LOS NUEVOS ACTORES EN LA FAMILIA RECONSTITUIDA

LOS ACTORES TRAS LA RUPTURA

Hablando de: familias reconstituidas

¡NO TIENES DERECHO A DECIRME QUE PUEDO HACER!

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Cómo dijo Willian Shaskespeare, “el mundo es un teatro en el que todos somos actores” 

Si forma una nueva familia tras su separación/divorcio, tendrá más actores, más sorpresas, más fluctuaciones en las relaciones padres-hijos, más dramas y, si usted sabe dirigir bien su obra, más risas, alegría y más finales felices. 

En la familia reconstituida donde ambos o uno de ellos aporta hijos a la nueva relación aparece el concepto co-parentalidad o pluriparentalidad a la hora de educar que debe ejercer la nueva pareja junto con el progenitor biológico de los niños. En este proceso de adaptación a la nueva situación familiar es fácil que los hijos de tu pareja o tus hijos digan “ quién eres tú para decirme que tengo que hacer” “no eres mi padre/madre” en esos momentos el mundo se nos viene a bajo.

En primer lugar hemos de comprender que su hijo/a se encontrará rodeado de un elenco más amplio con diversos personajes, jóvenes y mayores. Demasiadas personas a las que tiene que darles un lugar y a las que adaptarse.Además tiene que acomodarse a la nueva dinámica familiar, siendo normal que en los comienzos de la convivencia surja a los niños desconcierto y a veces hasta conflicto de lealtad con respecto al progenitor que se queda excluido en esa obra. Aunque hoy no es nuestro tema decir que el papel que ocupa el ex a la hora de rehacer su vida va a ser primordial, pues con frecuencia surgen las “rivalidades” “competencia” utilizando a los niños “tu madrastra es un desastre, nunca te va a querer como yo” “ a ti nunca te compran ropa nueva, vas heredando la de la hija de ella” “ esa lo único que quieres es aprovecharse de tu padre”, “tu padre nunca ha hecho nada bien, nunca estaba en casa” etc. Esto abrirá las puertas al conflicto.

Su nueva pareja es un nuevo actor/a, un extraño/a que entra en su/s vidas y por el mero hecho de unirse a su padre/madre no le van a querer. Todos necesitamos un periodo de transición en el que solo nosotros somos los responsables de ganarnos el amor, confianza y respecto de los niños de nuestra pareja. 

Lo cierto es que durante los primeros años de la segunda relación tenemos una importante oportunidad. Es libre para elegir el papel que va a desempeñar. 

Si los adultos nos damos una segunda oportunidad, por qué no a nuestros hijos, no es cuestión de ocupar el lugar de nadie, solo hemos de ganarnos un lugar en su corazón desde el respeto y el amor (puede ofrecerles una amistad enriquecedora y comprensiva, la disposición para escucharles y, si son muy pequeños, un amparo cariñoso).

Si nos ponemos en su lugar comprenderemos que es normal que nos rechacen al principio, no saben quienes somos, qué lugar van ocupar en la nueva familia, qué cambios le traerá la nueva situación de papá/mamá. Qué normas habrán, cómo será la relación con los hijos de la nueva pareja o nuevos hermanos.Tendrá que aprender a compartir el cariño de papa/mamá con otro adulto o niño, qué costumbres o tradiciones nuevas habrán, qué intereses tendrán en común, seguirán haciendo las cosas que les divertía juntos, etc. Tanta incertidumbre les produce la situacion que es normal que genere angustia en los niños y miedos. 

RECUERDE tendrán crear un buen libreto para construir en positivo desde el minuto cero con grandes dosis de paciencia, comprensión, tolerancia y amor.  Sin olvidar que una familia reconstituida no tiene el mismo desarrollo que la que tuvo con anterioridad. SU OBRA SERÁ UN EXITO si usted se implica teniendo en cuenta las diferencias entre su primera obra y la segunda sin olvidar que los niños tienen miedo a que usted vaya a interponerse entre ellos y su padre/madre. Temen que a partir de ahora no van a tener acceso directo a su padre/madre.

 RECOMENDACIONES PARA UN BUEN LIBRETO

1. Respetar el duelo. Ser conscientes de los sentimientos de “pérdida y cambio” en los hijos. Necesitan tiempo para procesarlo. Los progenitores no deben hablar en contra de sus anteriores cónyuges delante de los niños. Su actitud debe ser conciliadora y fomentar en la medida en la que se pueda, la comunicación y contacto entre ellos. 

Realizar un progresivo acercamiento a los hijos de la nueva pareja por parte del nuevo miembro cuando la relación afectiva entre ambos se haya hecho estable. Debe alejarse en lo posible en el tiempo en que se produjo la separación de sus padres biológicos, teniendo paciencia con sus reservas y haciéndose poco a poco merecedor de su confianza.

2. A cada uno su tiempo. Cuidar mucho la relación de pareja y tener presente un tiempo dedicado a cada de los miembros del equipo familiar: un tiempo para ellos, un tiempo para compartirlo con los hijos propios y un tiempo compartido como equipo familiar. Los niños pequeños pueden sentirse desplazados por el nuevo cónyuge o por los hermanastros mayores, por lo que requiere una atención especial.

3. Mantener una actitud respetuosa. El nuevo cónyuge ha de mantener un respeto expreso al progenitor que no convive en el hogar. Jamás será su sustituto ni debe hablar mal de él. Ni cuestionar su labor delante de los menores. 

A principio de la convivencia serán más adecuadas las muestras de afecto verbal a las de cercanía física, hasta que éstas se asuman y demanden con normalidad. El nuevo cónyuge debe saber mantener una actitud amistosa, mediante la que pueda ir ganándose, poco a poco, la confianza de los niños con el objetivo de crear un nuevo vínculo. Hasta que pueda asumir más responsabilidades.

4. Crear nuevos espacios. En la medida de lo posible, crear nuevos espacios, tiempos y criterios para convivir. Elegir un nuevo entorno para vivir, siempre que esto sea factible, o reestructurar el existente, para crear un nuevo escenario y nuevo marco de convivencia con nuevos hábitos y nuevos espacios adecuados en lo posible a cada miembro. Establecer criterios para convivir, anticipándose con ello a futuras situaciones: fijar roles, funciones, listado de normas y reglas familiares, especialmente con respecto a la crianza de los hijos del nuevo cónyuge.

5. Fomentar una dinámica familiar de equipo. Los adultos deben facilitar el paso a esta nueva etapa de familia reconstituida, adoptando un punto de vista normalizado y positivo y evitando los roces y conflictos. El reto mantenido será ir creando el sentido de pertenencia a una nueva familia, integrando y buscando puntos de unión entre cada uno de los miembros, a través de actividades comunes, viajes, compartiendo confidencias…Haciendo que la relación entre familia biológica y reconstituida sea lo más fluida posible.

6. Si tenéis hijos en común, favorecer su relacion con los hijos que tu pareja aporta a la relación. Ayudar a construir relaciones entre hermanos.

Por MªD. Manzanera/Trabajo Social

INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA RUPTURA DE PAREJA

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y RUPTURA RELACIONAL

Hablando de:inteligencia emocional tras ruptura relacional

¿ES POSIBLE MANTENER UNA RELACIÓN DE EMPATÍA CON EL PADRE DE NUESTROS HIJOS TRAS LA RUPTURA?

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He hecho esta pregunta a mi abuela y, para obtener su respuesta tuve que explicarle qué significa “relación empática”. Aquella que está formada por un componente afectivo, basada principalmente en percibir y comprender los sentimientos de la otra persona. Tras escuchar de nuevo su historia de vida y sus luchas para sacar adelante a la familia, resume su respuesta en: “Hay que hacer lo que sea por las criaturas”.

También he preguntado lo mismo a mi madre y, cómo no, desde su amor incondicional me contesta: “Depende hija, a veces hay que cortar por lo sano si te ha hecho mucho daño”.

Me pregunto a mí misma lo mismo pero la respuesta no es inmediata, necesito analizar…. En todas partes escuchamos hablar sobre las soluciones, los beneficios y los pasos a seguir para mantener una relación civilizada con el padre de nuestros hijos tras la ruptura. 

¡No digo una buena relación, sólo decente! Y pienso que, con un poco de valentía se puede conseguir. Sí se puede, pero, tras marcharse, poco a poco, el dolor, el rencor y la amargura se puede ser o volver a ser amigos. 

De acuerdo, es justo reconocer que después de una ruptura, durante mucho tiempo, se viven situaciones que nos provocan los sentimientos arriba mencionados. Pero el tiempo pasa, los años pasan y se puede volver a ser “socios iguales” en esa tarea complicada de criar a los niños; niños que están al 100% enamorados de su padre. 

¡Cuidado! Lo de arriba funciona dependiendo de la madurez y el ritmo de “curación” de los implicados.   

El padre de nuestros hijos, una vez terminada la relación es, a la vez, nuestra expareja siendo eso el “ingrediente” que dificulta mantener una relación empática. En la mayoría de las rupturas ambos cónyuges están experimentando emociones negativas que necesitan ser “expulsadas” de alguna forma. Puede darse el caso que una de las partes tarde más en aceptar el cambio, que tenga más dificultad para encajar de forma adaptativa este acontecimiento y todo ello ralentiza el proceso de curación de las partes implicadas. 

Está claro que no se puede descartar la hipótesis de “no es necesario mantener una relación empática con el padre de mis hijos tras la ruptura”. Por qué no reconocer que se dan situaciones en las que, a pesar de los intentos de mantener una relación cordial, civilizada, desvincularse de la expareja ha resultado ser la alternativa más ventajosa para ambas partes. 

Pero, al final creo que, por mucho que nuestras prioridades han cambiado con el paso de los años, por mucho que los valores de la sociedad actual se han ido modificando, fusiono la respuesta de mi abuela con la de mi madre y concluyo que (siempre y cuando no se trata una ruptura provocada por una situación de riesgo para una de las partes o por los hijos), somos responsables y a la vez ejemplos a seguir para nuestros hijos. Con la ayuda y el asesoramiento correspondiente en situaciones de ruptura, cabe la posibilidad de llevar una relación empática. 

Y, más que posibilidad, es cuestión de elegir y/o decidir qué relación queremos llevar con el padre de nuestros hijos una vez acabada la relación.

Por Mihaela Raducea/Trabajadora Social

MEDIACIÓN E INTERÉS DEL MENOR EN RUPTURAS DE PAREJA

MEDIACIÓN Y PARENTALIDAD POSITIVA

Hablando de: interés del menor en ruptura de pareja

¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE MEDIACIÓN, INTERÉS DEL MENOR Y PARENTALIDAD POSITIVA? 

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En este tiempo que tanto se habla de custodia compartida, hasta el punto de convertirse en bandera de libertadores e insignia de “pogres”, es también tiempo de reflexionar sobre ese soberano principio del derecho de familia que es el “interés del menor”. Quizá está ola de avance es sólo un intento de fundamentar el ejercicio de la responsabilidad parental. En definitiva se trata de garantizar los derechos de los menores, niños o adolescentes, promoviendo su desarrollo y bienestar personal y social.

Acabamos de asistir, hace relativamente poco tiempo, en concreto en julio del año 2015, a la derogación legal de la facultad de corrección mantenida en el artículo 154 del Código Civil desde 1981 en que se eliminó el castigo de la redacción del artículo 155 del citado Código. Si bien es cierto que el precepto legal indicaba que la facultad de corrección debería de ejercerse “de forma moderada y razonable”, la evolución del mismo, no es más que la evolución del ejercicio de la patria potestad en interés del menor. Asistimos a la primacía del principio de responsabilidad parental frente a del la autoridad parental. No es sencillo el camino hacia la responsabilidad parental, por ello vamos a necesitar de apoyos, para conseguirlo. 

La  señala que “el ejercicio de la parentalidad positiva se refiere al comportamiento de los padres fundamentado en el interés superior del niño, que cuida, desarrolla sus capacidades, no es violento y ofrece reconocimiento y orientación que incluyen el establecimiento de límites que permitan, el pleno desarrollo del niño.

Según Mª José Rodrigo y Jesús Palacios (1998) los principios que favorecen cursos de desarrollo adecuado en los menores y fomentan su bienestar físico y mental son:

  • Vínculos afectivos cálidos, protectores y estables para que los menores se sientan aceptados y queridos.
  • Entorno estructurado, que proporciona modelo, guía y supervisión para que los menores aprendan las normas y valores.
  • Estimulación y apoyo al aprendizaje cotidiano y escolar para el fomento de la motivación y de sus capacidades.
  • Reconocimiento del valor de los hijos e hijas, mostrar interés por su mundo, validar sus experiencias, implicarse en sus preocupaciones, responder a sus necesidades.
  • Capacitación de los hijos e hijas, potenciando su percepción de que son agentes activos, competentes y capaces de cambiar las cosas e influir sobre los demás.
  • Educación sin violencia, excluyendo toda forma de castigo físico o psicológico degradante, por considerar que el castigo corporal constituye una violación del derecho del menor al respeto de su integridad física y de su dignidad humana.

En este punto, hemos de reconocer que, en nuestras vidas, nos encontramos frente a necesidades experimentadas como consecuencia de situaciones estresantes, y necesitamos apoyos para superar esas etapas de transición hacía una nueva configuración familiar. Entre esas necesidades aparece la de solucionar, tanto los conflictos del seno familiar como los surgidos como consecuencia de la ruptura de la pareja. Aparece aquí la mediación como conjunto de herramientas, técnicas y habilidades, que ayudan a las familias en un momento concreto y determinado de sus vidas.

¿Por qué la mediación familiar? Porque en mediación tratamos de que sean las propias familias las que solucionen las situaciones a las que se ven enfrentadas. Confiamos en sus capacidades, ellos son quienes mejor se conocen, y por ello, ellos son quienes pueden encontrar las soluciones más válidas, aunque en el momento en que se encuentran no lo crean. El sistema de comunicación familiar es fundamental y determinante para encontrar una solución a esas situaciones que se plantean. Aquí, el mediador como experto en comunicación con formación multidisciplinar, aparece como profesional válido para el apoyo en la resolución de las cuestiones que se planteen, generándose de este modo un sistema de parentalidad positiva. 

Y así, buscando el nexo de unión entre parentalidad positiva y mediación, llegamos a la Recomendación R (98) de 21 de enero de 1998 del Comité de Ministros del Consejo de Europa a los Estados Miembros sobre mediación familiar, para que se instituya, promueva y refuerce la mediación familiar. Y, en las base de esa recomendación, en concreto en el punto 6, encontramos una remisión a la Convención Europea sobre el Ejercicio de los Derechos del Niño, y en particular a su artículo 13, que se ocupa de la prestación de la mediación u otros procesos para resolver litigios que afecten a los niños. De toda esta exposición se extrae, rápidamente, una conclusión lógica, si la Convención de los Derechos nos dice que, en los procesos que les afecten hemos de buscar la resolución de los mismos a través de otros procesos, y todo ello tomando como base el principio del interés del menor, y este principio sustenta la denominada “parentalidad positiva”, la mediación se presta como herramienta idónea en aquellos conflictos que afecten a los menores.

Finalizamos invitando a los lectores a profundizar en este tema, y recomendando la lectura de la Guía de Buenas Prácticas en Parentalidad Positiva Un recurso para apoyar la práctica profesional con familias año 2015, publicada por la Editorial: Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) en coordinación con la Subdirección de Asuntos Sociales Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad Dirección General de Servicios para la Familia y la Infancia. En “CONTIGO” también pensamos que el trabajo en ruptura de pareja cuando existen menores debe estar presidido por el principio de interés del menor, y creemos que las últimas reformas demandan recursos multidisciplinares que garanticen el tan referido principio y construyan una “parentalidad positiva”.

COMO SOCIEDAD AVANZADA QUE SOMOS, AVANCEMOS

Por Ángel Avilés/ mediador

LA VIVIENDA FAMILIAR, ES PROPIEDAD DE MIS PADRES

NUESTRO HOGAR: LA CASA DE MIS PADRES

Hablando de: divorcio legal y vivienda

¿QUÉ PASA SI NOS DIVORCIAMOS Y VIVIMOS EN UNA CASA PROPIEDAD DE MIS PADRES?

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Los inicios de la convivencia en pareja suelen ser complicados, al menos desde el punto de vista material, sobre todo si se tiene en perspectiva tener descendencia. Lo del “contigo, pan y cebolla” es más complicado cuando hay menores de por medio.

A ello se le une el problema de la elevada tasa de paro juvenil que padecemos en España, la dificultad de acceso a una vivienda en propiedad (a cuya adquisición hay que destinar el sueldo de muchos años) y, aunque existe la opción de un arrendamiento, en el momento de redactar estas líneas se está avisando de que ese mercado se ha recalentado y los expertos avisan de una nueva “burbuja de los alquileres”.

Estando así las cosas no es de extrañar que las estadísticas revelen que la edad de las mujeres primíparas se haya retrasado notablemente, puesto que no se alcanza cierta estabilidad económica y laboral hasta pasados los 40 años de edad y, a veces, ni con esas.

Es por todo ello que no resulta extraño que en ocasiones sean los padres de uno u otro cónyuge los que aporten su granito de arena permitiendo que los dos tórtolos instalen su primer nido en una vivienda propiedad de aquéllos, sin tener que pagar renta alguna, con la sola obligación de conservarla y pagar los suministros (a veces, ni eso).

El problema surge cuando se rompe la relación de convivencia.

Pues bien, este tipo de cuestiones llegaron en su día al Tribunal Supremo quien, como máximo intérprete de la Ley, ha insistido en la necesidad de analizar cada caso concreto para definir si ha existido o no un contrato entre las partes, y particularmente un contrato de comodato, caracterizado por la cesión gratuita de la cosa por un tiempo determinado o para un uso concreto. En tal caso, se deberán aplicar las normas que regulan este negocio jurídico. 

Sin embargo, en el supuesto de que no resulte acreditada la existencia de esta relación jurídica, se debe concluir que estamos ante una figura que se llama técnicamente “precario”, lo que conlleva a que el propietario o titular del inmueble pueda, en cualquier momento, reclamar su posesión. En este último caso, y frente a la posible reclamación de su propietario, no podrá oponerse la atribución del uso de la vivienda que haya sido establecido en el ámbito de un procedimiento de familia. 

En definitiva, en estos casos la atribución del uso de la vivienda por sentencia dictada en un procedimiento de familia no puede constituir un título jurídico hábil para justificar la posesión frente a los dueños de la vivienda, ni permite reconocer al beneficiario una posición jurídica o una protección posesoria superior a la del precario.

La conclusión de todo este razonamiento se encuentra en una Sentencia de 18 marzo 2011 (EDJ 2011/30412), que fijó como doctrina jurisprudencial la siguiente:»La situación de quien ocupa una vivienda cedida sin contraprestación y sin fijación de plazo por su titular para ser utilizada por el cesionario y su familia como domicilio conyugal o familiar es la propia de un precarista, una vez rota la convivencia, con independencia de que le hubiera sido atribuido el derecho de uso y disfrute de la vivienda, como vivienda familiar, por resolución judicial».

Y es que, razona el Alto Tribunal “ello entrañaría subvenir necesidades familiares -muy dignas de protección- con cargo a extraños al vínculo matrimonial y titulares de un derecho que posibilita el ceder el uso de la vivienda».

Por José Ramón Sáez/abogado