EL DIVORCIO DESDE DOS PERPECTIVAS PSICOLÓGICAS

PSICOLOGÍA Y LAS CARAS DEL DIVORCIO

Hablando de: EFECTOS PSICOLÓGICOS DEL DIVORCIO
EN LOS MIEMBROS DE LA PAREJA

¿CÓMO TE PUEDE AFECTAR EL DIVORCIO ? DOS CASOS REALES CON DOS PERSPECTIVAS DISTINTAS. 

Laura le planteó el divorcio a Francisco, ya hace más de dos años. Él solo se dedicaba a su trabajo y a sus amigos; ella siempre estaba sola, con los niños, y nunca hacían cosas juntos. Así que Laura tomó la firme decisión de poner un punto y final a su matrimonio. Dice que fue la peor época de su vida, y que lo sigue siendo todavía. Me explicó que su marido no aceptó la ruptura, y que, desde hace dos años, continúa pasando por la puerta del domicilio familiar, todos los días, varias veces, a ver si se cruza con ella, intentando cazar una mirada, o cualquier detalle que le haga pensar que van a volver a vivir juntos, y buscando a sus hijos. Laura está exhausta, no puede más, y se está planteando denunciarle por acoso. Necesita empezar una nueva vida, en la que Francisco no esté presente.
Francisco está perdido, se siente fracasado. Está roto. Y hundido. A veces se sorprende a sí mismo tarareando esa canción que dice “Sin ti no soy nada”. Ha perdido al amor de su vida, y a sus hijos, porque su mujer, como la sigue llamando, no le permite verlos. Se queja de que no ha tenido una segunda oportunidad. Ha perdido su trabajo, su familia y sus amigos, parece que se han cansado de él, de sus continuas quejas y lamentos. Solo le anima coger el coche y acercarse por su casa, como la sigue llamando, para ver si coincide con su mujer o con sus hijos. No duerme mucho y come mal. No sabe explicar qué ha ocurrido para llegar a este pozo sin fondo. Está atrapado y solo siente dolor.

Ana y Lucas decidieron que ya no hacían nada juntos, que la chispa entre ellos se había acabado y que sería bueno seguir caminos diferentes. Ana reconoce que, le costó mucho tomar la decisión, pero que cuando lo hizo, no fue tan difícil como esperaba. Lo peor fueron los cambios, el cambio de casa, la mudanza, los papeleos, pero también la nueva organización familiar, los nuevos horarios con los niños y cómo organizar las estancias de ellos con cada uno de los progenitores. Recuerda que pensaba continuamente si, alguna vez, en el futuro, encontraría a una nueva pareja con la que volver a compartir su vida. Pero destaca, sobre todo, que comenzó un proyecto de vida nuevo, con mucha ilusión, y que se sentía liberada, por dejar atrás un estilo de vida y una pareja con la que no era feliz. A Ana no le gustaba que la gente del pueblo le diera “el pésame” y prefería que le dieran la enhorabuena.
Recuerdo que fueron juntos a ratificar el Convenio Regulador, al Juzgado de Familia. Todavía en las dependencias judiciales se dieron un beso, a modo de despedida, cosa que sorprendió a los funcionarios. Llevaban muchos años juntos, y habían tenido dos hijos. Se despidieron con un “encantado/a de haber compartido mi vida contigo”. Es un caso real.

El divorcio es una de las crisis personales de mayor impacto en la vida de una persona. Es una pérdida, sobre todo, emocional, aunque también económica y social.
La duración y los efectos de esta crisis dependen de cada pareja y de cada uno de los miembros de la pareja. Unos deciden romper la relación, superar la situación, y volver a construir, mientras que otros se quedan atrapados en la culpa y en el fracaso, mirando la herida abierta.
Dependiendo del motivo de ruptura, de la responsabilidad que asuma cada uno, y sobre todo, de los recursos psicológicos que posea cada uno de los miembros de la pareja, la crisis tendrá más o menos repercusión en nuestra vida.
Necesitamos tiempo para asumir los cambios, para aceptar la nueva situación y una buena capacidad para tomar nuevas decisiones. Si no es posible, debemos acudir a un profesional.

Por Begoña García 

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