LA VIVIENDA FAMILIAR, ES PROPIEDAD DE MIS PADRES

NUESTRO HOGAR: LA CASA DE MIS PADRES

Hablando de: divorcio legal y vivienda

¿QUÉ PASA SI NOS DIVORCIAMOS Y VIVIMOS EN UNA CASA PROPIEDAD DE MIS PADRES?

www.contigoeducapadi.com

Los inicios de la convivencia en pareja suelen ser complicados, al menos desde el punto de vista material, sobre todo si se tiene en perspectiva tener descendencia. Lo del “contigo, pan y cebolla” es más complicado cuando hay menores de por medio.

A ello se le une el problema de la elevada tasa de paro juvenil que padecemos en España, la dificultad de acceso a una vivienda en propiedad (a cuya adquisición hay que destinar el sueldo de muchos años) y, aunque existe la opción de un arrendamiento, en el momento de redactar estas líneas se está avisando de que ese mercado se ha recalentado y los expertos avisan de una nueva “burbuja de los alquileres”.

Estando así las cosas no es de extrañar que las estadísticas revelen que la edad de las mujeres primíparas se haya retrasado notablemente, puesto que no se alcanza cierta estabilidad económica y laboral hasta pasados los 40 años de edad y, a veces, ni con esas.

Es por todo ello que no resulta extraño que en ocasiones sean los padres de uno u otro cónyuge los que aporten su granito de arena permitiendo que los dos tórtolos instalen su primer nido en una vivienda propiedad de aquéllos, sin tener que pagar renta alguna, con la sola obligación de conservarla y pagar los suministros (a veces, ni eso).

El problema surge cuando se rompe la relación de convivencia.

Pues bien, este tipo de cuestiones llegaron en su día al Tribunal Supremo quien, como máximo intérprete de la Ley, ha insistido en la necesidad de analizar cada caso concreto para definir si ha existido o no un contrato entre las partes, y particularmente un contrato de comodato, caracterizado por la cesión gratuita de la cosa por un tiempo determinado o para un uso concreto. En tal caso, se deberán aplicar las normas que regulan este negocio jurídico. 

Sin embargo, en el supuesto de que no resulte acreditada la existencia de esta relación jurídica, se debe concluir que estamos ante una figura que se llama técnicamente “precario”, lo que conlleva a que el propietario o titular del inmueble pueda, en cualquier momento, reclamar su posesión. En este último caso, y frente a la posible reclamación de su propietario, no podrá oponerse la atribución del uso de la vivienda que haya sido establecido en el ámbito de un procedimiento de familia. 

En definitiva, en estos casos la atribución del uso de la vivienda por sentencia dictada en un procedimiento de familia no puede constituir un título jurídico hábil para justificar la posesión frente a los dueños de la vivienda, ni permite reconocer al beneficiario una posición jurídica o una protección posesoria superior a la del precario.

La conclusión de todo este razonamiento se encuentra en una Sentencia de 18 marzo 2011 (EDJ 2011/30412), que fijó como doctrina jurisprudencial la siguiente:”La situación de quien ocupa una vivienda cedida sin contraprestación y sin fijación de plazo por su titular para ser utilizada por el cesionario y su familia como domicilio conyugal o familiar es la propia de un precarista, una vez rota la convivencia, con independencia de que le hubiera sido atribuido el derecho de uso y disfrute de la vivienda, como vivienda familiar, por resolución judicial”.

Y es que, razona el Alto Tribunal “ello entrañaría subvenir necesidades familiares -muy dignas de protección- con cargo a extraños al vínculo matrimonial y titulares de un derecho que posibilita el ceder el uso de la vivienda”.

Por José Ramón Sáez/abogado

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *