MEDIACIÓN E INTERÉS DEL MENOR EN RUPTURAS DE PAREJA

MEDIACIÓN Y PARENTALIDAD POSITIVA

Hablando de: interés del menor en ruptura de pareja

¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE MEDIACIÓN, INTERÉS DEL MENOR Y PARENTALIDAD POSITIVA? 

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En este tiempo que tanto se habla de custodia compartida, hasta el punto de convertirse en bandera de libertadores e insignia de “pogres”, es también tiempo de reflexionar sobre ese soberano principio del derecho de familia que es el “interés del menor”. Quizá está ola de avance es sólo un intento de fundamentar el ejercicio de la responsabilidad parental. En definitiva se trata de garantizar los derechos de los menores, niños o adolescentes, promoviendo su desarrollo y bienestar personal y social.

Acabamos de asistir, hace relativamente poco tiempo, en concreto en julio del año 2015, a la derogación legal de la facultad de corrección mantenida en el artículo 154 del Código Civil desde 1981 en que se eliminó el castigo de la redacción del artículo 155 del citado Código. Si bien es cierto que el precepto legal indicaba que la facultad de corrección debería de ejercerse “de forma moderada y razonable”, la evolución del mismo, no es más que la evolución del ejercicio de la patria potestad en interés del menor. Asistimos a la primacía del principio de responsabilidad parental frente a del la autoridad parental. No es sencillo el camino hacia la responsabilidad parental, por ello vamos a necesitar de apoyos, para conseguirlo. 

La  señala que “el ejercicio de la parentalidad positiva se refiere al comportamiento de los padres fundamentado en el interés superior del niño, que cuida, desarrolla sus capacidades, no es violento y ofrece reconocimiento y orientación que incluyen el establecimiento de límites que permitan, el pleno desarrollo del niño.

Según Mª José Rodrigo y Jesús Palacios (1998) los principios que favorecen cursos de desarrollo adecuado en los menores y fomentan su bienestar físico y mental son:

  • Vínculos afectivos cálidos, protectores y estables para que los menores se sientan aceptados y queridos.
  • Entorno estructurado, que proporciona modelo, guía y supervisión para que los menores aprendan las normas y valores.
  • Estimulación y apoyo al aprendizaje cotidiano y escolar para el fomento de la motivación y de sus capacidades.
  • Reconocimiento del valor de los hijos e hijas, mostrar interés por su mundo, validar sus experiencias, implicarse en sus preocupaciones, responder a sus necesidades.
  • Capacitación de los hijos e hijas, potenciando su percepción de que son agentes activos, competentes y capaces de cambiar las cosas e influir sobre los demás.
  • Educación sin violencia, excluyendo toda forma de castigo físico o psicológico degradante, por considerar que el castigo corporal constituye una violación del derecho del menor al respeto de su integridad física y de su dignidad humana.

En este punto, hemos de reconocer que, en nuestras vidas, nos encontramos frente a necesidades experimentadas como consecuencia de situaciones estresantes, y necesitamos apoyos para superar esas etapas de transición hacía una nueva configuración familiar. Entre esas necesidades aparece la de solucionar, tanto los conflictos del seno familiar como los surgidos como consecuencia de la ruptura de la pareja. Aparece aquí la mediación como conjunto de herramientas, técnicas y habilidades, que ayudan a las familias en un momento concreto y determinado de sus vidas.

¿Por qué la mediación familiar? Porque en mediación tratamos de que sean las propias familias las que solucionen las situaciones a las que se ven enfrentadas. Confiamos en sus capacidades, ellos son quienes mejor se conocen, y por ello, ellos son quienes pueden encontrar las soluciones más válidas, aunque en el momento en que se encuentran no lo crean. El sistema de comunicación familiar es fundamental y determinante para encontrar una solución a esas situaciones que se plantean. Aquí, el mediador como experto en comunicación con formación multidisciplinar, aparece como profesional válido para el apoyo en la resolución de las cuestiones que se planteen, generándose de este modo un sistema de parentalidad positiva. 

Y así, buscando el nexo de unión entre parentalidad positiva y mediación, llegamos a la Recomendación R (98) de 21 de enero de 1998 del Comité de Ministros del Consejo de Europa a los Estados Miembros sobre mediación familiar, para que se instituya, promueva y refuerce la mediación familiar. Y, en las base de esa recomendación, en concreto en el punto 6, encontramos una remisión a la Convención Europea sobre el Ejercicio de los Derechos del Niño, y en particular a su artículo 13, que se ocupa de la prestación de la mediación u otros procesos para resolver litigios que afecten a los niños. De toda esta exposición se extrae, rápidamente, una conclusión lógica, si la Convención de los Derechos nos dice que, en los procesos que les afecten hemos de buscar la resolución de los mismos a través de otros procesos, y todo ello tomando como base el principio del interés del menor, y este principio sustenta la denominada “parentalidad positiva”, la mediación se presta como herramienta idónea en aquellos conflictos que afecten a los menores.

Finalizamos invitando a los lectores a profundizar en este tema, y recomendando la lectura de la Guía de Buenas Prácticas en Parentalidad Positiva Un recurso para apoyar la práctica profesional con familias año 2015, publicada por la Editorial: Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) en coordinación con la Subdirección de Asuntos Sociales Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad Dirección General de Servicios para la Familia y la Infancia. En “CONTIGO” también pensamos que el trabajo en ruptura de pareja cuando existen menores debe estar presidido por el principio de interés del menor, y creemos que las últimas reformas demandan recursos multidisciplinares que garanticen el tan referido principio y construyan una “parentalidad positiva”.

COMO SOCIEDAD AVANZADA QUE SOMOS, AVANCEMOS

Por Ángel Avilés/ mediador

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