os va a dificultar gestionar las emociones, y más, si hace poco que has dado a luz al estar más sensible de lo habitual por el descenso hormonal que se produce tras el parto. 

¿CÓMO PUEDES TRANSMITIR TRANQUILIDAD A TU BEBÉ?

  • Pasa más tiempo con el bebé. Cuando los padres se enfrentan al divorcio, puede verse reducido el tiempo que pasan con el bebé, provocando que el cuidado no sea de calidad. 
  • Abraza al bebé, mecerlo, y háblale con cariño. El contacto físico es muy importante para ofrecerles tranquilidad y seguridad. 
  • Comunícate con el bebé, no solo a través del contacto físico, sino también mediante el lenguaje verbal. No dejes de hablarle, cantarle, y jugar con él con el máximo cariño.
  • Mantén sus horarios y rutinas. Sé que es difícil porque en tu vida se han producido cambios y tienes que empezar a compartir el cuidado del bebé con tu ex pareja. Es importante mantener los mismos hábitos y rutinas del bebé de antes o, en todo caso, qué se alteren lo menos posible. Los hábitos y rutinas transmiten seguridad y son el comienzo de la base de la educación de tu hijo. 
  • Tener cerca del bebé un objeto que sea familiar para él o que le guste (un juguete, una mantita, un peluche, etc) y vaya siempre con él pues le va a transmitir seguridad. 

En los primeros meses y años de vida del bebé ten presente que la relación padre-hijo/a necesita el apoyo de la madre. Por tanto, si la relación con tu ex está en conflicto, intenta, llegar a un acuerdo con tu ex por el bien de tu hijo, pide ayuda a los abuelos (ellos estarán encantados de ayudaros y podrían actuar como mediadores naturales) o busca ayuda externa en un mediador o terapeuta familiar que te ayude en los puntos claves. Hasta en las guerras se declaran treguas, ¿por qué no podéis hacerlo vosotros? Si en la relación no existe maltrato ni el conflicto esta muy escalado podéis plantear por un tiempo determinado la coparentalidad, es decir, ser padres sin ser pareja bajo un mismo techo para disfrutar la crianza y cuidados de vuestro bebé (si se decide la coparentalidad, sugiero hacerlo por escrito). Si esto no es posible, cada uno en su casa con los acuerdos básicos para poder llevar a cabo la crianza compartida para que ambos participéis de su crianza y crecimiento respetando sus horarios de alimentación y de sueño. Las investigaciones demuestran que en esta etapa el bebé necesita la compañía, cuidados y atenciones muy frecuentes de papá y de mamá. 

Si eres el padre, permíteme insistir en la importancia que tiene poner en primera linea las necesidades de tu bebé. Hay mil maneras de participar en la vida de tu hijo sin arruinar su seguridad. Nadie te puede quitar el papel de padre biológico, pero tu eres el único responsable de proporcionarle el cariño y el apoyo que necesita para desarrollarse. 

En otro post hablaremos cuando el padre te abandona durante el embarazo y te ves sola ante la situación. Si este es tu caso. Haz una llamada y estaré a tu lado.

El camino acompañado siempre es más fácil. 

MªDolores Manzanera/trabajadora social

ANTEPROYECTO DE LEY DE IMPULSO A LA MEDIACIÓN EN PROCESOS JUDICIALES

LA VOLUNTARIEDAD EN MEDIACIÓN FAMILIAR

¿CÓMO AFECTA EL ANTEPROYECTO DE LEY DE IMPULSO A LA MEDIACIÓN A PROFESIONALES Y FAMILIAS EN PROCESOS DE RUPTURA?

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Tras la aprobación, el 11 de enero de 2019 por el Consejo de Ministros, del Anteproyecto de Ley de Impulso de la Mediación se ha producido un movimiento general en el estado de mediación en España. El citado Anteproyecto introduce importantes cambios, pero hay uno enormemente llamativo, y es la necesidad de acreditar el intento de una mediación previa para la interposición de determinadas demandas como las de familia, es lo que en el Anteproyecto se denomina como “obligatoriedad mitigada”. Pero, cabe preguntarse cuál es este nuevo marco y con qué se van a encontrar quienes decidan iniciar un proceso de ruptura de pareja y los profesionales que los asesoren o defiendan.

Para definir el nuevo marco, tomamos como punto de partida el actual, que seguirá vigente hasta la aprobación definitiva del Anteproyecto. Definíamos mediación como proceso voluntario de resolución de conflictos en el que dos o más partes, con el apoyo de un profesional imparcial, generan sus propias soluciones. Y explicábamos que la voluntariedad era el primer principio de la mediación, y que ello suponía que, no sólo nos podíamos levantar en cualquier momento de una mediación sin que esto tuviera consecuencias en la resolución del asunto que se estaba tratando, sino que podíamos decidir asistir o no a las sesiones informativas. Este marco cambia por completo para determinadas materias como son los asuntos de  familia.

Cabe preguntarse qué ocurrirá para que se dé un cambio tanta trascendencia, pues bien, pasaremos de un texto legal que dice que: “La mediación es voluntaria.” -artículo 6 de Ley 5/2012, de 6 de julio, de mediación en asuntos civiles y mercantiles- a una nueva redacción con el siguiente texto: “1. La mediación es voluntaria. No obstante, los interesados estarán obligados a intentarla con carácter previo al inicio de un proceso declarativo en los siguientes casos:”, y en el primer caso en el que sesión informativa va a ser obligatoria, letra a) del citado artículo, es: “Medidas que se adopten con ocasión de la declaración de nulidad del matrimonio, separación, divorcio o las relativas a la guarda y custodia de los hijos menores o alimentos reclamados por un progenitor contra el otro en nombre de los hijos menores, así como aquellas que pretendan la modificación de las medidas adoptadas con anterioridad.”. Y podemos concluir de la lectura de esta nueva redacción que estaremos abocados a tomar contacto con la mediación familiar.

Hasta el Anteproyecto el único concepto que manejábamos al inicio del proceso de mediación era el de “sesión informativa”, ahora aparecen dos conceptos nuevos a tener muy en cuenta:

  • intento de mediación”, que el texto legal define en el párrafo final del artículo 6 diciendo que: “A los efectos de esta ley y la legislación procesal, se entenderá por intento de mediación, al menos, la celebración ante el mediador de una sesión informativa y una sesión exploratoria, que podrán haberse celebrado en un único acto, y haberse efectuado dentro de los seis meses anteriores a la presentación de la demanda…”.
  • sesión exploratoria, que el texto legal no define, y que entiendo se trata de una sesión en la que además de informar de los principios y el proceso, el mediador debe entrar en el tema objeto de mediación. Siempre he entendido que la sesión informativa procedía escuchar a la persona que ha venido a mediación, dejando que nos cuente durante unos minutos su historia y hacerle una devolución de la misma, con un objetivo claro que es generar la confianza necesaria para que voluntariamente decida quedarse en mediación. 

Necesario hacer también una mención a la repercusión que en tema económico puede tener acudir o no acudir a mediación. Las modificaciones introducidas en el artículo 17 de Ley 5/2012 nos llevan explicar, cuando hablemos de voluntariedad, que no acudir a la sesión informativa no tiene efecto directo en el proceso judicial. Tras el Anteproyecto, y de acuerdo con la modificación introducida en los artículos 5 y 394 de la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de costas, deberemos tener en cuenta que no acudir a un intento de mediación sin una causa, llevará la obligación de pago de los gastos de abogado y procurador, siempre que hayan intervenido y aunque no fuera obligatoria su participación en el proceso.

Al hilo de la obligatoriedad de la sesión informativa y de la posible repercusión de los gastos de abogado y procurador, señalar que si el Anteproyecto sigue adelante, también se verá afectado el principio de confidencialidad, puesto que los mediadores deberán informar de partes asisten o no, quedando exento este dato de la confidencialidad propia del proceso de mediación. Por ello, no sólo cuando hablemos de la voluntariedad sino también cuando hablemos de la confidencialidad, habremos de hacer referencia a esta obligación que recoge el Anteproyecto para los mediadores.

Con este Anteproyecto se por zanjada la eterna discusión sobre si la obligatoriedad de acudir a la sesión informativa vulneraba o no el principio de voluntariedad. Su razón de ser no es otra que la implantación de la mediación en España no ha tenido el resultado que se esperaba, y ante esta situación podríamos reflexionar sobre las siguientes cuestiones con el objetivo de conseguir su implantación real:

  • Generemos una cultura de la mediación a través de una cultura de la paz, y con un abordaje diferente del conflicto en todos los espacios, especialmente en educación.
  • Mantengamos la idea de voluntariedad en la medida de lo posible, no responsabilicemos a ésta de la necesidad de desarrollar la cultura de la mediación.
  • Aprovechemos la sesión exploratoria, la sesión informativa, y cualquier espacio para difundir la mediación, no olvidándonos los mediadores de la gran responsabilidad que tenemos al presentar a la mediación a las partes.
  • Generemos espacios donde las personas que han acudido a mediación puedan explicar a otras personas, no sólo las ventajas sino también la eficacia práctica de esta metodología.

Finalizo trasladando que con la aprobación de este Anteproyecto se da un paso más en la introducción de la mediación en nuestro sistema judicial. También la idea de que todo impulso es bueno, porque siempre va a suponer salir de donde estamos, sin olvidar que la Ley es un texto y que somos quienes trabajamos en mediación quienes seguimos teniendo la tarea de su implementación, sin olvidar lo importante que es ajustar los tiempos de puesta en marcha, ya que hasta que no nos toque jugar realmente con ella no moveremos ficha.

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Por Ángel Avilés/ mediador

MEDIACIÓN Y LIQUIDACIÓN DE SOCIEDAD DE GANANCIALES.

MEDIACIÓN Y LIQUIDACIÓN DE SOCIEDAD DE GANANCIALES

Hablando de: mediación en la ruptura familiar

liquidación sociedad de gananciales” y “propiedades emocionales”

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Hemos afirmado en muchas ocasiones que las controversias derivadas de una ruptura de pareja solo en muy pocos casos acaban tras el fin del proceso judicial. Y ello principalmente porque, tras un proceso de este tipo, la ex pareja se ve obligada a mantener el contacto y la relación debido a la existencia de hijos e hijas en común. Pero, ¿es la organización de la vida de sus hijos e hijas en común el único elemento de controversia? ¿qué ocurre con los bienes en común? ¿qué pasa con el patrimonio? Y, sobre todo, ¿qué pasa con mi casa”?

La conocida como liquidación de la sociedad de gananciales se podría definir como un proceso en el que los cónyuges reparten y adjudican aquellos bienes comunes adquiridos durante el matrimonio. Aunque sabemos que no hay obligación de llevarla a cabo simultáneamente al proceso divorcio, sí se recomienda hacerlo al mismo tiempo para así poder disponer de los bienes comunes sin necesidad de permiso del otro cónyuge ni tampoco rendirle cuentas.

En apariencia, la liquidación de gananciales no sugiere ser un proceso complejo. Es más, la primera idea es pensar que usando sencillas operaciones matemáticas, como sumas, restas y divisiones, podríamos zanjarlo todo. Sin embargo, la realidad no es esta. Cuando liquidamos gananciales nos encontramos con bienes que podríamos considerar, sin miedo a equivocarnos, auténticas propiedades emocionales. Es decir, tenemos delante de nosotros un inventario de bienes en el que nada se ajusta a su valor real, ni tan siquiera a un valor objetivo o puramente económico. Una vez más las emociones hacen su aparición, condicionando e impregnando el valor objetivo de los bienes. Y condicionando, por lo tanto, el reparto de los mismos. Pensábamos sentarnos a dividir o repartir. Pero en la realidad nos encontramos con un baile de números dirigido por las emociones de uno y otro cónyuge; y en algunos casos de sus respectivas familias. No nos serán extrañas frases como: “en esa casa he trabajado yo más que los albañiles que la hicieron” o “en ese terreno invertí toda mi herencia y ahora la tengo que compartir con él”.

En este contexto, poner en marcha un proceso de mediación nos ayuda en el abordaje de las situaciones siguientes:

  • Bloqueo emocional: los procesos de ruptura comportan una fuerte carga emocional que es necesario gestionar. La carga emocional no gestionada puede convertirse, fácilmente, en un obstáculo que nos impide pensar y ver con claridad cuáles son nuestros verdaderos intereses. Por eso hemos de tener en cuenta que quienes tienen que liquidar su patrimonio se encuentran ante una barrera creada por ellos mismos, cuya dificultad está, a veces, más en la gestión emocional que en la distribución patrimonial. En ocasiones nos encontramos con negaciones de la nueva realidad familiar, que no se puede cambiar, y que se intenta mantener en el tema patrimonial, transformando los bienes a liquidar en propiedades emocionales que no son más que falsas herederas de un matrimonio que ya no existe.
  • Falta de superación del duelo: el duelo existe, y es un proceso. Repartir el patrimonio negando la nueva situación o lleno de irá impide visualizar el futuro. Las decisiones tomadas desde la idea de que lo que ha pasado no puede ser verdad o desde la venganza y el reproche puede perjudicar la adjudicación de los bienes. En definitiva se están valorando los bienes con parámetros que no son reales.Y la consecuencia más inmediata y lógica es la sensación de que no “cuadran las cuentas”.
  • Dependencia emocional: partimos de la idea de que las relaciones de afecto generan dependencia emocional, incluso podríamos decir que esto es lo natural. Por ello, finalizada una relación lo deseable es cada uno funcione de forma libre e independiente. Sostener una dependencia emocional sin gestionarla nos lleva a mantener latente la sociedad de gananciales, e implícitamente, a alargar el final de la relación. Aquí podemos citar a Frederick Dodson cuando dice que: “Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción es lo que verdaderamente causa dolor y sufrimiento”.
  • Titularidad real y titularidad moral de los bienes: la titularidad real y la titularidad moral nos pone en contacto directo con uno de los tema estrella del proceso de mediación, el reconocimiento. El espacio de mediación es idóneo para el reconocimiento. Así tenemos cuestiones como quién o quiénes han trabajado durante el matrimonio, si existía o no empresa familiar en la que se colaboraba con o sin remuneración, quién se dedicó a la casa y al cuidado de los hijos, etc… También nos encontramos aquí con la necesidad de contar la historia que hay detrás de esa casa, de ese coche, de ese terreno, de esa pulsera y un largo etcétera. Y cuando hablamos de contar la historia, estamos diciendo que uno de ellos cuenta y que el otro escucha, y es este proceso de comunicación el que les ayuda en ese proceso de liquidación de bienes.

Interesante hacer una precisión ligústica, como casi siempre en mediación, para llevar a cabo el reparto de bienes que tiene como objetivo actuar como agente de realidad para aquellos que acuden al proceso. Se trata de establecer como ideas generales que se reparte lo ya se tiene, que se compensa cuando se debe y que se cede cuando es de uno y se da a otro.

Aunque pudiera parecer más fácil el reparto en el caso de que los cónyuges hubieran optado por el régimen económico de separación de bienes durante el matrimonio, la realidad no es así. Es muy frecuente que tras un régimen de separación de bienes nos encontremos con un entramado de negocios jurídicos que, lejos de separar el patrimonio de cada uno de los cónyuges, lo ha unido más. Aquí también es útil la mediación, operando igual que en la disolución de la sociedad de gananciales.Y presentándose además como el proceso idóneo mediante el que los negocios o empresas quedan menos dañados tras la ruptura del matrimonio.

Por último, una referencia sobre cómo afecta la división o adjudicación de los bienes gananciales a terceros que no forman parte del entorno familia como son las entidades bancarias. Partimos de la idea general de que la liquidación de la sociedad de gananciales no afecta a los derechos de terceros. Esto es, no puede perjudicar a terceros.Y por ello no están obligados a aceptar lo que los cónyuges hayan pactado. Con un ejemplo quizá se vea más claro: si pactamos que uno de los cónyuges se quede con la casa y pague el préstamo íntegramente (lo que en términos jurídicos sería que se adjudica la vivienda y el préstamo hipotecario que la grava liberando al otro del préstamo) dicho pacto no afectará a la entidad bancaria que concedió el crédito a ambos, salvo que ésta consienta. Esto nos lleva a que, producido un incumplimiento, la entidad, en su calidad de acreedora, podrá dirigirse frente a cualquiera de los ex cónyuges; sin perjuicio de la acción de reclamación de la que dispone el no obligado por el convenio regulador y la de daños y perjuicios por el incumplimiento del convenio regulador firmado.

Está claro que la mediación no va a cambiar la situación jurídica. Pero ante cualquier incumplimiento de obligaciones con un tercero, como es la entidad bancaria, el hecho de que ambos cónyuges o excónyuges elaboren una estrategia común sólo les dará ventajas, reduciendo por supuesto los efectos negativos. En este ejemplo concreto el proceso de mediación se presenta como una herramienta de apoyo en la gestión de un conflicto post divorcio, cuya mala gestión puede llevar a perjuicios mayores.

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Por Ángel Avilés/mediador

 

NO HAY ACUERDO. Y ENTONCES, LA MEDIACIÓN ¿PARA QUÉ?

NO HAY ACUERDO. Y MEDIACIÓN ¿ PARA QUÉ?

Hablando de: otros beneficios de la mediación

CUANDO NO HAY POSIBILIDAD DE ACUERDO, LAS RELACIONES FAMILIARES POST DIVORCIO TE PUEDEN LLEVAR AL INFIERNO PERSONAL. 

¿CÓMO TE PUEDE AYUDAR LA MEDIACIÓN?

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Mucho se habla de los beneficios de la mediación, es más, podríamos incluso atrevernos a decir que se han escritos ríos de tinta de sus múltiples bondades. A pesar de ello hemos de decir que no encontramos en nuestra sociedad una respuesta proporcional a tanta popularidad, en la realidad no se acude tanto a mediación como pudiera parecer. Quizá, aún atraídos por ella como modelo idílico de resolución de conflictos, internamente pensemos que sólo se puede utilizar en tipo determinado de casos y con un tipo determinado de personas. Eso no es del todo cierto, por eso creo que hay que ahondar en un poco más en el tema de los beneficios que acudir a ella nos puede reportar. Dejando a un lado, y dando por sentado, los ya tan conocidísimos beneficios como son la resolución del conflicto con menor coste emocional, temporal y económico, la confidencialidad de sus sesiones y el que sean las propias partes las que resuelven sus conflictos, consiguiendo así que se minimicen las incidencias en el cumplimiento de los acuerdos. Procede resaltar otros beneficios que se obtienen, incluso aunque el proceso de mediación finalice sin acuerdo.

Lucía llegó un día a mediación con su todavía marido entonces, Pablo. Ella había pedido cita para una sesión informativa, quizá porque ella era la que había decido que algo tenía que hacer con su matrimonio, y quizá también por ese sentimiento de culpabilidad que arrastren el momento inicial de la ruptura, sobre todo, el que da el primer paso. Según comenta en la sesión informativa la convivencia en su casa se había convertido en un infierno del que no sabía si conseguiría salir. Llegan a mediación buscando una salida, alertados por la alarma de si esta situación estaría afectando a sus hijos, pero sin tener tan siquiera claro, a pesar de todo, si se iban a separar. Acuden a cuatro sesiones y finalizan el proceso sin acuerdo. Lucía acude a despedirse y, dice que es otra Lucía la que sale de ese proceso, y que gracias a la mediación ha podido ordenar sus ideas, sabe lo que quiere realmente, ahora sí tiene claro que se va a divorciar, nos da las gracias a los mediadores y da las gracias a la mediación.

Acudir a mediación, aún sin llegar a acuerdos, nos puede ayudar a:

  • Ordenar las ideas: la carga emocional a la que la familia se ve sometida en un proceso de ruptura impide, o cuanto menos dificulta su capacidad de ordenación. A ello se suma la deficiente o nula comunicación que se impone como defensa ante esa vorágine que nos ataca. Para ordenarnos necesitamos información, y no hay mejor manera para obtenerla que sentarnos con la otra parte, con el apoyo de un facilitador, que consiga un mínimo de respeto entre ambos. Es necesario ordenar esa mezcla de ideas que está dentro de la cabeza de quienes se encuentra ante esta situación. La mediación ofrece un proceso apoyado, además de en la comunicación, en el juego de las técnicas gráficas que ayudan a visualizar, además de como parte implicada como espectador, la situación familiar real. En definitiva, a través de una pizarra de papel se lleva a cabo una representación gráfica de las ideas y de los conceptos. El objetivo de esta representación gráfica es tanto estructural la información sobre la familia como poder visualizarla en su conjunto; obteniendo así, como decía, una imagen más real.

Como le ocurría a Lucía, tomar la decisión de separarse no es fácil aun encontrándose en un “infierno”. Los miedos que asaltan a la persona en muchas ocasiones le impiden dar el paso. Miedo a la soledad, a la frustración y al abandono. Ordenar, y clarificar las ideas, es una gran ayuda en la toma de decisiones, y el proceso de mediación le ayudo a reafirmarse en la decisión que internamente ya había tomado.

  • Identificar intereses reales: la prioridad de intereses también se ve afectada por las emociones que estamos viviendo en ese momento. Un cambio de orden en nuestra lista de intereses nos lleva a solicitar judicialmente cosas que no queremos, incluso a veces disparates que nos llevan a la frustración más absoluta. Es muy frecuente que tras finalizar un proceso de mediación las partes den un nuevo enfoque a sus peticiones judiciales, siendo éstas más reales, lo que les llevará al diseño de estrategias más apropiadas que aumentan las posibilidades de éxito. Perfilar los intereses supone casi siempre decidir qué intereses son realmente incompatibles, y cuales aun siendo contrapuestos, son compatibles.
  • Clarificar la toma de decisiones: cuando nos encontramos ante un proceso de ruptura nos vemos abocados de manera inevitable a una nueva situación familiar, que cuanto menos será una situación familiar diferente a la que teníamos. Tomar la decisión de divorciarse va a llevar consigo la necesidad de tomar muchas más decisiones de igual importancia o trascendencia que la de la misma ruptura de la pareja. Leon Blan Buris define decisión como “una elección que se hace entre varias alternativas”, y la mediación aparece como una metodología idónea para la generación de alternativas.

En cualquier proceso de toma de decisiones pasamos por un momento inicial de identificación y análisis tras el cual identificamos intereses, que como hemos dicho anteriormente no siempre son reales, que nos lleve a generar alternativas. El espacio de la mediación es uno de los más idóneos para llevar a cabo este trabajo ya que la gestión emocional del conflicto ayuda a la búsqueda de alternativas viables. Al tomar decisiones inevitablemente elegimos entre diferentes opciones o posibilidades. Para ello es necesario manejar cuanto más información mejor, tanto para elegir la alternativa como para generala. La creatividad que aporta la mediación, el ejercicio mental de asociación de ideas y su visualización gráfica son un magnífico aporte para clarificar la toma de decisiones.

Y por último, comentar esa posibilidad que nos ofrece la mediación de evaluar resultados dentro del mismo proceso a través de la técnica de la proyección de futuro.  Es como si tuviéramos una “bola de cristal”, así se denomina a la técnica, que nos permite ver en ella nuestro futuro. Se trata de situar a las partes en un futuro, si, pero en un futuro diferente y pedirles que nos digan que ha cambiado o que cambiarían para que ese futuro se hiciera realidad.

Como decíamos, de un proceso de mediación, aún sin acuerdo, podemos obtener muchas cosas positivas que nos ayudarán en nuestro otro proceso, el de ruptura. El apoyo para ordenar ideas, identificar intereses y clarificar la toma de decisiones también son beneficios de la mediación. La mediación es una metodología de resolución de conflictos que se puede utilizar, tanto de manera autónoma como de herramienta complementaria a otros mecanismos de resolución de conflictos e intervenciones familiares, decidir utilizarla conllevará importantes ventajas, ahora sólo nos queda empezar a probarla.

COMO SOCIEDAD AVANZADA QUE SOMOS, AVANCEMOS

Por Ángel Avilés/mediador

EL VERANO ¿TIEMPO DE ILUSIÓN O DE TENSIÓN?

Hablando de: Conflictos familiares en verano y mediación 

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¡Estamos de vacaciones!, por fin estamos viviendo esas ansiadas vacaciones, las de verano. Las que parecía que nunca iban a llegar.

Cierto, estamos en el período vacacional de verano, con sus playas y sus chiringuitos, sus viajes, fiestas, reuniones y reencuentros familiares, y como no, comidas y cenas. También con la expectativa de hacer aquello que llevamos esperando todo el año y, sobre todo, con la convivencia diaria. Pero, la otra convivencia diaria, a la que no estamos acostumbrados. Se trata de una convivencia libre de horarios, por lo menos aparentemente, en la que se flexibilizan todas las obligaciones, por lo menos aparentemente, y que carece de orden lógico, por lo menos aparentemente. El verano se nos presenta como si de una etapa idílica de nuestra vida se tratara, quizá con un exceso de expectativas que están destinadas a no cumplirse.

Y toda esta situación desencadena un “cocktailde emociones, que nos lleva a un aumento de lo que llamamos “conflictos”. De repente nos encontramos con situaciones habituales de nuestra vida diaria, en las que todo marcha de una manera que podríamos definir como armónica; y sin embargo en verano son objeto de conflicto, precisamente en verano que se previa que todo iba a ser estupendo.

Cuando se leen definiciones de conflicto, lo primero que encontramos generalmente es que éste se da ante situaciones excluyentes. Pero, si seguimos ahondando en otras definiciones, nos encontramos con la palabra intereses; si bien es cierto que se suele hablar de intereses contrapuestos. En este punto lanzo una pregunta decisiva en lo que a la definición de conflicto se refiere ¿intereses contrapuestos es lo mismo que intereses incompatibles?, dicho de otra manera ¿podrían ser compatibles los intereses contrapuestos?, la respuesta a estas preguntas nos abre la puerta a encontrar soluciones que compatibilicen intereses contrapuestos; en definitiva nos abre la puerta a la mediación.

El conflicto surge de la interrelación con otras personas, eso es una realidad, por ello a mayor interrelación entre las personas mayor posibilidad de que surjan conflictos. A donde quiero llegar, no somos más conflictivos en verano, nos interrelacionamos más en verano, realizamos más actividades interpersonales, y consecuencia de ello se generan más situaciones y con más personas, y consecuencia de todo ello nos encontramos con aumento de los conflictos o situaciones de tensión. Considero que es conveniente minorar la idea de que conflicto siempre implica agresividad y violencia. También puede implicar sólo tensión, malestar o nerviosismo.

Los conflictos veraniegos serían conflictos personales o socioemocionales. Realmente hablamos de alteraciones en la relación personal o de comportamientos inesperados, porque como decíamos se generan situaciones aparentemente iguales pero distintas en la realidad, ya que nos encontramos en un entorno distinto y nuestros parámetros de actuación también son totalmente distintos.

Ampliar la idea de conflicto puede ser muy positivo, por ejemplo, ver como se representa la palabra crisis en la cultura oriental nos da una idea de esa ampliación de concepto. En la cultura oriental la palabra crisis se compone de dos caracteres, por un lado peligro y por otro cambio, también denominado oportunidad. La realidad es que ellos ven en la crisis un lado positivo, ya que sería ese momento, que podríamos denominar crucial, para cambiar o iniciar un cambio. También en nuestra cultura hay definiciones con connotaciones positivas; así si buscamos definiciones de conflicto desde una perspectiva sociológica, podemos encontrar entre otras la de Dahrendorf, que define el conflicto como “motor principal del cambio social”. 

Esta época del año se presenta como una oportunidad idónea para ejercitar la “mediación”, o si no la mediación propiamente dicha sus técnicas más naturales. Pensemos:

  • Como llevar a cabo una buena gestión emocional, aprovechando para conocernos y poder gestionar nuestro estados de ánimo.
  • Como generar empatía, ponernos en el lugar del otro desarrollando nuestra capacidad de compresión de las situaciones, que en nada tiene que ver con “dar la razón”.
  • Como practicar modales exquisitos aprovechemos para recuperar el “gracias” y el “por favor”, que tanto hincapié nos hicieron en las clases de infantil.
  • Como generar soluciones desde la base de la creatividad, lanzando ideas y propuestas que en ocasiones vayan más allá de las que consideramos como establecidas.
  • Como practicar la tolerancia, tan necesaria en los procesos de mediación, y cuando hablamos de tolerancia no me refiero a renuncia, sino a admitir la diversidad y el pluralismo, entendidos como respeto.

En definitiva como llevar a cabo una mejora en la comunicación que nos lleve al entendimiento mutuo.

Aceptar el hecho de que los conflictos pueden aumentar en verano y formular unas expectativas realistas puede ser un principio. Llevar a cabo un acercamiento con las personas que tenemos que compartir cosas, como ocurre en los casos de ruptura de pareja con hijos en común, e intentar compatibilizar los intereses que a priori parecían contrapuestos, puede ser el siguiente paso.

La idea es ampliar, como si del objetivo de una cámara de fotos se tratase, decidir utilizar un gran angular que nos ofrezca posibilidades que no éramos capaces de ver. Quizá no resulte fácil, eso seguro, y ahí es donde entra la mediación. Con un pequeño esfuerzo practicando las habilidades comentadas podemos conseguir cambios importantes y resultados inesperados. El verano puede ser una buena época para empezar, situaciones cotidianas y diferentes a la vez, donde encontrar una oportunidad de cambio.  

Espero que estéis disfrutando de las vacaciones.

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Por Ángel Avilés/ mediador

LA RECONCILIACIÓN

MEDIACIÓN Y RECONCILIACIÓN ¿ES POSIBLE?

Hablando de: lineas tenues en mediación

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Hace un tiempo hablaba de mediación y terapia http://www.contigoeducapadi.com/mediacion-terapia-divorcio/. En aquel momento marcaba unas diferencias claras y planteaba una compatibilidad entre ambas, que en algunos casos, consideraba hasta necesaria. Pero ¿qué pasa con la reconciliación?. Hemos venido a mediación, y “nos ha ido tan bien que vamos a volver juntos”. Nada más escuchar esta frase los mediadores deben plantearse, como una de sus tareas, la identificación con las partes del recurso que realmente buscan y del que realmente necesitan. Clarificar este punto, en este momento, puede ser fundamental para el éxito o fracaso de la mediación.

Encontrarnos ante una metodología que facilita la comunicación entre las partes junto con el desconocimiento real existente sobre qué es mediación, lleva en múltiples ocasiones a elegir ésta cuando en realidad se quiere acudir a terapia de pareja o a orientación familiar.

Es muy común que quien acude a mediación sólo nos diga que viene a “resolver sus problemas”, clarificar esta expresión tan frecuente en las primeras sesiones de mediación debe ser, para el mediador, un objetivo prioritario. También es muy común acudir a mediación solicitando “ayuda para resolver los conflictos”, volvemos a lo ya expuesto, tenemos que clarificar que es “ayuda”. Si “resolver sus problemas” como petición abstracta era suficiente para alertar al mediador, la petición de “ayuda”, le obliga a plantear preguntas del estilo ¿qué os trae a mediación? o ¿qué esperáis obtener de este proceso?, preguntas que no sólo clarifican si estamos en el recurso correcto, sino que denotan el interés del mediador por ofrecer un servicio de calidad y ajustado a la necesidad de esa familia. Además, con esta actuación inicial, comenzamos a generar empatía y confianza tan necesarias en mediación.

Cabe ahora preguntarnos ¿qué es y en qué consiste cada una de ellas? Una definición, aunque sea breve, puede ayudarnos a delimitar la frontera entre terapia de pareja, orientación familiar y mediación.

Podemos decir que, la “terapia de pareja”, es una especialidad de las ciencias de la familia que interviene a nivel preventivo, evaluativo y de orientación o asesoramiento. Encontramos en la terapia de pareja un objetivo común, la mejora de la comunicación en la relación, pero dicho objetivo no caracteriza a la terapia ni la diferencia de otras intervenciones familiares. El objetivo de la terapia de pareja es que la pareja continúe unida, a diferencia de lo que ocurre en mediación que es la gestión de la ruptura. Es cierto que tanto en mediación como en terapia las partes aprenderán a controlar sus emociones para afrontar la resolución de los conflictos que se les platean, intentando que se vean los problemas desde otra perspectiva.

Cuando hablamos de “orientación familiar” nos referimos a un apoyo, o “ayuda”, orientada a potenciar los recursos de las familias, así como sus habilidades, para, entre otras cosas, prevenir posibles dificultades familiares. La orientación, al igual que la terapia y la mediación, también utiliza un conjunto de técnicas, pero siempre con el objetivo de fortalecer las capacidades.

Como venimos diciendo, el tema mediación y reconciliación nos pone en contacto directo con cual es el objetivo de la mediación familiar y con su definición misma. Así, se define la mediación familiar, como:

  • método de resolución de conflictos.
  • al que se acude en los procesos de ruptura de pareja.
  • con el objeto de encontrar acuerdos que les permitan reorganizar su relación como padres.
  • identificando y clarificando los intereses en común.
  • con la ayuda de un tercero imparcial y neutral, el mediador, que actúa de facilitador.
  • tomando ellos sus propias decisiones.

Ante lo expuesto, entiendo partiendo de un criterio técnico, que el objetivo de la mediación en ningún caso debe ser evitar la ruptura o reconciliación de la pareja. Y esta reflexión, aparentemente tan categórica, la hago así porque entiendo que es el mediador, y no las partes, el que tener muy claros los objetivos del proceso que está poniendo en marcha.

Comoquiera que estamos en la realidad familiar, tampoco sería real obviar que en un proceso de mediación y como consecuencia del restablecimiento de una comunicación sana, se produzca la reconciliación de las partes. Entiendo que ante esta nueva situación procedería derivar a las partes, tras la clarificación de conceptos oportuna, al recurso correspondiente. Ese proceso de reconciliación iniciado necesitará limpiar el pasado, sino es así, será una proyección ilusoria que tendrá un final no muy lejano, con más consecuencias para la familia que la ruptura inicial.

Un apunte final para cerrar la actuación del mediador. En mediación familiar no va a ser extraño encontramos en algún momento con lo que podríamos denominar “deseos idílicos” de la relación de paraje que siempre se imaginó. Ponerlos sobre la mesa para ver si es o no una realidad es parte de la mediación misma. Estos “deseos” van a tener un alto componente emocional cuando venga provocados por los deseos de los hijos a los cuales “ninguno quiere volver a fallar”.

Y como conclusiones:

  • Aunque nos encontremos con un trabajo común en los tres profesionales “apoyo o ayuda en la comunicación”, el objetivo de cada uno de ellos es diferente.
  • A veces acudimos a mediación porque nos parece más atractiva. Y porque no, también porque terapia y mediación nos rechina la mente:

A mí no me pasa nada, no necesito ningún tratamiento, pero eso de hablar para ponernos de acuerdo no me desagrada.

  • Desde un punto de vista técnico, no podemos olvidar que hay autores que hablan de la denominada “mediación terapéutica”, haciendo más tenue la línea entre mediación y terapia.
  • Encontrarnos con “deseos idílicos” no debe ser un problema para el mediador, sino una tarea más del proceso a gestionar con las herramientas y técnicas que utiliza habitualmente en su proceso.

Cada vez son más necesarios los  proyectos como “CONTIGO familia libres” donde se ofrece un trabajo multidisciplinar y donde tienen cabida los recursos que van a permitir a la familia elegir el recurso que quiere o necesita en ese momento. Tener la facilidad desde el principio de que, una vez contada la “historia”, un equipo va a comenzar a trabajar en tu caso, da a la familia una tranquilidad que les permite afrontar el proceso que están viviendo.

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Por Ángel Avilés/mediador

EMOCIONES EN EL PROCESO DE MEDIACIÓN

MEDIACIÓN ANTE SITUACIONES DE DESCONTROL EMOCIONAL

Hablando de: posibilidad de trabajar en positivo con las denominadas “emociones negativas”

  ¿ES POSIBLE TRABAJAR EN MEDIACIÓN CON EMOCIONES NEGATIVAS?

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En cualquier planteamiento de trabajo de mediación con “emociones negativas”, la primera tarea es preguntarnos si creemos que existe alguna posibilidad de mirar más allá de la emoción que tenemos delante o de la situación que se está generando como consecuencia de ese sentimiento. También debemos preguntarnos por qué nos sentimos así, y qué es lo que nos lleva a veces a perder el control de las situaciones. Así, para la gestión de los conflictos con alto contenido emocional negativo, es conveniente identificar que provoca esa tensión, esa ira o esa rabia, porque es, sin duda este conocimiento lo que nos va a llevar poder controlar estas situaciones.

Unida a la expresión de estas emociones está la capacidad de gestión del conflicto. Muchas veces el intento de imposición de la voluntad es sólo una manera inadecuada de la gestión del conflicto o de la canalización de la ira. La imposición de la voluntad se nos muestra frecuentemente como una manifestación del poder, buscando la solución del conflicto; por ello el primer objetivo de la gestión positiva consiste en que las partes en conflicto sean capaces de ver que el poder no está en imponer la voluntad.

Lo cierto es que en los conflictos encontramos una alta carga emocional que nos lleva a relacionarnos con agresividad, que en la mayoría de situaciones es cruzada en la pareja. En mediación, entendida como método pacífico de resolución de conflictos, se busca la obtención de soluciones a través de la gestión emocional, ya que en muchos casos es esta carga emocional la que impide el acuerdo. Es interesante, al hilo de esta última reflexión, citar un instrumento de carácter internacional como es la Declaración y el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz aprobado, el 6 de octubre de 1999, por la Asamblea General de Naciones Unidashttp://www.un.org/es/ga/62/plenary/peaceculture/bkg.shtml la cual señala que para alcanzar esos valores, actitudes y comportamientos que rechacen la violencia, es necesario un sistema de resolución de conflictos que, además de resolver, solucione el problema, de ahí que la mediación, entendida como método de resolución de conflictos basado en el ganar-ganar, forme parte de la denominada “Cultura de la Paz”.

Otra idea importante a la hora de la gestión de estas situaciones es intentar focalizar la atención en el hecho para conseguir que la emoción desaparezca, en definitiva vamos a tratar de “limpiar el hecho” y de entender la situación. Ello debe llevar a las partes a concluir que su reacción ante el mismo ha sido desproporcionada y que lo deseable sería modificarla en la medida de lo posible, y sobre todo en el futuro. Como decía el escritor chino Yutang Lin,los conflictos existen siempre, no trates de evitarlos sino de entenderlos. En Mediación, partimos de la comprensión del conflicto, al cual tratamos de objetivizar desprendiéndolo de que aquellos factores emocionales determinantes que aumenta la tensión, pudiendo llegar a generar una situación de comunicación agresiva.

Otro de los objetivos comunes al proceso de mediación que resulta bastante eficaz, es que las partes se responsabilicen de sus actos, puedan escuchar cómo se ha sentido el otro, y finalmente, sean capaces de ponerse en su lugar experimentando el sentimiento vivido como consecuencia de las situaciones conflictivas vividas. De esta manera entramos en lo que podríamos denominar un “estado restaurativo” donde se genera un espacio de exposición de las necesidades y de reparación emocional. No podemos olvidar que, nos encontramos con casos, en los que las partes tienen que relacionarse una vez finalizada su relación si han tenido hijos durante la relación; por ello el final de la relación no siempre va a suponer el final del conflicto, y es aquí donde la mediación puede actuar evitándose que se vuelvan a dar situaciones de tensión.

Como conclusiones podemos establecer:

  • que cuando surge un conflicto nos podemos encontrar con situaciones de alto contenido emocional en las que las partes van a expresar sus sentimientos de ira y rabia. 
  • que la expresión de esas emociones puede llevar a las partes a perder el control sobre las situaciones.
  • que a través de la mediación, como sistema pacífico de la resolución de conflictos, las partes van a poder gestionar estas situaciones.
  • que la exposición de las necesidades y de cómo se han sentido va a conllevar una reparación emocional, por lo que saldrán fortalecidos de este proceso.
  • que este proceso les permitirá entrar en una convivencia pacífica.

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Por Ángel Áviles/mediador

MEDIACIÓN E INTERÉS DEL MENOR EN RUPTURAS DE PAREJA

MEDIACIÓN Y PARENTALIDAD POSITIVA

Hablando de: interés del menor en ruptura de pareja

¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE MEDIACIÓN, INTERÉS DEL MENOR Y PARENTALIDAD POSITIVA? 

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En este tiempo que tanto se habla de custodia compartida, hasta el punto de convertirse en bandera de libertadores e insignia de “pogres”, es también tiempo de reflexionar sobre ese soberano principio del derecho de familia que es el “interés del menor”. Quizá está ola de avance es sólo un intento de fundamentar el ejercicio de la responsabilidad parental. En definitiva se trata de garantizar los derechos de los menores, niños o adolescentes, promoviendo su desarrollo y bienestar personal y social.

Acabamos de asistir, hace relativamente poco tiempo, en concreto en julio del año 2015, a la derogación legal de la facultad de corrección mantenida en el artículo 154 del Código Civil desde 1981 en que se eliminó el castigo de la redacción del artículo 155 del citado Código. Si bien es cierto que el precepto legal indicaba que la facultad de corrección debería de ejercerse “de forma moderada y razonable”, la evolución del mismo, no es más que la evolución del ejercicio de la patria potestad en interés del menor. Asistimos a la primacía del principio de responsabilidad parental frente a del la autoridad parental. No es sencillo el camino hacia la responsabilidad parental, por ello vamos a necesitar de apoyos, para conseguirlo. 

La  señala que “el ejercicio de la parentalidad positiva se refiere al comportamiento de los padres fundamentado en el interés superior del niño, que cuida, desarrolla sus capacidades, no es violento y ofrece reconocimiento y orientación que incluyen el establecimiento de límites que permitan, el pleno desarrollo del niño.

Según Mª José Rodrigo y Jesús Palacios (1998) los principios que favorecen cursos de desarrollo adecuado en los menores y fomentan su bienestar físico y mental son:

  • Vínculos afectivos cálidos, protectores y estables para que los menores se sientan aceptados y queridos.
  • Entorno estructurado, que proporciona modelo, guía y supervisión para que los menores aprendan las normas y valores.
  • Estimulación y apoyo al aprendizaje cotidiano y escolar para el fomento de la motivación y de sus capacidades.
  • Reconocimiento del valor de los hijos e hijas, mostrar interés por su mundo, validar sus experiencias, implicarse en sus preocupaciones, responder a sus necesidades.
  • Capacitación de los hijos e hijas, potenciando su percepción de que son agentes activos, competentes y capaces de cambiar las cosas e influir sobre los demás.
  • Educación sin violencia, excluyendo toda forma de castigo físico o psicológico degradante, por considerar que el castigo corporal constituye una violación del derecho del menor al respeto de su integridad física y de su dignidad humana.

En este punto, hemos de reconocer que, en nuestras vidas, nos encontramos frente a necesidades experimentadas como consecuencia de situaciones estresantes, y necesitamos apoyos para superar esas etapas de transición hacía una nueva configuración familiar. Entre esas necesidades aparece la de solucionar, tanto los conflictos del seno familiar como los surgidos como consecuencia de la ruptura de la pareja. Aparece aquí la mediación como conjunto de herramientas, técnicas y habilidades, que ayudan a las familias en un momento concreto y determinado de sus vidas.

¿Por qué la mediación familiar? Porque en mediación tratamos de que sean las propias familias las que solucionen las situaciones a las que se ven enfrentadas. Confiamos en sus capacidades, ellos son quienes mejor se conocen, y por ello, ellos son quienes pueden encontrar las soluciones más válidas, aunque en el momento en que se encuentran no lo crean. El sistema de comunicación familiar es fundamental y determinante para encontrar una solución a esas situaciones que se plantean. Aquí, el mediador como experto en comunicación con formación multidisciplinar, aparece como profesional válido para el apoyo en la resolución de las cuestiones que se planteen, generándose de este modo un sistema de parentalidad positiva. 

Y así, buscando el nexo de unión entre parentalidad positiva y mediación, llegamos a la Recomendación R (98) de 21 de enero de 1998 del Comité de Ministros del Consejo de Europa a los Estados Miembros sobre mediación familiar, para que se instituya, promueva y refuerce la mediación familiar. Y, en las base de esa recomendación, en concreto en el punto 6, encontramos una remisión a la Convención Europea sobre el Ejercicio de los Derechos del Niño, y en particular a su artículo 13, que se ocupa de la prestación de la mediación u otros procesos para resolver litigios que afecten a los niños. De toda esta exposición se extrae, rápidamente, una conclusión lógica, si la Convención de los Derechos nos dice que, en los procesos que les afecten hemos de buscar la resolución de los mismos a través de otros procesos, y todo ello tomando como base el principio del interés del menor, y este principio sustenta la denominada “parentalidad positiva”, la mediación se presta como herramienta idónea en aquellos conflictos que afecten a los menores.

Finalizamos invitando a los lectores a profundizar en este tema, y recomendando la lectura de la Guía de Buenas Prácticas en Parentalidad Positiva Un recurso para apoyar la práctica profesional con familias año 2015, publicada por la Editorial: Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) en coordinación con la Subdirección de Asuntos Sociales Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad Dirección General de Servicios para la Familia y la Infancia. En “CONTIGO” también pensamos que el trabajo en ruptura de pareja cuando existen menores debe estar presidido por el principio de interés del menor, y creemos que las últimas reformas demandan recursos multidisciplinares que garanticen el tan referido principio y construyan una “parentalidad positiva”.

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Por Ángel Avilés/ mediador

MEDIACIÓN VS TERAPIA

MEDIACIÓN Y TERAPIA EN EL DIVORCIO

Hablando de: mediación

 MEDIACIÓN VS TERAPIA FAMILIAR

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No cabe duda de que la mediación tiene un efecto terapéutico. Pero, ¿es la mediación una terapia? ¿Tiene la mediación el mismo objetivo que la terapia? ¿Da igual ir a terapia que a mediación? ¿Cuándo elijo una u otra?

Es conveniente reflexionar brevemente en torno a unas pocas ideas básicas que nos ayuden,como profesionales, a situar tanto a quienes acuden a nosotros buscando una u otra, como a nosotros mismos como profesionales respecto de las necesidades reales de quien viene a nosotros buscando una solución a su conflicto. Así:

  • Cuando hablamos de terapia, hablamos de tratamiento mientras que cuando hablamos de mediación, hablamos de proceso extrajudicial de resolución de conflictos.

 

  • El terapeuta es aquella persona que aplica un tratamiento para combatir una enfermedad o alteración física o mental mientras que el mediadores quien ayuda en la gestión de un conflicto a través de técnicas de comunicación.

 

  • Conscientes de que en algunos casos puede existir una línea demasiado fina entre ellas, otro aspecto importante para distinguir terapia de mediación es su duración. La terapia es de duración medio-larga y la mediación es de duración corta. Esto no impide que en mediación llevemos a cabo seguimiento de los acuerdos obtenidos.O incluso que se vuelva a mediación para retomar o perfilar un acuerdo anterior.

 

  • Otro aspecto importante que genera confusión es el relacionado con la mejora que sufre la relación familiar. En el caso de la terapia, esta mejora es un objetivo principal, central.Sin embargo, en mediación es secundario. Lógicamente la resolución de un conflicto podría implicar una mejora de la relación. Pero esta mejora no es el objetivo del proceso de mediación pues podríamos llegar a acuerdos basados en nuestros intereses y no avanzar en nuestra relación.

Aunque en mediación se trabaja una vez tomada la decisión de separarse o divorciarse, lo cierto es que cuando las parejas llegan a la sesión informativa no siempre esta decisión está tomada. Nos vamos a encontrar con dos personas “circulando” en sus vidas a velocidades diferentes, una de ellas no sólo con la decisión de divorciarse tomada, sino también con todo el proceso de duelo elaborado. Y otra, casi, con primera noticia que tiene de un posible divorcio y, por lo tanto, se encuentra en pleno proceso de duelo y necesitada de una intervención terapéutica. En estos casos, como mediador, me gusta hablarles de “las dos velocidades del divorcio”. Nos encontramos con supuestos en los que es necesario conjugar terapia y mediación en el ámbito familiar de ruptura de pareja.

Quien acude con su proceso elaborado, quiere una solución ya. Es más, seguro que vendrá con una batería de soluciones que le parecen magníficas. Y seguro que, para él o para ella, lo son, ya que las habrá meditado y repasado muchas veces. Pero para la otra persona no necesariamente es así. No es que no lo sean por lo que la propuesta en si conlleva, es que la otra parte está en otro momento, y hasta que no “recorra” su camino y llegué al punto donde se encuentra el otro no podrá verlas. El choque de “las dos velocidades” produce cuanto menos un bloqueo momentáneo. Para salir de este bucle será necesario en muchos casos un trabajo terapéutico, que suponga, en definitiva, un apoyo o ayude, que nos pueda llevar a la situación de equilibrio deseada en mediación.

También me encuentro con casos que llegan con conflictos muy enquistados, personas emocionalmente dañadas, y en un estado de bloqueo. El tiempo que llevan viviendo estas situaciones estresantes y complicadas suele ser determinante. Este bloqueo, provocado muchas veces porque la dinámica familiar y los roles que están ocupando, impide que, ellos mismos, encuentren recursos o habilidades que les permitan adaptarse a la nueva situación familiar.

Esta reflexión no estaría completa sin una referencia a la denominada “mediación terapéutica”. Encontramos, junto a la terapia y la mediación modelos de intervención que trabajan con ambas. Así hablamos de intervenciones intensivas, en las que se emplean técnicas de resolución de conflictos típicas de mediación, y a las que se incorpora una perspectiva terapéutica. El modelo desarrollado por Saposnek se caracteriza por intervenciones intensivas con un objetivo terapéutico, pudiendo así ayudar a resolver las dificultades que impiden la nueva restructuración familiar. Planteamiento distinto al de esta reflexión que pretende, por un lado, distinguir una de otra, y por otro, plantear la necesidad y beneficios de combinar ambas, pero de manera diferenciada. Quizá la denominada “mediación terapéutica” tenga un espacio en la fase de implementación de los acuerdos, pero en “las dos velocidades del divorcio” precisamos dos intervenciones claras, la mediadora y la terapéutica, diferenciadas, llevadas a cabo por distintos profesionales.

Ante esa situaciones, “CONTIGO familias libres” ofrece un trabajo multidisciplinar donde tienen cabida los recursos que van a permitir a la familia adaptarse a esa nueva situación. Partimos de que la nueva situación no es, ni buena ni mala, sólo diferente. Generar acuerdos válidos en mediación, puede necesitar una fase “terapéutica” de interiorización de estos cambios. Y como conclusión final, que debemos ser cautos cuando coinciden mediación y terapia, evitando que se puedan generar, no sólo confusiones profesionales sino también expectativas irreales, para aquellos que acuden a mediación, como podría ser la reconciliación.

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Por Ángel Avilés/ mediador