NUEVO COMIENZO TRAS EL DIVORCIO ¿QUE PUEDO HACER SI MIS HIJOS NO ACEPTAN A MI NUEVA PAREJA?

REACCIONES NEGATIVAS DE LOS HIJOS, ANTE LA NUEVA PAREJA DEL PADRE/MADRE

Hablando de: nueva familia tras el divorcio 

 Mis hijos no aceptar a mi nueva pareja ¿qué puedo hacer?

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Tras la ruptura de pareja, es muy frecuente que los hijos mantengan la esperanza de que el divorcio de sus padres no sea definitivo y que sus padres retomen la relación y vuelvan a estar juntos. Acercamientos entre progenitores y conductas de colaboración, pueden alimentar esta fantasía de reconciliación.

Si además, aparece una nueva pareja, ésta puede ser percibida por el niño como un obstáculo a la reconciliación de sus padres. Este es el escenario que está de fondo en muchos enfrentamientos entre hijos y nuevas parejas, porque los menores se sienten en la obligación de hacer lo posible para que el progenitor o la progenitora rompan la nueva relación, contribuyendo, de esta forma, a que sus padres se acerquen y vuelvan a convivir juntos.

Una buena comunicación entre padres e hijos siempre es deseable, pero esto no quiere decir que haya que pedir “autorización” a nuestro hijo, para iniciar una nueva relación de pareja. De la misma forma que un progenitor no consulta a su hijo sobre si ampliar la hipoteca de la vivienda o no, o si es conveniente aceptar un nuevo trabajo, hay cuestiones sobre las que no hay que consultar a los hijos. Una de ellas es el establecimiento de una nueva relación de pareja, simplemente, porque esta decisión no les corresponde.

Muchos padres piden opinión a los hijos sobre el hecho de iniciar una nueva relación sentimental, o qué les parece una persona concreta como “novio de mamá” o “novia de papa”. Cuando esto ocurre, los menores interiorizan que su parecer, en esta cuestión, es importante, dándoles protagonismo y capacidad de decisión. Y si ahora añadimos su fantasía de reconciliación, ya tenemos el rechazo servido. Parece obvio que el menor hará todo lo posible por rechazar a la nueva pareja, con el fin de dejar libre el camino a la reconciliación de sus padres.

En otras ocasiones, los hijos pueden sentir y percibir que el progenitor o la progenitora que inicia una nueva relación, dejará de darles el afecto que venían recibiendo, convencidos de que prestarán más atención a la nueva pareja. En este sentido, es importante explicar al menor, el papel que cada uno juega en el nuevo organigrama familiar, y darle seguridad afectiva al menor.

En el mismo sentido, es necesario dejar muy claro a los hijos que la nueva pareja nunca va a sustituir ni al padre, ni a la madre, y que su aceptación, no supone dejar de querer o querer menos al otro progenitor.

En todos los casos, es importante mantener un diálogo fluido con nuestros hijos, ofrecerles seguridad y respetar sus tiempos de adaptación al nuevo contexto familiar.

Por Begoña García/Psicóloga forense

SEPARARSE O NO ANTE LA VIOLENCIA

EPISODIOS DE MALTRATO: SEPARACIÓN O DIVORCIO

Hablando de: familia en crisis  

¿SEPARARSE O NO ANTE LA VIOLENCIA?

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Caso 1. Jaime es el marido de Sonia. Llevan 11 años casados y debido a que él perdió su trabajo por un reajuste en su empresa. Ambos decidieron que podía desarrollar un buen papel a nivel doméstico atendido el hogar y apoyando la crianza de los hijos. Esto le permitió a Sonia seguir con su carrera profesional e implicarse plenamente en su trabajo. Los 3 últimos años, ella ha asumido un rol de mujer empresaria de éxito, exigente con ella y su entorno y ha desvalorizado a Jaime. Le transmite mensajes como “no vales para nada, no sabes salir adelante, eres poco para mí, me avergüenza llevarte a una cena, eres una nenaza doméstica….” estos y otros insultos fueron mermando en las capacidades y autoestima de Jaime y cuando se enfrentaban se producían peleas con alta agresividad verbal. Sonia estaba tan empoderada que incluso llegó a empujarle y golpearle en señal de desprecio.

Caso 2. Aurelia y Paco son un matrimonio normal, ambos trabajan y tienen una vida relajada. Cuando Aurelia se queda embarazada de mellizos, deciden que va a solicitar una excedencia de larga duración para atender a los hijos durante los primeros años de vida. El cambio de estilo de vida empezó a hacer mella cuando los hijos cumplen dos años y Paco está dedicado a su trabajo y eventos sociolaborales casi todo el día y Aurelia le reprocha su distanciamiento. Paco quiere a sus hijos pero se ha distanciado de su mujer y los reproches terminan fomentando peleas verbales. Cuando él tiene cenas con amigos o de empresa suele llegar en estado de embriaguez, hecho que provoca que incluso haya llegado a agredirla físicamente para que no le increpe.

Jaime, protagonista de nuestro primer caso y Aurelia, protagonista de nuestro segundo caso están viviendo una vida que no eligieron, mantienen una situación muy distinta a la que planearon cuando decidieron unir sus vidas al proyecto de familia con el que un día soñaron. Ambos se encuentran en situaciones de desventaja económica, social y material respecto a sus parejas ya que son el “elemento pasivo” de la relación. Ellos producen en bienes intangibles puesto que están dedicados al cuidado del hogar, tareas domésticas, crianza y educación de los hijos etc… y la otra parte de la pareja en vez de aprobar y valorar este rol que asumieron en pro de la familia mantiene una actitud proactiva hacia el rechazo y la violencia.

Hoy día no es extraño encontrar numerosos casos en los que no ya la mujer sino también el hombre son objeto de estas conductas, de violencia. El separarse o divorciarse, que suena como una solución fácil y coherente muchas veces no es la solución puesto que en muchos casos se encuentran en grave desventaja material y personal para seguir adelante.

No obstante, hay factores como el miedo, la inquietud, la preocupación por el futuro, los sentimientos, las pérdidas que se presentan…factores como el aislamiento socio-familiar y de los amigos, la necesidad de equilibrio y cordura y muchos otros factores que hacen que las personas decidan alargar esta vivencia. Todo conlleva un bloqueo emocional que unido a la desinformación hacen que la persona asuma una larga época de crisis personal.

¿separarse o no ante la violencia? Esta es una cuestión peliaguda. Si se analiza desde el exterior es bastante evidente que la violencia es un acto vil que nadie debe aceptar ni soportar. Por lo tanto lo más sensato suele ser que se “aconseje” alejarse cuanto antes del acosador/a. Cuando el análisis se realiza desde dentro, es decir lo realizan los propios implicados – víctima y acosador/a- cambian multitud de parámetros.

Algunos de ellos son:

– No deseo aguantar esta situación, pero si me separo me quedo sin nada.
– El poder económico/material reside en mi acosador/a y sin ellos yo no soy nada.
– No soporto sus actos pero en el fondo no puedo vivir sin él/ella.
– Prefiero callar esta situación antes de que sepan los amigos y familiares lo que están pasando.
– Si me separo, que voy a hacer?

Realmente muchas de estas últimas sensaciones se resuelven cuando se tiene la oportunidad de realizar un trabajo de desarrollo personal estando acompañado por un equipo profesional que asesore en materia legal, que informe sobre los derechos y deberes, que ayude a manejar las emociones y necesidades personales, que trabaje la autoestima, que oriente sociolaboralmente y que apoye en un proceso de nuevo renacimiento.

Somos conscientes de que por sí solos tenemos muchos elementos adversos que unidos a la dificultad de la separación suponen un handicap, pero por encima de todo, queridos lectores, os animo a no mantener vuestro estatus si estáis siendo objeto de violencia, sea cual sea esta y en la forma que se manifieste. Cada persona tiene la oportunidad de ser libre y feliz y la violencia ejercida por otros solo merma a la persona y a sus posibilidades. Os animo a buscar apoyo en profesionales que puedan apoyar vuestra salida del círculo que genera la violencia.

Por Eugenia Varea/trabajadora social

DE UNA CASA A DOS CASAS Y EN MEDIO EL COLEGIO

DE UNA CASA A DOS CASAS Y EL COLEGIO EN MEDIO

Hablando de: Arraigo social en el divorcio

¿Qué función desempeña el colegio cuando los padres de un alumno se divorcian?

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El aumento cada vez más notorio de divorcios, separaciones o rupturas familiares en España, plantea un problema a la comunidad educativa tanto a profesores/educadores en los Centros Educativos, como a personas implicadas en la calidad de la enseñanza.

Si a las familias extensas es conveniente orientar en la neutralidad y pautas de crianza positivas en beneficio de los niños para la adaptación a la nueva situación familiar, más imprescindible se hace dotar de habilidades a los docentes para su interacción con los padres en su intervención educativa preparándolos así para afrontar cualquier situación en el aula en beneficio de su alumnado. Adquiriendo conciencia que el Centro Escolar es un ámbito de ARRAIGO SOCIAL que proporciona SEGURIDAD y TRANQUILIDAD a los niños ante el mundo cambiante de su entorno familiar.

A fecha actual en los Centros Educativos españoles existe un protocolo de actuación para padres en situación de separación/divorcio que tengan la patria potestad o guarda y custodia compartida. ¿dota de habilidades a los docentes? ¿soluciona la problemática que se vive en el centro? ¿da respuesta a las necesidades de los menores?

https://www.google.es/search?num=50&ei=SGylWq_WB4WBU6GAl_gK&q=protocolo+escolar+padres+separados+o+divorciados+pdf+murcia&oq=protocolo+escolar+padres+separados+o+divorciados+pdf+murcia&gs_l=psy-ab.3…34900.36780.0.37441.7.7.0.0.0.0.218.900.0j5j1.6.0….0…1c.1.64.psy-ab..1.5.783…33i160k1.0.0gOLsbs64kM

¿CUÁL ES LA REALIDAD?

Educadores y profesores por la relación tan estrecha y significativa que mantienen con los niños/as, son los que más cerca están para percibir el impacto que produce una ruptura familiar, ya sea por separación o por divorcio. Además, en numerosas ocasiones debido al contacto con ambos progenitores también se ven mezclados en la lucha por cuestiones de custodia y conflictos de los mismos en los tribunales. En muchas ocasiones se ven obligados a gestionar conflictos de la vida diaria de sus alumnos (tareas sin hacer durante visitas intersemanal por olvido de cuadernos o libros, babys, ropa deportiva, diferencias con referencia a su implicación en las tareas escolares de los menores, desacuerdos de hábitos comunes de horarios de tareas y estudio, administración de medicamentos, acusaciones al otro progenitor de su desatención hacia su hijo, etc.) en los que éstos se ven involucrados como consecuencia de las actuaciones de sus padres, sin ser ésta una de sus funciones como educadores y sin disponer de las herramientas o habilidades que serían necesarias para ello.

Muchos niños, hijos de padres separados o divorciados, no se atreven en su ámbito familiar a expresar sus sentimientos tras la ruptura matrimonial o de pareja, por lo que encuentran en el medio escolar el lugar idóneo para descargar ansiedades, miedos, sufrimiento… explicando a su tutor o a algunos compañeros, a quienes considera amigos y confidentes, todas estas emociones, sintiendo con ello bastante alivio y recibiendo así mismo el apoyo emocional que necesita para compensar en parte las carencias, de orden afectivo, que puede llegar a sentir, desde su perspectiva infantil, en una u otra casa.

La comunicación entre padre/madre y profesores, no resulta fácil cuando estos detectan en el colegio: cambios de comportamientos, disminución de rendimiento académico, problemas de atención, muestras de agresividad entre sus iguales, olvidos constantes de material, deberes inacabados, bajo nivel de participación en el aula, faltas a clase o retrasos constantes, dificultad para obedecer instrucciones, etc. Cambios que se observan en los niños a raíz del divorcio, separación o ruptura familiar. Situaciones ante las cuales el profesorado no se siente preparado para afrontar por las dificultades y obstáculos en la interacción y comunicación con los padres, por la falta de información de propuestas para vencer dichas dificultades para establecer una comunicación neutral, objetiva e imparcial que ayude al niño a adaptarse a la ruptura familiar debido también a que hay progenitores que solicitan al colegio cosas que no proceden.

No siempre la nueva situación familiar se comunica al centro escolar dificultando poder brindarle al menor el apoyo que este necesita en estos momentos. Otros padres/madres por el contrario, cuando la familia tiene situaciones de crisis derivando en una separación/o divorcio, tiende a utilizar el colegio para compartir sus problemas, quejas y depositan en los profesores/educadores una considerable responsabilidad que puede exceder su capacidad para responder a la carga emocional que generan las situaciones familiares en crisis.

En otras ocasiones hablan con los profesores de los niños para explicarles su versión de los hechos, esperando reclutarles como aliados para vencer en su batalla legal contra el otro progenitor a través de Informes detallado, o bien consiguiendo pruebas periciales o testificales a favor de uno o de otro.

Los profesores suelen también tener dudas del rol que deben ejercer ante las familias en situación de separación/o divorcio y no todos los profesores se sienten preparados para enfrentar la intensidad emocional que se genera en los encuentros con los padres que están vivenciando dicha crisis. Considerando que no es su cometido intervenir, pues su objetivo principal es la enseñanza-aprendizaje; propiciando y facilitando al niño un desarrollo físico, social, intelectual, emocional y académico en el niño.Y su función acompañar a los padres en la educación de sus hijos, cuando estos están separados o divorciados, la tarea sigue siendo la misma; tan solo cambia la forma.

CONTIGO familias libres cuenta con un equipo multidisciplinar para dotar a la comunidad educativa de habilidades para detectar comportamientos relacionadas con posibles dificultades de adaptación al divorcio y adquiera herramientas de comunicación para una interacción imparcial y neutral con los padres en situación de ruptura.

Por MªDolores Manzanera/trabajadora social 

MEDIACIÓN VS TERAPIA

MEDIACIÓN Y TERAPIA EN EL DIVORCIO

Hablando de: mediación

 MEDIACIÓN VS TERAPIA FAMILIAR

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No cabe duda de que la mediación tiene un efecto terapéutico. Pero, ¿es la mediación una terapia? ¿Tiene la mediación el mismo objetivo que la terapia? ¿Da igual ir a terapia que a mediación? ¿Cuándo elijo una u otra?

Es conveniente reflexionar brevemente en torno a unas pocas ideas básicas que nos ayuden,como profesionales, a situar tanto a quienes acuden a nosotros buscando una u otra, como a nosotros mismos como profesionales respecto de las necesidades reales de quien viene a nosotros buscando una solución a su conflicto. Así:

  • Cuando hablamos de terapia, hablamos de tratamiento mientras que cuando hablamos de mediación, hablamos de proceso extrajudicial de resolución de conflictos.

 

  • El terapeuta es aquella persona que aplica un tratamiento para combatir una enfermedad o alteración física o mental mientras que el mediadores quien ayuda en la gestión de un conflicto a través de técnicas de comunicación.

 

  • Conscientes de que en algunos casos puede existir una línea demasiado fina entre ellas, otro aspecto importante para distinguir terapia de mediación es su duración. La terapia es de duración medio-larga y la mediación es de duración corta. Esto no impide que en mediación llevemos a cabo seguimiento de los acuerdos obtenidos.O incluso que se vuelva a mediación para retomar o perfilar un acuerdo anterior.

 

  • Otro aspecto importante que genera confusión es el relacionado con la mejora que sufre la relación familiar. En el caso de la terapia, esta mejora es un objetivo principal, central.Sin embargo, en mediación es secundario. Lógicamente la resolución de un conflicto podría implicar una mejora de la relación. Pero esta mejora no es el objetivo del proceso de mediación pues podríamos llegar a acuerdos basados en nuestros intereses y no avanzar en nuestra relación.

Aunque en mediación se trabaja una vez tomada la decisión de separarse o divorciarse, lo cierto es que cuando las parejas llegan a la sesión informativa no siempre esta decisión está tomada. Nos vamos a encontrar con dos personas “circulando” en sus vidas a velocidades diferentes, una de ellas no sólo con la decisión de divorciarse tomada, sino también con todo el proceso de duelo elaborado. Y otra, casi, con primera noticia que tiene de un posible divorcio y, por lo tanto, se encuentra en pleno proceso de duelo y necesitada de una intervención terapéutica. En estos casos, como mediador, me gusta hablarles de “las dos velocidades del divorcio”. Nos encontramos con supuestos en los que es necesario conjugar terapia y mediación en el ámbito familiar de ruptura de pareja.

Quien acude con su proceso elaborado, quiere una solución ya. Es más, seguro que vendrá con una batería de soluciones que le parecen magníficas. Y seguro que, para él o para ella, lo son, ya que las habrá meditado y repasado muchas veces. Pero para la otra persona no necesariamente es así. No es que no lo sean por lo que la propuesta en si conlleva, es que la otra parte está en otro momento, y hasta que no “recorra” su camino y llegué al punto donde se encuentra el otro no podrá verlas. El choque de “las dos velocidades” produce cuanto menos un bloqueo momentáneo. Para salir de este bucle será necesario en muchos casos un trabajo terapéutico, que suponga, en definitiva, un apoyo o ayude, que nos pueda llevar a la situación de equilibrio deseada en mediación.

También me encuentro con casos que llegan con conflictos muy enquistados, personas emocionalmente dañadas, y en un estado de bloqueo. El tiempo que llevan viviendo estas situaciones estresantes y complicadas suele ser determinante. Este bloqueo, provocado muchas veces porque la dinámica familiar y los roles que están ocupando, impide que, ellos mismos, encuentren recursos o habilidades que les permitan adaptarse a la nueva situación familiar.

Esta reflexión no estaría completa sin una referencia a la denominada “mediación terapéutica”. Encontramos, junto a la terapia y la mediación modelos de intervención que trabajan con ambas. Así hablamos de intervenciones intensivas, en las que se emplean técnicas de resolución de conflictos típicas de mediación, y a las que se incorpora una perspectiva terapéutica. El modelo desarrollado por Saposnek se caracteriza por intervenciones intensivas con un objetivo terapéutico, pudiendo así ayudar a resolver las dificultades que impiden la nueva restructuración familiar. Planteamiento distinto al de esta reflexión que pretende, por un lado, distinguir una de otra, y por otro, plantear la necesidad y beneficios de combinar ambas, pero de manera diferenciada. Quizá la denominada “mediación terapéutica” tenga un espacio en la fase de implementación de los acuerdos, pero en “las dos velocidades del divorcio” precisamos dos intervenciones claras, la mediadora y la terapéutica, diferenciadas, llevadas a cabo por distintos profesionales.

Ante esa situaciones, “CONTIGO familias libres” ofrece un trabajo multidisciplinar donde tienen cabida los recursos que van a permitir a la familia adaptarse a esa nueva situación. Partimos de que la nueva situación no es, ni buena ni mala, sólo diferente. Generar acuerdos válidos en mediación, puede necesitar una fase “terapéutica” de interiorización de estos cambios. Y como conclusión final, que debemos ser cautos cuando coinciden mediación y terapia, evitando que se puedan generar, no sólo confusiones profesionales sino también expectativas irreales, para aquellos que acuden a mediación, como podría ser la reconciliación.

COMO SOCIEDAD AVANZADA QUE SOMOS, AVANCEMOS

Por Ángel Avilés/ mediador