EMOCIONES EN EL PROCESO DE MEDIACIÓN

MEDIACIÓN ANTE SITUACIONES DE DESCONTROL EMOCIONAL

Hablando de: posibilidad de trabajar en positivo con las denominadas “emociones negativas”

  ¿ES POSIBLE TRABAJAR EN MEDIACIÓN CON EMOCIONES NEGATIVAS?

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En cualquier planteamiento de trabajo de mediación con “emociones negativas”, la primera tarea es preguntarnos si creemos que existe alguna posibilidad de mirar más allá de la emoción que tenemos delante o de la situación que se está generando como consecuencia de ese sentimiento. También debemos preguntarnos por qué nos sentimos así, y qué es lo que nos lleva a veces a perder el control de las situaciones. Así, para la gestión de los conflictos con alto contenido emocional negativo, es conveniente identificar que provoca esa tensión, esa ira o esa rabia, porque es, sin duda este conocimiento lo que nos va a llevar poder controlar estas situaciones.

Unida a la expresión de estas emociones está la capacidad de gestión del conflicto. Muchas veces el intento de imposición de la voluntad es sólo una manera inadecuada de la gestión del conflicto o de la canalización de la ira. La imposición de la voluntad se nos muestra frecuentemente como una manifestación del poder, buscando la solución del conflicto; por ello el primer objetivo de la gestión positiva consiste en que las partes en conflicto sean capaces de ver que el poder no está en imponer la voluntad.

Lo cierto es que en los conflictos encontramos una alta carga emocional que nos lleva a relacionarnos con agresividad, que en la mayoría de situaciones es cruzada en la pareja. En mediación, entendida como método pacífico de resolución de conflictos, se busca la obtención de soluciones a través de la gestión emocional, ya que en muchos casos es esta carga emocional la que impide el acuerdo. Es interesante, al hilo de esta última reflexión, citar un instrumento de carácter internacional como es la Declaración y el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz aprobado, el 6 de octubre de 1999, por la Asamblea General de Naciones Unidashttp://www.un.org/es/ga/62/plenary/peaceculture/bkg.shtml la cual señala que para alcanzar esos valores, actitudes y comportamientos que rechacen la violencia, es necesario un sistema de resolución de conflictos que, además de resolver, solucione el problema, de ahí que la mediación, entendida como método de resolución de conflictos basado en el ganar-ganar, forme parte de la denominada “Cultura de la Paz”.

Otra idea importante a la hora de la gestión de estas situaciones es intentar focalizar la atención en el hecho para conseguir que la emoción desaparezca, en definitiva vamos a tratar de “limpiar el hecho” y de entender la situación. Ello debe llevar a las partes a concluir que su reacción ante el mismo ha sido desproporcionada y que lo deseable sería modificarla en la medida de lo posible, y sobre todo en el futuro. Como decía el escritor chino Yutang Lin,los conflictos existen siempre, no trates de evitarlos sino de entenderlos. En Mediación, partimos de la comprensión del conflicto, al cual tratamos de objetivizar desprendiéndolo de que aquellos factores emocionales determinantes que aumenta la tensión, pudiendo llegar a generar una situación de comunicación agresiva.

Otro de los objetivos comunes al proceso de mediación que resulta bastante eficaz, es que las partes se responsabilicen de sus actos, puedan escuchar cómo se ha sentido el otro, y finalmente, sean capaces de ponerse en su lugar experimentando el sentimiento vivido como consecuencia de las situaciones conflictivas vividas. De esta manera entramos en lo que podríamos denominar un “estado restaurativo” donde se genera un espacio de exposición de las necesidades y de reparación emocional. No podemos olvidar que, nos encontramos con casos, en los que las partes tienen que relacionarse una vez finalizada su relación si han tenido hijos durante la relación; por ello el final de la relación no siempre va a suponer el final del conflicto, y es aquí donde la mediación puede actuar evitándose que se vuelvan a dar situaciones de tensión.

Como conclusiones podemos establecer:

  • que cuando surge un conflicto nos podemos encontrar con situaciones de alto contenido emocional en las que las partes van a expresar sus sentimientos de ira y rabia. 
  • que la expresión de esas emociones puede llevar a las partes a perder el control sobre las situaciones.
  • que a través de la mediación, como sistema pacífico de la resolución de conflictos, las partes van a poder gestionar estas situaciones.
  • que la exposición de las necesidades y de cómo se han sentido va a conllevar una reparación emocional, por lo que saldrán fortalecidos de este proceso.
  • que este proceso les permitirá entrar en una convivencia pacífica.

COMO SOCIEDAD AVANZADA QUE SOMOS, AVANCEMOS

Por Ángel Áviles/mediador

¿CÓMO COMUNICAR A LOS HIJOS QUE NOS DIVORCIAMOS?

¿CÓMO SE LO CONTAMOS A LOS NIÑOS?

Hablando de:  ruptura e hijos

Después de una noche de discusiones interminables, después de los llantos y las peleas, Alex siente que no puede continuar así. Comienza a poner algunas cosas en una maleta y sale de casa. María se despierta y pregunta:

– ¿A dónde va papá? Cuando regresa «.

– «No regresa más» viene la respuesta. Una respuesta súbita, severa y dolorosa.

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Para un hijo, ver que uno de sus padres se marcha de casa puede ser un momento traumático. Por ello, es de extrema importancia comunicarle la decisión de divorcio de una forma adecuada, en función de la edad que tenga y teniendo en cuenta las fuertes emociones que está viviendo. 

Cuando se les explica la decisión de divorcio, los niños pueden enfrentar mejor los desafíos que les esperan sin perder la confianza en sus padres. 

No existe una «mejor manera de hablar con los hijos sobre el divorcio». Esto se debe a que lo que se comunica a los niños depende de las circunstancias de cada uno y también depende de la edad que tienen. Sin embargo, existen criterios generales que deben tenerse en cuenta al comunicar a los hijos la decisión de divorcio para que estos se vean afectados lo menos posible. 

El divorcio no es un momento, es un proceso. Como regla general, la idea del divorcio se produce meses, a veces años antes, y crece en las mentes de uno o ambos cónyuges hasta que se tome la decisión final.

En algunas parejas hay peleas explosivas y amenazas de divorcio, en otras, por el contrario, hay silencio, y los dos se alejan en «silencio». Cualquiera de las dos variantes es la forma en que los dos cónyuges se comunican entre sí sobre los problemas que tienen en la pareja.

En el ejemplo anterior, María se encuentra una noticia inesperada y chocante «Papá se va para siempre» cuando el papá se va.

Imagínese por un segundo, como cuando la relación de pareja fue maravillosa, una mañana, sin esperarlo, su marido o esposa se despierta, comienza a hacer las maletas y anuncia que nunca volverá. Qué impactante debe ser para cualquier persona ver que algo sucede justo cuando sucede.

A los niños se les debe informar sobre la intención de divorciarse y no sólo comunicar su decisión irrevocable.

Una vez que ha llegado a la conclusión de que ya no puede salvar la relación de pareja, cuando decida divorciarse, tendrá que hacer planes para comunicar esta decisión a los hijos. No hay que esperar comunicarlo después de «todo ha terminado».

No involucrar a los hijos en la toma de decisión de divorciarse, tendría demasiado tiempo para preocuparse o hacer planes para “arreglar las cosas entre mamá y papá”.

Es recomendable, un tiempo antes del divorcio, comunicar esa intención a los hijos para que no se sorprendan cuando uno de los padres abandona el hogar; que haya suficiente tiempo para hablar juntos (como padres) con los hijos sobre esta decisión. 

¿Quién comunica a los hijos el divorcio? ¿Mamá, papá o ambos?

Cuando ambos padres comunican el divorcio: los hijos aceptan fácilmente la implacabilidad de la decisión; ven que sus progenitores siguen siendo «un equipo» cuando se trata de ellos, (incluso si ya no son un equipo cuando se trata de pareja); los hijos escuchan una sola explicación (común) sobre lo que está sucediendo.

Cuando solo uno de los padres comunica la decisión del divorcio: los hijos pueden pensar que la decisión pertenece solo a un padre y puede desarrollar sentimientos de odio hacia el padre que se va; puede alimentar la esperanza de que es algo pasajero y que el otro padre regresará; los hijos pueden escuchar dos explicaciones diferentes (y posiblemente contradictorias) sobre lo que está sucediendo, haciendo sus propias interpretaciones para poder dar sentido a los acontecimientos. 

¿Dónde comunicar el divorcio?

El lugar para dar una noticia tan importante no es en la calle, ni en el coche, ni en el parque. No se debe hacer con prisa, ni cuando están cansados, hambrientos o enfadados por cualquier otra razón. Es necesario acordarles el tiempo suficiente para absorber una información tan dolorosa, tiempo para que hagan preguntas, llorar y/o enfadarse. Probablemente en casa sería el mejor lugar, pero no necesariamente; es indicado elegir un espacio en el que puede desarrollarse libremente desde un punto de vista emocional.

Habla con los hijos sobre el divorcio cuando te encuentras en un estado emocional relativamente estable.

No importa cuánto de enfadado, resentido y desesperado se puede sentir en esos momentos, es mejor no poner su propia carga emocional sobre los hombros de sus hijos. No tiene que ser alegre y feliz, está bien expresar tristeza e ira, pero es importante mantener la calma al comunicarles esta decisión. Sus hijos necesitan poder expresar su propia carga emocional y es difícil hacerlo si no os perciben disponibles para acordarle la suficiente atención.

¿Cómo explicar a los hijos que se divorcian?

No se hagan ilusiones de que será fácil. La mayoría de los niños sienten dolor cuando escuchan la noticia del divorcio de los padres. No puede hacer nada para evitar que sientan dolor, pero puede comunicar esta decisión de una manera que sea más tolerable para ellos.

Ser directos, pero sin ser duros. Los niños deben ser informados de manera honesta, directa, sin falsas promesas, sin buscar excusas ni culpables. Comunicando las cosas de esta manera, transmitirán firmemente a los niños el mensaje de que «la decisión es definitiva». Aunque es difícil de hacer, para los hijos es mejor opción antes de crear falsas esperanzas.

En caso de tener más hijos, hay que comunicarlo a la vez. La presencia de los hermanos al comunicar la decisión puede ser un “amortiguador” del choque, dando a los niños una sensación de apoyo y continuidad familiar. Si la edad de los niños es muy diferente, puede ofrecer a los hijos mayores explicaciones detalladas cuando se quede con ellos a solas, pero la decisión debe comunicarse cuando toda la familia esté presente.

A la hora de comunicar a los hijos la decisión del divorcio es importante tener en cuenta tres aspectos:

  1. Asegurarles que el amor hacía ellos no termina con el fin de la relación de pareja.
  2. Decirles que no tienen la culpa de lo ocurrido.
  3. Estar a su lado y acompañarles en todos los sentimientos que van a experimentar. De esta forma pueden aliviar la carga emocional y disminuir los efectos que pueden tener sobre ellos el divorcio. 

¿Qué hay que contarles a los niños sobre los motivos del divorcio? 

¿Por qué? esta pregunta seguramente llegará. Los hijos no necesitan saber todos los detalles dolorosos del divorcio. No es necesario que conozcan detalles sobre infidelidades, abuso de sustancias, u otras razones de la misma índole que han podido provocar tomar esta decisión (estas son razones “de adultos”). Será suficiente si les cuentan a sus hijos que han tomado esta decisión porque ya no se entienden y no pueden seguir juntos de esta forma; que no han tomado esta decisión fácilmente y que han reflexionado sobre ella, sin tomarla en un momento de impulsividad. 

Cambiar el enfoque de sus problemas hacía los problemas de sus hijos.

Si los niños insisten en conocer por qué, es mejor decirles que las razones son privadas, están relacionadas con la relación de pareja (entre dos adultos). Cambiar el enfoque de ti, como padre/madre, hacia ellos como niños: “me pregunto cómo te afecta a ti nuestra decisión”. De hecho, esto es lo que más le interesa al niño (aunque no sepa expresarlo) – ¡qué le sucederá a él, más que a los padres!

Si aparece la pregunta “¿qué va a pasar conmigo?” asegúrate de explicarle de nuevo que “los padres se divorcian, pero no se divorcian de los niños”.

No hay que tener miedo de no comunicar “bien” la decisión de divorcio a sus hijos. Es importante comunicarlo de una forma menos ideal que no decir nada. El divorcio es un momento difícil para todas las familias, es difícil para adulto y niños y, los canales de comunicación deben quedar abiertos. Por más difícil que sea comunicarlo, es mucho más beneficioso para los hijos sentir que pueden expresar lo que sienten y que van a tener a su lado a ambos padres para apoyarles y ayudarles. 

Por Mihaela Raducea/Trabajadora Social

QUÉ PASA CON LA HIPOTECA SI NOS DIVORCIAMOS

«HASTA QUE EL BANCO NOS SEPARE»

Hablando de: cuestiones legales en la ruptura de pareja 

AVALES E HIPOTECAS CONJUNTAS EN SITUACIONES DE DIVORCIO 

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Aunque parezca un juego de palabras, el problema al que se refiere el título de este artículo es mucho más frecuente de lo que parece. Y da igual que el matrimonio se formalizara en su día sometido el régimen legal de la sociedad de gananciales o en separación de bienes.

A la hora de abordarlo conviene distinguir dos situaciones que parecen ser iguales pero que no lo son, esto es, si ambos son la parte prestataria de un préstamo garantizado con hipoteca o, cosa distinta, es uno de ellos el que avala al otro.

Hipotecas

En estos casos la solución es muy difícil si no se cuenta con la voluntad del banco que, como es lógico, quiere cobrar su deuda y no va a perder garantías. La situación de ruptura le es ajena y normalmente nos encontramos con poca colaboración por su parte.

Las dos maneras que hay de solucionarlo son:

1.  Cancelar la operación al tiempo que se formaliza con otra entidad una nueva. Conlleva muchos gastos, pero a la larga puede salir rentable por los quebraderos de cabeza que uno se ahorra. Lógicamente, en la nueva operación figurará únicamente el cónyuge que se queda con el bien. Mi consejo es ir a una entidad distinta de la que tiene la hipoteca por una razón obvia: evitar que se aproveche de la “necesidad” e imponga condiciones leoninas.

2.– Liquidar el activo (la garantía) vendiéndolo a un tercero, y, con su producto, pagar la deuda y los gastos.

Ni qué decir tiene que ambas soluciones requieren un espíritu colaborativo entre ambos cónyuges. En otro caso y falta de acuerdo, no se nos ocurre otra cosa que liquidar el régimen económico matrimonial y que sea un juez el que decida quién se queda con el bien y con la hipoteca. Proceso arduo, costoso y muy alargado en el tiempo, razones por las que lo desaconsejamos vivamente.

Avales

Aunque menos frecuente, puede darse el caso de que un cónyuge no sea prestatario y simplemente aparezca en la operación como fiador de la misma.

En estos casos se puede ir a la entidad, hablar con ellos y, a veces, esa gestión ha dado resultado: si la operación está al día y se ha amortizado, por lo menos, la mitad de la deuda, es posible que accedan a liberar al fiador. Normalmente suelen exigir una retasación de bienes, pero no es muy costoso.

En otro caso, si la entidad se niega, volveríamos a la situación de la hipoteca, es decir, que lo suyo sería cancelar la operación, bien por venta del activo, bien por formalización con otra entidad.

Mientras que estamos con estos trámites, ¿qué pasa si no se paga la deuda y ejecuta el banco?

En las hipotecas, caso de que ambos figuren como parte deudora, ambos son responsables de todo. Quien pague, puede liberarse y luego repetir contra el que se ha abstenido.

Cuestión distinta es si estamos ante un aval y es que hay un resquicio cuando la operación ha sido titulizada o novada, porque en esos casos la jurisprudencia ha exigido que el avalista debió ser sido consultado y, si no fue así, podría oponerse a la ejecución.

En este caso y por ser exhaustivos, también el fiador no deudor tiene la posibilidad de reclamar contra su ex cónyuge moroso, bien repitiendo lo que haya tenido que pagar, bien demandado para cubrirse él mismo frente a esa reclamación que viene de camino.

En definitiva y modo de conclusión, la solución estaría en la prevención, esto es, antes de firmar el préstamo pensar qué pasaría si luego hay divorcio y pactarlo en un documento (aquí se abren muchas posibilidades que exceden de la extensión de este post). 

Entiendo que, con toda la ilusión de la boda es un sapo difícil de digerir pero también aseguro que este fleco va a perseguir a los ex cónyuges, como mínimo, todo el tiempo de duración del préstamo, al igual que sucede en la liquidación de la renta si las cosas no se hacen bien. EN EL DIVORCIO TAMBIÉN INTERVIENE HACIENDA.

Por José Ramón Sáez/ Abogado

¿CÓMO SUPERAN LOS NIÑOS LA RUPTURA DE SUS PADRES ?

¿CÓMO SABER SI NUESTRO HIJO HA SUPERADO LA RUPTURA?

Hablando de: hijos y ruptura parental: ayudando a nuestros hijos

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 Hemos hablado ya de los problemas que pueden presentar los niños tras una ruptura de pareja, aunque lo cierto, según varios estudios, es que la mayoría de los niños no presentan problemas graves tras el divorcio de sus padres. Desde luego, que nuestros hijos entren en este cupo de “niños sin problemas graves” va a depender de cómo sea la respuesta de nuestra sociedad, del sistema judicial, del educativo, pero sobre todo, de cómo afrontemos los padres la ruptura de pareja. 

Un divorcio altamente conflictivo colocará a los hijos en una situación de estrés permanente, que contribuirá a que se desestabilicen en las principales áreas de su vida, creando problemas de adaptación o de conducta.

El estilo de crianza asertivo, basado en el apoyo a los hijos, en la comprensión y en la tolerancia, constituye un factor de protección importante, de manera que, incluso en divorcios de alta conflictividad, los menores podrán responder mejor a las presiones y tensiones que se establezcan entre los progenitores. 

Lo ideal es que, en el proceso de separación, se facilite a las familias el acceso a programas específicos que permitan una ruptura menos traumática para los padres, y por tanto, más conveniente para los hijos, enseñando a los progenitores a ser conscientes del estrés que supone la nueva situación familiar para sus hijos. Estos programas de prevención, permiten enseñar a los progenitores maneras eficaces de resolver los conflictos que vayan surgiendo. 

¿Cómo podemos saber si nuestros hijos han superado la ruptura? Fácil. Cuando han vuelto a ser los que eran. En el mejor de los casos, nuestros hijos retomaran su vida, su actividad escolar y social, y sobre todo, volverán a relacionarse con ambos progenitores como lo hacían antes del divorcio, manteniendo con ellos una relación frecuente y sana. Volver a sus rutinas, a sus actividades extraescolares, a una relación normalizada con las dos familias extensas, con sus amigos, y con cada uno de sus padres, será el reflejo de una buena estabilidad emocional.

Por el contrario, cuando la crisis familiar afecte tanto a los hijos que éstos no puedan retomar su vida, será necesario acudir a un especialista que nos ayude a que nuestros hijos superen esta crisis. 

Por Begoña García/psicóloga

MIS HIJOS, TUS HIJOS, NUESTROS HIJOS

Hablando de: familias reconstituidas formadas tras la ruptura familiar

 Mis Hijos, tus hijos, nuestros hijos: cómo pueden adaptarse a este nuevo mapa.

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Cuando leas el título, te recomiendo que pases aceleradamente por las palabras “mis, hijos, tus hijos, nuestros hijos” y te centres antes de nada en el último término: nuevo mapa. Esta es la palabra clave con la que vamos a iniciar este artículo. 

Un mapa es la representación gráfica de un territorio que posee unas propiedades métricas, sobre una superficie bidimensional que puede ser plana, esférica o incluso poliédrica. Cuando aplico esta definición al mapa de una familia, formada por una pareja que aporta hijos propios de otras relaciones y/o además hijos en común, me encuentro que el territorio es el hogar donde conviven, la bidimensionalidad podríamos decir que son las partes adultas diferenciadas y con un proyecto común, con habilidades, conocimientos, afectos y herramientas diferentes. Y cuando aluden a plana, esférica o poliédrica, solo me hace pensar en el tipo de relaciones y de comunicación que mantienen: plana o nula o básica, es decir que se limitan a hablar de lo imprescindible;esférica es aquella que posee circularidad y genera interacciones entre todos sus miembros aunque con la connotación de que cada hijo tiene como referente a su padre o madre y poliédrica es aquella que establece unas relaciones entre todos básicamente por igual, fluyen los afectos, las expresiones, la comunicación, podríamos decir que es el tipo de relación óptima.

El nuevo mapa es aquel que hay que reinventar. Es aquello para lo que no solemos estar preparados porque como el refrán dice “ cada uno/a es de su madre y su padre” queriendo significar las características tan particulares de cada persona. Cuando una nueva pareja se conforma siempre lleva una mochila de ilusión y proyecciones que en un elevado porcentaje de casos suele frenar cuando hay que incorporar la convivencia de los hijos propios y ajenos. Posiblemente haya que retornar al origen de la educación que ofrecemos a nuestros hijos para enseñarles que hay que ser flexibles, abiertos a cambios y que cuando se produce un divorcio entre sus progenitores, estos tienen la posibilidad de rehacer la vida en pareja de nuevo sin que ello sea un obstáculo para seguir recibiendo todo su amor. Es complicado, lo he vivido.

Rompiendo una lanza  a favor de la dimensión poliédrica de las nuevas familias reconstituidas he de decir que es importante que exista una comunicación abierta entre sus miembros y que los adultos no den por explicado lo que no se habla conjuntamente. Los padres han de hablar del modelo de familia por el que apuestan, han de evitar las suspicacias con las que cada hijo llega al mapa y han de abordar los pensamiento limitantes y negativos que se cargan en la mochila. Tal vez estos modelos de familia precisan de un proceso de gestación y consolidación más lento y elaborado, pero es necesario no olvidar estas premisas:

1. Sentaros ambos con vuestros hijos y hablarles en función de la edad del nuevo plan de familia.

2. Nombrar a sus otros progenitores para que entiendan que van a seguir formando parte de su vida.

3. No abordéis las necesidades de los hijos de forma independiente: tu con los tuyos y yo con los míos.

4. Reuniros para compartir la mesa y alguna comida del día: contar como os va, qué cosas suceden, integrar y compartir vivencias.

5. Dejar que ellos decidan como quieren compartir los dormitorios, no impongáis el uso del espacio.

6. Fomentar actividades de ocio en familia, eso facilitará el que todos os conozcáis.

7. Es importante que los hijos de él o ella vivencien que la pareja de su padre o madre también se preocupa por ellos.

8. No pienses en clave de separación: los tuyos, los míos. Todos son nuestros aunque exista otro progenitor biológico.

9. Cultivar la paciencia porque los procesos requieren tiempo y tirar la toalla es más sencillo que trabajar.

10. Busca ayuda profesional cuando sientas que están fallando las conexiones entre los miembros de la familia. Alguien te dará luz para continuar el camino.

Un nuevo mapa familiar no es algo con valor al alza en los medios de comunicación, si acaso en alguna película de corte americano, pero es algo muy real que cada vez se está reproduciendo con mayor frecuencia. Para la pareja es fácil mantener una relación pero en muchas ocasiones se resiente cuando hay que convivir con los hijos del otro/a. Es también una realidad la existencia del “sentimiento de fidelidad” hacia los propios hijos ya que se considera que están muy por encima de los que no lo son. Estos entresijos influyen por distintos motivos: se aprecia más lo biológico que lo  ajeno, hay un alto sentido de la herencia, hay funcionamientos aprendidos fruto de la experiencia y educación, se tienen a evitar la frustración de aquello que no es nuestra responsabilidad etc…

Tal vez para hablar o escribir sobre “mis hijos, tus hijos, nuestros hijos” sea necesario integrar términos como corresponsabilidad, compartir, implicación mutua, etc…

Hoy día disponemos de multitud de familias que han elaborado un proceso de acomodación y han hecho posible esta realidad compartida y otras muchas que han fallado. No obstante depende del grado de consistencia de la pareja como referente del mapa familiar. 

Por Eugenia Varea/Trabajadora Social