APOYO Y ACOMPAÑAMIENTO SOCIAL EN EL DIVORCIO

BENEFICIOS DEL ACOMPAÑAMIENTO EN EL DIVORCIO

Hablando de:  apoyo psicosocial ante la crisis familiar

www.contigoeducapadi.com

En España según últimos datos publicado el Instituto Nacional de Estadística sobre nulidades, separaciones y divorcio Año 2016 Publicado: 25/09/2017 se han producido 96.826 divorcios.

http://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176798&menu=ultiDatos&idp=1254735573206

La separación y el divorcio es una realidad con la que tenemos que vivir, forma parte de nuestra sociedad. Soluciona los problemas derivados de la insatisfacción relacional de pareja, pero se corre el riesgo de generar otros a los hijos si no se hace bien. La separación divorcio habiendo hijos e hijas es un paso difícil en el que se ha de apoyar a la pareja y a las personas que se relacionan con ellos (abuelos, hermanos, amigos cercanos) para que lo afronten lo mejor posible una vez que la pareja toma la decisión.

En la creencia de que el divorcio es una situación obligadamente traumática surgen las dudas de parejas sobre separarse o seguir juntos por el bien de los hijos, aún estando en conflicto abierto. La experiencia ha demostrado que la calidad de las relaciones familiares es el factor más importante en la salud emocional de los hijos con independencia de la estructura familiar en la que vivan; al igual que los enfrentamientos continuos entre los padres delante de los hijos inciden más en la salud emocional de los hijos que el hecho de convivir juntos o separados.

El divorcio es un proceso psicológico y social que implica cambios en todos los aspectos de la vida y hacia los cuales los divorciados/separados necesitan adaptarse. En este sentido, se producen dos tipos de ajustes: a la disolución del matrimonio/relación e inicio de una nueva vida.El primer ajuste implica enfrentar el proceso legal, las reacciones de la red social hacia la separación y la pérdida de la pareja, entre otros; mientras que el segundo ajuste está relacionado con el inicio de una vida en un nuevo hogar, posiblemente con menos dinero y sin los hijos, etcétera. Este proceso de adaptación suele ser estresante, doloroso, y sus efectos pueden durar mucho tiempo; por ello, un gran número de estudios sobre el divorcio se ha dirigido a comprender cómo los hombres y las mujeres se adaptan a las consecuencias positivas y negativas de la separación y los factores que se asocian a este ajuste.

¿CÓMO PUEDO SENTIRME EN MI INTERIOR?

Es importante concienciar que el divorcio, la ruptura de pareja, es un proceso, es decir, implica cambios en la persona como hemos mencionado en post anteriores y conlleva tiempo. Existen unas etapas concretas por las que se ha de pasar, “si o si ,aunque no siempre serán en el mismo orden y no tienen porque darse todas”, hasta lograr un estilo de vida renovado y gratificante.

SHOCK: se suele producir una negación de lo que está ocurriendo. Predominan los niveles elevados de ansiedad y el bloqueo psicológico.

PENA: aparece el dolor de la pérdida, tanto de la pareja, como del proyecto de vida en común. Suele ser una fase larga cuyo sentimiento predominante es la tristeza que domina hasta que se empieza a aceptar el cambio.

ADJUDICACIÓN DE LA CULPA: ya aceptamos que ha ocurrido pero no lo permitimos. Predomina la ira, la rabia y el enfado, hasta que pasamos de culpar a aceptar responsabilidades de unos y otros en lo ocurrido.

RESIGNACIÓN: “puedo seguir sufriendo siempre o hacer algo para estar bien”. La emoción relevante es el alivio.

RECONSTRUCCIÓN: se empieza a pensar en uno mismo valorando lo que se ha ganado y lo que se ha perdido. Se reconstruye el equilibrio personal y es fundamental contar con el apoyo de redes sociales (amigos, grupos de apoyo,…). La emoción relevante es la alegría.

RESOLUCIÓN: es el inicio de un nuevo ciclo vital, queda reforzada la autoestima. La emoción que predomina es la satisfacción de haber salido fortalecido/a de este proceso de cambio familiar.

Las emociones implicadas en el proceso del duelo son legítimas y naturales; es necesario atravesarlas y elaborar bien el duelo, para poder pasar página y avanzar hacia un crecimiento en el que podamos salir reforzados tras la experiencia.

De cara al cuidado de los hijos/as y su acompañamiento, es importante conocer en qué fase estamos y hacia dónde nos dirigimos, porque ellos elaborarán su proceso a partir del nuestro.

Contar con apoyo en el proceso de cambio de estructura familiar te ayuda a desarrollar habilidades personales y sociales para afrontar la situación de forma positiva

BENEFICIOS DE AYUDA SOCIAL EN EL DIVORCIO

  • Ayuda a las personas implicadas en el manejo de sentimientos y emociones para que aprendan a expresarlos explícitamente.
  • Ofrece una visión realista y adaptativo de los problemas integrando la situación en la estructura de la vida.
  • Reduce el sentimiento de aislamiento, soledad y desarraigo.
  • Ayuda a las personas a aprender nuevas formas de enfrentar los problemas, concebir la vida de diferente manera.
  • Restablecer el equilibrio emocional de las personas.
  • Disminuye las autoatribuciones negativas ayudando a las personas o familia a que perciban adecuadamente la situación reduciendo la percepción de fracaso. 
  • Restaura la homeóstasis del individuo con su entorno que se ha visto afectada por el suceso crítico. 
  • Facilita la comunicación entre personas personas en crisis, y con personas que pueden ayudar en el proceso.

El apoyo social emocional fomenta la salud y el bienestar, teniendo un gran efecto en la autoestima de las personas al sentirse aceptado y valorado por otros, disminuyendo la gravedad percibida de la situación vivida.

Por M.Dolores Manzanera/trabajadora social 

CUSTODIA COMPARTIDA: ALGO MÁS QUE UN CALENDARIO

CUSTODIA COMPARTIDA: PADRES Y FAMILIA SIEMPRE

Hablando de:  mediación familiar

HOLA HE VENIDO A MEDIACIÓN PORQUE QUIERO CUSTODIA COMPARTIDA

www.contigoeducapadi.com

Cada vez, afortunadamente, viene siendo más habitual la frase: “Hola he venido a mediación porque quiero custodia compartida”, y también es habitual que continúe con algo parecido a “sino hubiera ido a un abogado directamente”. Cabe pues preguntarnos que hace a la gente relacionar la custodia compartida con la mediación, y también que les hace pensar que un Juzgado se obtendrá siempre una custodia exclusiva para uno de los progenitores, si desde el año 2005 nuestro derecho recoge expresamente la custodia compartida.

Pues bien, detrás de esta petición hay muchas cosas, hay intereses, hay necesidades y hay emociones, de lo más variopinto, pero emociones al fin al cabo. En mediación familiar partimos de la idea de que los conflictos no llegan aislados, siempre vienen envueltos en emociones, y lo que vamos a intentar es salvar esta dificultad generando un espacio de gestión del conflicto, así:

  • No voy a obviarla y por ello comienzo por ella, la motivación económica a la hora de solicitar la custodia compartida, se piensa, así no pago la famosa “pensión de alimentos”, pero, además de que la custodia compartida no supone una desaparición automática de la pensión de alimentos, cabe preguntarse, ¿siempre la petición de custodia compartida tiene como objetivo la desatención de las obligaciones económicas? Quizá el progenitor obligado no dispone de dinero para hacer frente a esa obligación y si de tiempo para atender el cuidado de sus hijos ejercitando su “patria potestad” en un sentido más amplio al que estamos acostumbrados; y además está dispuesto a hacerlo, y no cree que eso sea entendido en un Juzgado desvinculado del interés económico.

 

  • Junto a ésta, los miedos y el “qué dirán”. Miedos como, voy a perder a mis hijos, y pensamientos como, si no pido la custodia compartida no seré un buen padre, o aún peor, si no pido la custodia exclusiva soy una mala madre; mitos que nos acompañan como fantasmas a los que lograremos vencer en un proceso de mediación. Aquí también nos encontramos con , y a la vez en una fuerte contradicción interior, pero es que yo no quiero pelear contra nadie o su padre es un buen padre; realmente nos encontramos ante situaciones estresantes que es necesario gestionar por el bien de todos, y especialmente de los menores.

 

  • Y, cómo no, la culpabilidad de aquel o aquella que da el paso hacia la ruptura, “he roto mi familia” o “ya no volveremos a ser una familia”, la idea de que una vez rota la pareja se ha roto la familia parece, en el momento actual, que no tiene más solución que solicitar, y conseguir, una custodia compartida; aunque el reparto de tiempos sea una auténtica locura o en el mejor de los casos un cúmulo de despropósitos. Del espacio de mediación sale una nueva estructura familiar, una estructura nueva pero a la vez sólida, ya que es la que mejor se adapta a esa familia, porque, aunque tengan dos casas siguen siendo una familia.

La realidad es que en el momento actual la denominada familia tradicional con sus roles estandarizados es sólo una estructura más de familia, que convive con estructuras más modernas de las que hasta la propia ley se ha hecho eco después de la reforma en materia de familia del año 2005. Junto a este conjunto de estructura familiares, una novedosa forma de configurar las nuevas estructuras familiares, la mediación familiar, una metodología que amplía las posibilidades y da a los progenitores la posibilidad de dirigir su ruptura, y todo ello con el objetivo de obtener acuerdos válidos y duraderos, además de que todo se desarrolle de una mera ágil, o por lo menos fluida.

En mediación nos encontramos con el objetivo de organizar, entre otros aspectos, “los tiempos de convivencia” de los hijos con sus padres y madres, y así, ya desde el principio eliminamos la clásica distinción entre progenitor custodio, el que se encarga, y progenitor visitante, el que no tiene la custodia y parece que no se encarga, y que sólo hace “visitas”. Es necesario que los tiempos de convivencia se adapten a los horarios y actividades de los menores y a los trabajos de sus progenitores, y ello con el objetivo de que sean tiempos lo más plenos posibles, compartiendo sus vidas; es lo que se denomina coparentalidad o parentalidad, o crianza, en positivo frente a una crianza en paralelo en la que hay una distribución material o matemática del tiempo atendiendo plenamente a éste y no a las necesidades familiares reales.

CONTIGO familias libres” quiere ser en lo que a mediación se refiere, además de un servicio de mediación, un punto de información de mediación donde los progenitores en proceso de ruptura puedan dirigirse en cualquier momento de éste para conocer, entre otros puntos, como podrían establecer los tiempos de convivencia con sus hijos; y en definitiva, como podrían configurar de la forma más satisfactoria para todos su “custodia compartida” e incluso un espacio para aclarar, modificar o ampliar cualquier cuestión o punto concreto de discrepancia que se puedan plantear en un proceso de ruptura.

COMO SOCIEDAD AVANZADA QUE SOMOS, AVANCEMOS

Por Ángel Áviles/mediador

EL DIVORCIO NO ES UN JUEGO,NI UN MERCADO NI UN CIRCO

LA DURA REALIDAD EN UN POST DIVORCIO

Hablando de: crisis post divorcio 

Mis padres llevan 13 años divorciados, aun así, mi padre sigue descalificando a mi madre. ¿Cómo podría ayudarle?

www.contigoeducapadi.com

Antes de dar una respuesta a lo que puede hacer un hijo/a ante esta situación, es importante conocer que hay detrás de esos acontecimientos y como afecta a las personas que están implicadas.

En primer lugar, está claro que estamos ante dos padres divorciados cuya relación se caracteriza por ser conflictiva y un/una hijo/a en medio del conflicto que intenta ayudar.

La descalificación, los insultos, la falta de respeto, las burlas, ser ignorado, etc., evidencian claramente la agresión verbal que normalmente se da en los casos del maltrato emocional/psicológico.

Según la RAE la palabra descalificar significa desacreditar, desautorizar o incapacitar a alguien o algo; también hace referencia a eliminar a alguien de una competición como sanción por faltar a las normas establecidas.

Si tenemos en cuenta esta definición y la comparamos con el divorcio, podríamos pensar que uno de los progenitores (en este caso el padre), sanciona (descalifica) a su ex pareja (a la madre) por faltar a las normas establecidas. Y ¿cuáles son las normas establecidas? – el matrimonio?

Una pregunta demasiado polémica que quizás lo abordaremos en otro momento, ahora, como he mencionado más arriba, vamos a profundizar sobre: padre y madre tras el divorcio y, el conflicto entre los padres (divorciados o estando en pareja) desde la perspectiva de los hijos.

Padre y madre tras el divorcio

Si las personas dirían simplemente: “ya no podemos convivir juntos” sería un hecho extraordinario y no existirían tantas víctimas colaterales (los hijos) en medio de un conflicto. Pero, en la mayoría de los casos eso no ocurre así. Los dos adultos terminan culpándose el uno al otro por el fracaso de su relación. Dan lugar a “batallas” crueles por tiempos indeterminados que tienen lugar incluso después de mucho tiempo tras el divorcio y en las que las “armas” utilizadas son los propios hijos.

¡¡¡Cuidado!!! El divorcio no es un juego, ni un mercado y tampoco un circo (bueno, a veces puede ser un circo); tampoco es la cosa más divertida que existe, pero, a pesar de lo duro que puede llegar a ser, los dos padres deben considerar el bienestar de sus hijos como su principal objetivo.

Françoise Dolto considera que, cada divorcio traduce la necesidad de uno o ambos ex cónyuges de recuperar su independencia, ya sea la independencia sexual, económica o de otra naturaleza. Pero, no olvidemos que las exparejas siguen siendo padres, aunque vivan en casas diferentes y tengan vidas diferentes.

Conflicto entre los padres (divorciados o estando en pareja) desde la perspectiva de los hijos.

Aparte de la pareja, las personas afectadas por la situación conflictiva tras el divorcio, son los hijos. Los conflictos entre los padres (divorciados o estando en pareja) afecta de modo directo a los hijos, incluso cuando se esfuerzan para no discutir delante de estos últimos.

Es importante saber ¿qué ven los hijos? ¿qué oyen? ¿qué entienden? ¿qué sienten? ¿qué hacen cuando se encuentran con la escena en la que uno de los progenitores “ataca” al otro?

Una de las cuestiones más debatidas se refiere a la edad que tienen los hijos en el momento en el que viven los conflictos entre sus padres. Los expertos en la materia afirman que los hijos son afectados independientemente de la edad.

Muchas veces, ambos padres piensan que los hijos no entienden lo que está pasando, o no están afectados por sus discusiones contradictorias o de violencia verbal (o física). “¿Que sabe él/ella? – es pequeño/a, no se entera” es una de las frases más frecuentes con la que los padres se excusan por hacerles testigos a los hijos/as en sus disputas.

Hay otros padres que sostienen, incluso, que es bueno que los niños oigan para “saber lo que hay” y ni siquiera disimulan; es más, les hace participes hasta el punto de verse presionados elegir entre uno u otro.

Así, cegados por la rabia, el dolor, y necesidad de venganza, los padres terminan utilizando a los hijos como “peones” en el “juego del divorcio” utilizando frases descalificatorias como: “oh, tu madre se ha equivocado otra vez?” o “tu padre nunca hace X o Y”. Cada vez que se utilizan dichas frases el/la hijo/a está lleno de resentimiento y culpa – la persona sobre la que se le habla es su otro/a padre/madre.

Atención con lo que se habla sobre la expareja, no solo se destruye la autoestima y la estabilidad de los hijos/as, también se pone en peligro la buena relación con ellos. Y esto puede pasar independientemente de la edad que tenga el/la hijo/a.

¿Qué ven los hijos ante este escenario?

Ven a sus padres distintos/diferentes como de costumbre. Ven su furi expresada mediante insultos y gestos; ven comportamientos violentos que tienden a repetirlos en los momentos tensos.

¿Qué oyen los hijos cuando los padres discuten?

Oyen grito, llantos, reproches, insulto, descalificaciones, burlas, etc.

¿Qué entienden los hijos de la discusión de sus padres?

Cuando los hijos son pequeños, al no entender lo que está pasando, tienen que dar un sentido a las palabras que oyen y a los gestos que ven; ese sentido se refleja mediante miedos y sentimientos negativos que aparecen en las distintas etapas del desarrollo vital.

¿Qué sienten? Miedo, abandono, tristeza, desesperación, dolor, desequilibrio y malestar general (en ocasiones hasta pueden sufrir enfermedades). Estos sentimientos pueden aparecer tras producirse la discusión/enfrentamiento.

¿Qué hacen los hijos en estas situaciones?

Algunos se esconden, otros intentan defender a uno de sus progenitores o, mediar entre ellos. Otros lloran, gritan, se quedan mudos, otros esperan a que acaben; hay niños que salen corriendo cuando los padres discuten, otros participan en la discusión y otros intenta sacar partido pidiendo a uno lo que el otro no le ha concedido o le ha prohibido.

Ya hemos visto que las partes implicadas en la frase inicial (padre, madre e hijo/a) terminan siendo afectadas de forma directa o colateral.

Realmente cada una de las partes necesita apoyo: los padres para superar la ruptura y eliminar la situación de conflicto y los hijos por encontrarse con “ataques directos” entre sus progenitores que siempre van a ser su madre y su padre.

Para responder a la pregunta inicial, dicha ayuda se puede proporcionar desde equipos multidisciplinares formados por trabajadores sociales, psicólogos, mediadores, abogados, etc., cuyos objetivos principales de intervención son reducir el tiempo y el coste emocional en situaciones de conflictos familiares, lograr que los conflictos familiares no se agraven, así como paliar las consecuencias negativas de las separaciones (por ejemplo la violencia verbal que se da entre la expareja)

No obstante, cada una de las partes deben presentar una actitud positiva dirigida hacia la resolución del conflicto y comprometerse con las actividades propuestas para conseguir el bienestar propio y de su otro ser querido.

Por Mihaela Raducea/trabajadora social

EN EL DIVORCIO TAMBIÉN INTERVIENE HACIENDA

EN EL DIVORCIO TAMBIÉN INTERVIENE HACIENDA

Hablando de: divorcio y declaración de renta 

Cuando se produce una ruptura es otro tema recurrente el de la declaración de la renta de las personas físicas (IRPF). Es decir, que no tenemos sentencia de divorcio, a lo mejor ni siquiera se ha presentado la demanda, pero cada cual ya hace su vida por su cuenta y existe una ruptura de hecho.

Sostengo que el divorcio suele ser “cosa de tres”, y no me refiero a que en su causa necesariamente tenga que haber una tercera persona, no. Es que el Estado, omnipresente y regulador, siempre tiene algo que contar en esta historia.

En su versión fiscal -la del “Hacienda somos todos”– el Estado no entiende de sentimientos ni de razones. Por eso, aunque solo sea por esta cuestión crematística, es aconsejable ponerse de acuerdo y, si es posible, consensuar cómo se va presentar la declaración, si individual o conjunta.
Y lo decimos porque es en junio de cada año cuando se declaran los ingresos del ejercicio anterior. Es decir, puede que estemos declarando ingresos de cuando la pareja no se había roto aún.
Para ello, sea con asesoramiento externo o con el programa que facilita la propia Agencia Tributaria (AEAT), es conveniente hacer una simulación y ver qué opción interesa más. Si es individual, no hay problema, cada cual por su lado. Pero si conviene más la conjunta, podría prepararse un documento privado –además de firmar la propia declaración los dos, claro- en el que se acuerde, en un solo párrafo, dividirse el resultado, salga a pagar o salga de devolver.

Además de por cuestiones prácticas, parece justo que si uno tiene derecho a una devolución y el otro no, que se reparta de forma equitativa, sobre todo cuando hablamos de un régimen de gananciales y uno de los cónyuges trabaja y el otro no, puesto que así sucedía cuando aún no se había producido la ruptura, donde el sueldo se destinaba a “llenar la olla común”.

Sé que es difícil pero, aun cuando no se hayan arreglado otras cuestiones, no es muy inteligente “regalarle” al Estado lo que con tanto esfuerzo se ha ganado durante el año anterior. Dicho de otra forma, aunque no exista un acuerdo total, al menos puede hacerse una concesión parcial, con el estímulo del “yo gano-tu ganas”.

Lo que desaconsejo es actuar de forma unilateral, es decir, presentarla conjunta simulando la firma del otro cónyuge. Además de consecuencias penales, ya se me ha dado el caso en el que, en cuanto se ha puesto en conocimiento de la AEAT este hecho, se ha incoado un expediente y liquidado una “paralela”, perdiendo –con ello- cualquier tipo de ventaja que se hubiera pretendido, con el recargo de intereses e imposición de las sanciones correspondientes.

Por José Ramón Sáez/abogado 

¿CUÁNTO Y COMO LES AFECTA EL DIVORCIO?

¿CUÁNTO Y CÓMO LES AFECTA EL DIVORCIO?

Hablando de: EFECTOS PSICOLÓGICOS DEL DIVORCIO EN LOS HIJOS

www.contigoeducapadi.com

Diversos estudios de Psicología Jurídica han tratado de concretar y describir cómo reaccionan los hijos ante la ruptura de pareja de sus padres. En general, y atendiendo a la edad de los menores, podemos resumirlo de la siguiente manera:

  • Entre los 0 y los 3 años: los menores no tienen capacidad para entender qué sucede en la familia y sobre todo, qué pasa entre sus padres. En muchas ocasiones, por esta falta de comprensión de la situación familiar, los niños pueden sentirse responsables de la ruptura de sus padres, apareciendo altos niveles de ansiedad, miedos o regresiones.
  • Entre los 3 y los 6 años: muy frecuentemente interpretan la ruptura de pareja como un rechazo hacia ellos, apareciendo sentimientos de tipo depresivo.
  • A partir de los 6 años: los menores pueden hacer responsables a sus progenitores de la ruptura, surgiendo, en aquellos, sentimientos de enfado y de ira. En ocasiones, aparecen síntomas somáticos.
  • En la adolescencia: en general, su capacidad cognitiva les permite entender mejor el divorcio de sus padres, y por tanto, enfrentarse mejor a la nueva situación familiar, aunque pueden elevarse los niveles de ansiedad. En otras ocasiones, el nuevo esquema familiar puede afectar negativamente a los cambios que se producen en esta etapa evolutiva, y provocar un mayor desajuste en el menor.

Como padres, debemos tener muy presente que es fundamental que ambos progenitores continúen manteniendo la vinculación con los hijos, de manera que puedan relacionarse con cada uno de ellos con fluidez, independientemente del tipo de custodia o del régimen de visitas que se esté desarrollando.

El verdadero responsable de la desadaptación y del desajuste psicológico infantil, no es el divorcio en sí mismo, sino la ausencia de uno de los progenitores en la vida del menor, y sobre todo, el conflicto parental y la implicación del menor en él.

Por tanto, si queremos que nuestros hijos afronten el divorcio de la mejor manera posible, debemos ayudarles a mantener la relación con el otro progenitor, y, bajo ningún concepto, hacerles partícipes del conflicto que pueda surgir entre los progenitores.

Por Begoña García/psicóloga forense