MEDIACIÓN Y LIQUIDACIÓN DE SOCIEDAD DE GANANCIALES.

MEDIACIÓN Y LIQUIDACIÓN DE SOCIEDAD DE GANANCIALES

Hablando de: mediación en la ruptura familiar

liquidación sociedad de gananciales” y “propiedades emocionales”

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Hemos afirmado en muchas ocasiones que las controversias derivadas de una ruptura de pareja solo en muy pocos casos acaban tras el fin del proceso judicial. Y ello principalmente porque, tras un proceso de este tipo, la ex pareja se ve obligada a mantener el contacto y la relación debido a la existencia de hijos e hijas en común. Pero, ¿es la organización de la vida de sus hijos e hijas en común el único elemento de controversia? ¿qué ocurre con los bienes en común? ¿qué pasa con el patrimonio? Y, sobre todo, ¿qué pasa con mi casa”?

La conocida como liquidación de la sociedad de gananciales se podría definir como un proceso en el que los cónyuges reparten y adjudican aquellos bienes comunes adquiridos durante el matrimonio. Aunque sabemos que no hay obligación de llevarla a cabo simultáneamente al proceso divorcio, sí se recomienda hacerlo al mismo tiempo para así poder disponer de los bienes comunes sin necesidad de permiso del otro cónyuge ni tampoco rendirle cuentas.

En apariencia, la liquidación de gananciales no sugiere ser un proceso complejo. Es más, la primera idea es pensar que usando sencillas operaciones matemáticas, como sumas, restas y divisiones, podríamos zanjarlo todo. Sin embargo, la realidad no es esta. Cuando liquidamos gananciales nos encontramos con bienes que podríamos considerar, sin miedo a equivocarnos, auténticas propiedades emocionales. Es decir, tenemos delante de nosotros un inventario de bienes en el que nada se ajusta a su valor real, ni tan siquiera a un valor objetivo o puramente económico. Una vez más las emociones hacen su aparición, condicionando e impregnando el valor objetivo de los bienes. Y condicionando, por lo tanto, el reparto de los mismos. Pensábamos sentarnos a dividir o repartir. Pero en la realidad nos encontramos con un baile de números dirigido por las emociones de uno y otro cónyuge; y en algunos casos de sus respectivas familias. No nos serán extrañas frases como: “en esa casa he trabajado yo más que los albañiles que la hicieron” o “en ese terreno invertí toda mi herencia y ahora la tengo que compartir con él”.

En este contexto, poner en marcha un proceso de mediación nos ayuda en el abordaje de las situaciones siguientes:

  • Bloqueo emocional: los procesos de ruptura comportan una fuerte carga emocional que es necesario gestionar. La carga emocional no gestionada puede convertirse, fácilmente, en un obstáculo que nos impide pensar y ver con claridad cuáles son nuestros verdaderos intereses. Por eso hemos de tener en cuenta que quienes tienen que liquidar su patrimonio se encuentran ante una barrera creada por ellos mismos, cuya dificultad está, a veces, más en la gestión emocional que en la distribución patrimonial. En ocasiones nos encontramos con negaciones de la nueva realidad familiar, que no se puede cambiar, y que se intenta mantener en el tema patrimonial, transformando los bienes a liquidar en propiedades emocionales que no son más que falsas herederas de un matrimonio que ya no existe.
  • Falta de superación del duelo: el duelo existe, y es un proceso. Repartir el patrimonio negando la nueva situación o lleno de irá impide visualizar el futuro. Las decisiones tomadas desde la idea de que lo que ha pasado no puede ser verdad o desde la venganza y el reproche puede perjudicar la adjudicación de los bienes. En definitiva se están valorando los bienes con parámetros que no son reales.Y la consecuencia más inmediata y lógica es la sensación de que no “cuadran las cuentas”.
  • Dependencia emocional: partimos de la idea de que las relaciones de afecto generan dependencia emocional, incluso podríamos decir que esto es lo natural. Por ello, finalizada una relación lo deseable es cada uno funcione de forma libre e independiente. Sostener una dependencia emocional sin gestionarla nos lleva a mantener latente la sociedad de gananciales, e implícitamente, a alargar el final de la relación. Aquí podemos citar a Frederick Dodson cuando dice que: “Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción es lo que verdaderamente causa dolor y sufrimiento”.
  • Titularidad real y titularidad moral de los bienes: la titularidad real y la titularidad moral nos pone en contacto directo con uno de los tema estrella del proceso de mediación, el reconocimiento. El espacio de mediación es idóneo para el reconocimiento. Así tenemos cuestiones como quién o quiénes han trabajado durante el matrimonio, si existía o no empresa familiar en la que se colaboraba con o sin remuneración, quién se dedicó a la casa y al cuidado de los hijos, etc… También nos encontramos aquí con la necesidad de contar la historia que hay detrás de esa casa, de ese coche, de ese terreno, de esa pulsera y un largo etcétera. Y cuando hablamos de contar la historia, estamos diciendo que uno de ellos cuenta y que el otro escucha, y es este proceso de comunicación el que les ayuda en ese proceso de liquidación de bienes.

Interesante hacer una precisión ligústica, como casi siempre en mediación, para llevar a cabo el reparto de bienes que tiene como objetivo actuar como agente de realidad para aquellos que acuden al proceso. Se trata de establecer como ideas generales que se reparte lo ya se tiene, que se compensa cuando se debe y que se cede cuando es de uno y se da a otro.

Aunque pudiera parecer más fácil el reparto en el caso de que los cónyuges hubieran optado por el régimen económico de separación de bienes durante el matrimonio, la realidad no es así. Es muy frecuente que tras un régimen de separación de bienes nos encontremos con un entramado de negocios jurídicos que, lejos de separar el patrimonio de cada uno de los cónyuges, lo ha unido más. Aquí también es útil la mediación, operando igual que en la disolución de la sociedad de gananciales.Y presentándose además como el proceso idóneo mediante el que los negocios o empresas quedan menos dañados tras la ruptura del matrimonio.

Por último, una referencia sobre cómo afecta la división o adjudicación de los bienes gananciales a terceros que no forman parte del entorno familia como son las entidades bancarias. Partimos de la idea general de que la liquidación de la sociedad de gananciales no afecta a los derechos de terceros. Esto es, no puede perjudicar a terceros.Y por ello no están obligados a aceptar lo que los cónyuges hayan pactado. Con un ejemplo quizá se vea más claro: si pactamos que uno de los cónyuges se quede con la casa y pague el préstamo íntegramente (lo que en términos jurídicos sería que se adjudica la vivienda y el préstamo hipotecario que la grava liberando al otro del préstamo) dicho pacto no afectará a la entidad bancaria que concedió el crédito a ambos, salvo que ésta consienta. Esto nos lleva a que, producido un incumplimiento, la entidad, en su calidad de acreedora, podrá dirigirse frente a cualquiera de los ex cónyuges; sin perjuicio de la acción de reclamación de la que dispone el no obligado por el convenio regulador y la de daños y perjuicios por el incumplimiento del convenio regulador firmado.

Está claro que la mediación no va a cambiar la situación jurídica. Pero ante cualquier incumplimiento de obligaciones con un tercero, como es la entidad bancaria, el hecho de que ambos cónyuges o excónyuges elaboren una estrategia común sólo les dará ventajas, reduciendo por supuesto los efectos negativos. En este ejemplo concreto el proceso de mediación se presenta como una herramienta de apoyo en la gestión de un conflicto post divorcio, cuya mala gestión puede llevar a perjuicios mayores.

COMO SOCIEDAD AVANZADA QUE SOMOS, AVANCEMOS

Por Ángel Avilés/mediador

 

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