LA MEDIACIÓN EN MEDIDAS JUDICIALES DE DIVORCIO

EN MODIFICACIÓN DE MEDIDAS JUDICIALES,¿MEDIACIÓN O DEJAR QUE DECIDAN OTROS?

SI NECESITAS CAMBIAR LAS MEDIDAS JUDICIALES ¿QUE ES MEJOR PARA TU FAMILIA?

Martín y Begoña se divorciaron hace cuatro años. Fue un divorcio “mutuo acuerdo”. Aunque, siendo sinceros, ambos reconocen que si alguien les pregunta no sabrían decir exactamente qué firmaron, aunque que ambos manifiestan que ya entonces querían una solución pacífica.

El convenio regulador de Martín y Begoña llevaba cuatro años en un cajón. Una Navidad ante el planteamiento de una nueva situación familiar, uno de sus protagonistas decidió sacarlo, leerlo, y aplicarlo. La sensación de que se había abierto la “caja de Pandora” fue tremenda, pero qué podía estar pasando si hasta ahora todo había funcionado sin necesidad de acudir a ningún documento.

Estamos asistiendo en los últimos años a muchos casos como el de Martín y Begoña. Plantearse una modificación de medidas debe verse como algo positivo, proceda de un procedimiento contencioso o mutuo acuerdo. Positivo, porque se abre la posibilidad de volver a establecer las pautas sobre cómo nos gustaría que fuera nuestra vida, pero con una ventaja, y aquí una vez más “la veteranía es un rango”, ya hemos pasado una vez por esta situación y, aunque no sepamos lo que queremos, si sabemos lo que no queremos.

Quizá sea conveniente antes de entrar en cómo actúa la mediación en los supuestos de modificación de medidas fijar, con una idea muy general, cuál es el marco legal de la modificación de medidas. Si bien es cierto que se prevé en nuestra legislación un trámite de modificación de medidas, también lo es el hecho de que para el mismo se exija que “se alteren sustancialmente las circunstancias”; hablando incluso la Ley de que procederá el mismo “siempre que hayan variado sustancialmente las circunstancias tenidas en cuenta al aprobarlas o acordarlas”. Ello nos lleva sin duda alguna a que en la realidad no tan sencillo como pudiera parecer obtener una modificación de las medidas acordadas, salvo que se cumplan los requisitos legales.

Entonces, cabe preguntarse:

  • ¿Qué ocurre si no ha habido cambios “sustanciales” de las circunstancias que se tuvieron en cuenta cuando se firmó el convenio?,
  • ¿Qué ocurre si los cambios de mi familia son coyunturales, si no son permanentes ni tiene una entidad y transcendencia económica y familiar importante?
  • ¿Qué ocurre si, realmente esas circunstancias no son nuevas, pero no se tuvieron en cuenta o no se consideraron tan relevantes en aquel momento y ahora sí?

La realidad es que en los procesos de modificación de medidas, en muchas ocasiones no estamos solamente ante un conflicto jurídico, sino que nos encontramos ante conflictos personales surgidos de la evolución misma de la nueva situación familiar que necesitan una adaptación. Las necesidades de esos padres, madres y sus hijos e hijas evolucionan, unas veces de manera sustancial y otras no, pero en todas ellas necesitan un proceso de adaptación. Aparece aquí la mediación familiar como un recurso muy eficaz –no tenemos requisitos de sustancialidad, permanencia o novedad de las circunstancias- que minimiza la consecuencias negativas que la adaptación a una situación familiar puede suponer.

La mediación en un proceso de modificación de medidas supone:

  • Tener una vivencia real de los intereses y necesidades reales, tanto actuales como anteriores: nos podemos encontrar tanto con nuevas situaciones como con situaciones anteriores que en el momento actual se ven de forma diferente, y necesitan ser abordadas de manera diferente.
  • Tener un documento sobre el que trabajar: volver a construirlo es bueno porque se va arreglando lo que no sirve o es obsoleto y se genera un nuevo documento partiendo de lo que había sería una actitud resilente respecto del proceso.
  • Tomar decisiones desde la distancia del proceso de ruptura: la mediación aparece como una metodología idónea para trabajar desde la neutralidad y liberándose de emociones que ya sabemos que siempre están cargadas las cosas.
  • Tener la posibilidad de construir el nuevo convenio regulador partiendo del plan de parentalidad diseñado en la mediación: el diseño de un “plan de parentalidad” supone ampliar el objetivo del convenio regulador como si tuviéramos en nuestras manos una máquina de fotos de gran angular. No sólo podemos anticiparnos a cuestiones futuras sino que podemos centrar y fijar aspectos como el sistema de comunicación, tanto entre los progenitores como entre estos y sus hijos.

Estamos viviendo un alto índice de necesidad de modificaciones de medidas, que en un porcentaje también bastante alto, no encajarían en el supuesto legal. En estos casos, transcurrido un tiempo desde el proceso legal en el que se fijaron las medidas consecuencia de la ruptura, se hace necesario, incluso podríamos decir imprescindible, modificar alguno de los aspectos de la resolución judicial o del convenio regulador. A modo de ejemplo comentar que los menores se van haciendo mayores y los tiempos de convivencia con sus progenitores acordados en el momento de la ruptura no son ni viables ni reales. Y también que las situaciones económicas y laborales de los progenitores tampoco son ya las mismas –no podemos olvidarnos de lo que la crisis sufrida estos años ha afectado a los procesos de familia- y necesitan de una adaptación rápida para que no se generen nuevos conflictos como consecuencia de las nuevas situaciones.

La mediación nos ofrece una oportunidad de modificar las medidas adoptadas en un momento posterior, trabajando desde el aprendizaje, de una manera diferente y adaptándonos a la realidad con independencia de que el “cambio” sea o no sustancial o permanente. Además el acuerdo obtenido en mediación puede convertirse en un convenio regulador de mutuo acuerdo, obteniendo así un documento de eficacia jurídica que refleja las necesidades actuales de esa familia.

COMO SOCIEDAD AVANZADA QUE SOMOS, AVANCEMOS

Por Ángel Avilés/mediador

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