QUÉ PASA CON LA HIPOTECA SI NOS DIVORCIAMOS

“HASTA QUE EL BANCO NOS SEPARE”

Hablando de: cuestiones legales en la ruptura de pareja 

AVALES E HIPOTECAS CONJUNTAS EN SITUACIONES DE DIVORCIO 

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Aunque parezca un juego de palabras, el problema al que se refiere el título de este artículo es mucho más frecuente de lo que parece. Y da igual que el matrimonio se formalizara en su día sometido el régimen legal de la sociedad de gananciales o en separación de bienes.

A la hora de abordarlo conviene distinguir dos situaciones que parecen ser iguales pero que no lo son, esto es, si ambos son la parte prestataria de un préstamo garantizado con hipoteca o, cosa distinta, es uno de ellos el que avala al otro.

Hipotecas

En estos casos la solución es muy difícil si no se cuenta con la voluntad del banco que, como es lógico, quiere cobrar su deuda y no va a perder garantías. La situación de ruptura le es ajena y normalmente nos encontramos con poca colaboración por su parte.

Las dos maneras que hay de solucionarlo son:

1.  Cancelar la operación al tiempo que se formaliza con otra entidad una nueva. Conlleva muchos gastos, pero a la larga puede salir rentable por los quebraderos de cabeza que uno se ahorra. Lógicamente, en la nueva operación figurará únicamente el cónyuge que se queda con el bien. Mi consejo es ir a una entidad distinta de la que tiene la hipoteca por una razón obvia: evitar que se aproveche de la “necesidad” e imponga condiciones leoninas.

2.– Liquidar el activo (la garantía) vendiéndolo a un tercero, y, con su producto, pagar la deuda y los gastos.

Ni qué decir tiene que ambas soluciones requieren un espíritu colaborativo entre ambos cónyuges. En otro caso y falta de acuerdo, no se nos ocurre otra cosa que liquidar el régimen económico matrimonial y que sea un juez el que decida quién se queda con el bien y con la hipoteca. Proceso arduo, costoso y muy alargado en el tiempo, razones por las que lo desaconsejamos vivamente.

Avales

Aunque menos frecuente, puede darse el caso de que un cónyuge no sea prestatario y simplemente aparezca en la operación como fiador de la misma.

En estos casos se puede ir a la entidad, hablar con ellos y, a veces, esa gestión ha dado resultado: si la operación está al día y se ha amortizado, por lo menos, la mitad de la deuda, es posible que accedan a liberar al fiador. Normalmente suelen exigir una retasación de bienes, pero no es muy costoso.

En otro caso, si la entidad se niega, volveríamos a la situación de la hipoteca, es decir, que lo suyo sería cancelar la operación, bien por venta del activo, bien por formalización con otra entidad.

Mientras que estamos con estos trámites, ¿qué pasa si no se paga la deuda y ejecuta el banco?

En las hipotecas, caso de que ambos figuren como parte deudora, ambos son responsables de todo. Quien pague, puede liberarse y luego repetir contra el que se ha abstenido.

Cuestión distinta es si estamos ante un aval y es que hay un resquicio cuando la operación ha sido titulizada o novada, porque en esos casos la jurisprudencia ha exigido que el avalista debió ser sido consultado y, si no fue así, podría oponerse a la ejecución.

En este caso y por ser exhaustivos, también el fiador no deudor tiene la posibilidad de reclamar contra su ex cónyuge moroso, bien repitiendo lo que haya tenido que pagar, bien demandado para cubrirse él mismo frente a esa reclamación que viene de camino.

En definitiva y modo de conclusión, la solución estaría en la prevención, esto es, antes de firmar el préstamo pensar qué pasaría si luego hay divorcio y pactarlo en un documento (aquí se abren muchas posibilidades que exceden de la extensión de este post). 

Entiendo que, con toda la ilusión de la boda es un sapo difícil de digerir pero también aseguro que este fleco va a perseguir a los ex cónyuges, como mínimo, todo el tiempo de duración del préstamo, al igual que sucede en la liquidación de la renta si las cosas no se hacen bien. EN EL DIVORCIO TAMBIÉN INTERVIENE HACIENDA.

Por José Ramón Sáez/ Abogado

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